“Ese punto en el mapa”

Tal y como escribió en 1965 Charlotte Delbo: “Se sabe que ese punto del mapa es Auschwitz.  Se sabe eso. Y se cree saber el resto”.

Es difícil tomar la decisión de ir a ver una exposición así. Es como decidir meterse astillas entre las uñas. Como ahogarse, durante unas horas, con arena. Sabes que lo vas a pasar mal. Sabes que no te vas a quedar igual. Y eso es lo bueno. Ojalá sea así. La exposición es “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos”.

 Una de las fotos del “Álbum de Auschwitz” de Hoffmann y Walter, único archivo fotográfico de las llegadas en tren al lugar en mayo de 1944 y fotos encontradas por Lilly Jakob-Zeimanovic.
Una de las fotos del “Álbum de Auschwitz” de Hoffmann y Walter, único archivo fotográfico de las llegadas en tren al lugar en mayo de 1944 y fotos encontradas por Lilly Jakob-Zeimanovic.

Parece que queda poco que añadir cuando, como casi todos los que leen esto, se han visto decenas de películas y leídos numerosos libros sobre el exterminio nazi en el campo de Auschwitz. Y más aún, cuando, como es mi caso, se ha tenido la suerte de haber estado en Polonia conviviendo con polacos y de haber paseado por el Gueto judío de Cracovia. Y cuando se ha podido visitar Israel (no en peregrinación, sino visitando el país y documentando algunos de sus realidades más duras como la de los beduinos abandonados en tierra de nadie) o cuando ya se ha tenido la oportunidad de haber visitado el escalofriante  Yad Vashem de Jerusalén.

Exposición Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos. Foto. Marta Isabel González
Exposición “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos”. Foto. Marta Isabel González

Pero después de visitar (por fin) esta muestra que recoge más de 600 objetos originales del campo de refugiados y de haber podido experimentar con la imprescindible audioguía, momentos indescriptibles de dolor y de respeto y admiración, no puedo dejar de dedicar estas breves líneas porque la considero imprescindible. Y quizá así, si es posible, lograr animar, a quien me lea, a que venza esa pereza que da el tema, ese miedo a sufrir, esa desafección a recordar el sufrimiento ajeno, esa falta de ganas de estar tres horas aproximadamente con uno mismo y enfrentándose a los relatos de la historia reciente y vergonzosa de la humanidad mientras  recorre con pesadumbre, vergüenza, asombro, pavor y tristeza, las enormes salas del  Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid.

Dibujo anónimo de una de las personas que estuvo en Auschwitz, encontrado dentro de una botella. Foto Marta Isabel González
Dibujo anónimo de una de las personas que estuvo en Auschwitz, encontrado dentro de una botella. Foto Marta Isabel González

Diez cosas que no me gustaría olvidar de esta experiencia, y que quizá ya oí alguna vez, pero hoy rememoro gracias a la exposición, son:

  • Que allí en Auschwitz sólo pasó tiempo el 30% de las personas que allí llegaron (el 18% si eran judíos) ya que el resto, entre el 70% y el 82% era directamente llevado a asesinar a las cámaras de gas nada más llegar, empezando por los ancianos, enfermos y por supuesto, los niños.
  • Que los nazis se jactaban como un gran “logro” que en Auschwitz las cámaras de gas eran tan grandes que podían ejecutar a 2.000 personas cada vez, a diferencia del de Treblinka donde “sólo” entraban 200 personas. Pero que además era estupendo que en Auschwitz nadie sabía que iba a morir porque se les decía que se les iba a desparasitar.
El absurdo, convertido en ley. Cartel explicativo de los matrimonios permitidos y prohibidos en virtud de las Leyes de Nüremberg (1935). Foto Marta Isabel González
El absurdo, convertido en ley. Cartel explicativo de los matrimonios permitidos y prohibidos en virtud de las Leyes de Nüremberg (1935). Foto Marta Isabel González
  • Que las personas que formaron los Sonderkommando (comandos especiales que se encargaban de gasear y luego quemar los cuerpos, no sin antes arrancarles los dientes de oro) nunca superaron ni superarán lo que hicieron pero, de algún modo les debemos el hecho de conocer la verdad de ese monstruoso lugar. Y que entre los miembros de ese Sonderkommando había un rabino que se encargaba sólo de quemar a niños y bebés. Y que antes de hacerlo rezaba sobre cada uno una oración fúnebre judía o kadsh.
  • Que la valentía de dos personas y el llamado Informe Vrba- Wetzle (conocidos también como Los protocolos de Auschwitz) que contaba lo que ocurría allí, salvaron a unas 100.000 personas. Y la valentía del español Angel Sanz-Briz, a 5.000 judíos.

    Este español, Ángel Sanz-Briz, salvó a 5.000 judíos desde su puesto diplomático de Budapest.
    Este español, Ángel Sanz-Briz, salvó a 5.000 judíos desde su puesto diplomático de Budapest.
  • Que en esos vagones pequeñitos de esa época metían a unas 150 personas como animales y les daban un cubo para beber agua y otro para hacer sus necesidades.
  • Que el primer año allí no había literas y dormían en el suelo. Y que luego en cada barracón había trilíteras de madera para alojar a cuantos más mejor con un cubo como letrina y sin aislamiento ante el frío.
Vagón real a la entrada de la exposición "Asuchwitz. No hace mucho. No muy lejos". Foto Marta Isabel González
Vagón real a la entrada de la exposición “Asuchwitz. No hace mucho. No muy lejos”. Foto Marta Isabel González
  • Que la dieta cada día y en los mejores momentos no superaba 500 Kc a base de café ralo con achicoria, y litro de sopa de nabo y verduras (muchas veces podridas) y 35 gr de pan.
  • “Todo el mundo te odia…” decía un anónimo enviado a un comerciante judío al que los nazis le quitaron todo, que sobrevivió a Auschwitz, pero al que le llegaban este tipo de mensajes para quejarse de él porque recibía alguna ayuda económica tiempo después.
Con juegos como estos titulados "Judio! fuera de la ciudad" los nazis sembraron su odio en los más pequeños. Foto Marta Isabel González
Con juegos como estos titulados “Judio! fuera de la ciudad” los nazis sembraron su odio en los más pequeños. Foto Marta Isabel González
  • Que los mensajes y enseñanzas que los supervivientes nos proponen son muy simples y muy difíciles a la vez: elegir el amor en vez del odio, respetar a todas las personas sean cuales sean sus creencias religiosas, sus ideas políticas, el color de su piel, la sangre que corre por sus venas, buscar la paz, hacer algo por los demás, cooperar, buscar el bien.
  • Y que, gracias a las fotos del conocido como “Álbum de Auschwitz” de Hoffmann y Walter, único archivo fotográfico de las llegadas en tren al lugar en mayo de 1944 y fotos encontradas por Lilly Jakob-Zelmanovic, hoy podemos sumergirnos en esas miradas de miles de personas que llegaban a un lugar pero que no sabían exactamente dónde estaban. Y estaban en ese punto del mapa del que habla Delbo.

Ese punto en el mapa
esa mancha negra en el centro de Europa
esa mancha roja
esa mancha de fuego
esa mancha de hollín
esa mancha de sangre esa
mancha de cenizas para millones
un lugar sin nombre.

De todos los países de Europa
de todos los puntos del  horizonte
convergían los trenes hacia lo innombrado
cargados de millones de seres
que eran descargados allí
y no sabían dónde estaban
eran descargados con su vida
con sus recuerdos
con sus pequeños dolores
y su gran asombro
con su mirada que preguntaba
y no veía sino fuego,
que ardieron allí sin saber dónde estaban.

Hoy se sabe
Desde hace algunos años se sabe
Se sabe que ese punto del mapa es Auschwitz
Se sabe eso
Y se cree saber el resto”. 

Charlotte Delbo,
Auschwitz y después II.Un conocimiento inútil,
Turpial, Madrid 2004

 

Hacer bien el BIEN: comunicación veraz para un desarrollo compartido

El 24 de octubre y con motivo del Día Mundial de la Información Sobre el Desarrollo, Manos Unidas, desde su Delegación de Cuenca, organizó una Mesa Redonda en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este evento, en el que participaron un centenar de alumnos, se tituló “Hacer bien el BIEN: comunicación veraz para un desarrollo compartido” y estuvo coordinada por Marta Isabel González, Doctora en Periodismo y miembro del Departamento de Comunicación en los Servicios Centrales de Manos Unidas, que planteó los objetivos generales del encuentro y quiso acompañarse de compañeros periodistas de medios de comunicación y otros compañeros del mundo de la universidad, que desde sus diferentes puntos de vista, trataron la cuestión de cómo la comunicación y el periodismo, tanto desde los medios como desde los departamentos de comunicación de las ONG, pueden ayudar a construir un mundo mejor al transmitir e informar sobre la realidad de empobrecimiento y desigualdad que sufren, aún hoy, millones de personas en el mundo.

Mesa Redonda con motivo del Día Mundial de la Información Sobre el Desarrollo
Mesa Redonda con motivo del Día Mundial de la Información Sobre el Desarrollo

Desde la Universidad, Maria José Ufarte, profesora de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla-La Mancha, hizo un recorrido por el último viaje con medios de comunicación que Manos Unidas llevó a cabo en Benín el año pasado, destacando los aspectos prácticos que dichos viajes tienen. Por su parte, Emilio José Gómez, profesor de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Castilla-La Mancha y que es además Responsable del Área de Derechos Humanos de Justicia y Paz, centró su intervención en la cuestión del “Bien” entendido desde todas sus facetas y animando a la implicación de los jóvenes.

Irene Díaz, Marcelo Ortega, Encanacion Pérez, Delegaca de Manos Unidas en Cuenca y Marta Isabel González a la entrada de la Facultad de Periodismo
Irene Díaz, Marcelo Ortega, Encanacion Pérez, Delegaca de Manos Unidas en Cuenca y Marta Isabel González a la entrada de la Facultad de Periodismo

Desde los medios de comunicación, se contó con la participación de Irene Díaz, cofundadora junto a Santiago Barnuevo, del espacio de RNE-R5 “Cinco minutos para la cooperación” y actual editora de informativos en RNE-Toledo, que contó su experiencia en ese programa y compartió algunos ejemplos de ese programa. Y por su parte Marcelo Ortega, redactor del periódico La Tribuna de Albacete, contó su experiencia profesional y personal durante su viaje a Burundi en el viaje de medios de comunicación que Manos Unidas organizó hace cuatro años.

Un aspecto de la sala y la asistencia a la Mesa Redonda organizada por Manos Unidas Cuenca
Un aspecto de la sala y la asistencia a la Mesa Redonda organizada por Manos Unidas Cuenca

El rector de la universidad Miguel Ángel Collado y, la vicerrectora María Ángeles Zurilla, hicieron acto de presencia durante la mesa redonda resaltando el interés e importancia que eventos así tienen para los futuros profesionales del periodismo y la comunicación.

El rector de la universidad Miguel Ángel Collado y, la vicerrectora María Ángeles Zurilla. En el medio Encarnación Pérez, delegada de Manos Unidas en Cuenca
El rector de la universidad Miguel Ángel Collado y, la vicerrectora María Ángeles Zurilla. En el medio Encarnación Pérez, delegada de Manos Unidas en Cuenca

Por último, y de manera espontánea, participó en la mesa redonda el misionero diocesano Joaquín Briones, formado en el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) y que ha pasado sus últimos 24 años en Togo y que contó su experiencia allí, para alegría de los alumnos participantes que también aprovecharon para entrevistarle.

El misionero diocesano Joaquín Briones, formado en el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) y que ha pasado sus últimos 24 años en Togo
El misionero diocesano Joaquín Briones, formado en el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) y que ha pasado sus últimos 24 años en Togo

Migraciones climáticas: huir o morir

El cambio climático en un fenómeno global cada vez más grave porque afecta a los propios medios de subsistencia. Según datos de ONU, se estima que, dentro de apenas treinta años, las pérdidas en cosechas de cereal pueden llegar al 20 % y que la desnutrición puede aumentar otro 20 % en el África subsahariana. En 2050 podría haber cerca de mil millones de personas desplazadas por esta causa.

La población está huyendo ante esta realidad. Aunque la mayor parte de las personas emigra a causa de la pobreza, la violencia y los conflictos, a estas razones se suman los desastres naturales y otros efectos adversos del cambio climático. El Consejo Noruego para Refugiados señaló que ya en 2016 hubo 24 millones de refugiados climáticos.

Afortunadamente, también crece la conciencia de que aún es posible hacer algo si existe voluntad. El problema está cada vez más delimitado: el cambio climático es, principalmente, una consecuencia de las emisiones de carbono a la atmósfera provocadas por modelos de consumo y producción insostenibles y cuyas consecuencias sufren, sobre todo, las personas más pobres. Así, en países de alto riesgo, las poblaciones podrían sobrevivir mejor a este fenómeno si se aplicaran los convenientes mecanismos de mitigación. Del mismo modo, los gobiernos podrían apoyar más y mejor a las poblaciones tras los desastres naturales de forma que las personas pudieran reconstruir sus medios de vida sin necesidad de migrar. Sin embargo, esto no sucede en la mayoría de los casos. En muchos países africanos, la inestabilidad política, la mala gobernanza y la falta de recursos impiden que se pongan en funcionamiento los mecanismos de prevención y adaptación al cambio climático.

En este marco de lucha contra el cambio climático se celebró a finales de enero la jornada «Migraciones Climáticas» en el auditorio de CaixaForum en Madrid, organizada como parte de la campaña Si cuidas el planeta, combates la pobreza que desarrolla la alianza de instituciones católicas españolas Enlázate por la Justicia (Cáritas, CEDIS, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES). En este encuentro dedicado al debate y la reflexión participaron, entre otros, Víctor Viñuales, presidente de la Fundación ECODES y el pescador senegalés emigrado Serigne Mbaye. Con las aportaciones de ambos y de los asistentes se trató de analizar y valorar con más intensidad las consecuencias que la falta de cuidado del medio ambiente está teniendo sobre las personas más desfavorecidas del planeta.

El éxito de asistencia y participación en la jornada supuso, sin duda, un emocionante impulso para continuar nuestro trabajo de sensibilización y apoyo a las comunidades más afectadas por el cambio climático.

Serigne Mbaye en el Evento Migraciones Climáticas-Foto Marta Isabel González

Mirar hacia delante con esperanza

Serigne Mbaye es senegalés, del pueblo costero de Kayar. Ha vivido en su propia carne el deterioro medioambiental de su país. Tanto las tierras cultivables como la riqueza y biodiversidad del mar han sido afectadas por el cambio climático y los abusos del ser humano. Y esto tuvo mucho que ver con su decisión de embarcarse en un cayuco para llegar hasta España hace 12 años. Hoy es socio de un restaurante vegetariano en Madrid, una iniciativa que trata de integrarse en su entorno para transformarlo y fomentar un mundo rural vivo y respetuoso con el planeta.

Una vida de servicio pegadita al sagrario

Aunque soy periodista, creo que nunca me acostumbraré a las malas noticias. Eso es lo que me ha sucedido esta pasada primavera, cuando, como cada vez que vengo de visita a mi Astorga natal, he ido a ver a mi buena amiga Sor Concepción Vidal a la Residencia de Ancianos Virgen de los Desamparados de Astorga (León). “¿Sor Concepción Vidal?” – me han dicho en la portería al preguntar por ella. “Si, vengo a verla y le traigo unas cosas” – he dicho. “Sor Concepción Vidal ha fallecido”.

Me ha costado mucho creerlo. La última vez que habíamos estado juntas por Navidad se encontraba muy bien y cuando le aseguré que cada mañana rezaba por ella y su salud, pues había tenido una temporada un poco complicada con varias caídas y roturas de costillas y sus consiguientes complicaciones, lo cierto es que se encontraba mejor y me dijo que no hacía falta. “Bueno, -le dije yo- voy a seguir rezando”. Esa tarde de Navidad estuvimos sentadas juntas en la magnífica capilla de la Residencia, donde tantas veces nos encontrábamos y charlábamos. Rezamos juntas el Rosario, pues yo no había llegado a tiempo al que rezan siempre cada tarde con los ancianitos.  Y nos poníamos al día.

Nacimiento con figuras de gran tamaño (tamaño humano) que instalan cada Navidad en la Residencia de Astorga
Nacimiento con figuras de gran tamaño (tamaño humano) que instalan cada Navidad en la Residencia de Astorga

Hace casi once años que la conocí. Yo tenía 32 años y acababa de perder a mi madre de manera sorprendente debido a una enfermedad rara que se la llevó en tan sólo dos meses y con sólo 67 años. Para rezar tranquila y apoyarme en el sagrario, me acercaba a la capilla del Asilo, muy cercana a mi casa. Sor Concepción siempre estaba allí. Cuidaba las flores del altar, limpiaba y dejaba todo reluciente preparando con detalle y esmero cada elemento de la liturgia sagrada. Cuando se acercaba la Misa de Gallo hablábamos de cómo vestía a cada Niño Jesús del oratorio y en una ocasión me permitió dar un beso a una Sagrada Forma antes de ser consagrada “Para cuando llegue Jesús” – me dijo, “se encontrará tu beso”.

Su buena mano con las plantas me hacía recordar a mi madre y yo creo que hablamos de eso la primera vez, pues también cuidaba de las plantas de las galerías y estaba pendiente del jardín trasero. Durante mis viajes por el mundo tanto por placer como visitando proyectos de cooperación debido a mi trabajo en Manos Unidas, le enviaba postales que veía con flores. Y pronto ella empezó a enviarme periódicamente cartas con oraciones y con imágenes de la Virgen, del Niño Jesús, de San José.

Sor Concepción rodeada de su hermana, Aurora Vidal y de Marta Isabel González en el jardín de la Residencia Virgen de los Desamparados de Astorga
Sor Concepción rodeada de su hermana, Aurora Vidal y de Marta Isabel González en el jardín de la Residencia Virgen de los Desamparados de Astorga

Juntas vivimos, años después, el fallecimiento de mi padre en 2011, y también el de su cuñado Juan Antonio, y el fallecimiento de Sor Constantina y de Sor Lucía, otra de sus hermanitas de la Residencia poco tiempo atrás. Ambas creyentes, nunca dejamos que la muerte nos llenara de tristeza, pero siempre compartimos juntas esos dolores y muchas alegrías también y cosas del día a día y de la actualidad de la vida de la Iglesia. Con escalofríos recuerdo cómo me contaba que tenían que cuidar de que al llevar al Hospital de León a sus ancianitos, se notara que iban acompañados, porque “si los ven solos– me aseguraba- enseguida les administran morfina”. Aquello me escandalizó por la crudeza y naturalidad con la que contaba una práctica que yo consideré, sin ninguna duda, próxima a la eutanasia y digna de una mayor y más profunda investigación y posible denuncia posterior.

No se le escapaba ninguno de mis artículos en Día 7 o en Alfa y Omega, y a veces nos regalábamos algún libro o revista. Aún tengo algunos números de Anales la revista de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados o el libro de los “Ejercicios Espirituales con el Hermano Rafael” que tanto le gustó. Y en nuestras conversaciones también comentábamos la actualidad, pues le gustaba escuchar la Cope y sobre todo a Radio María, con sus auriculares, mientras recogía la capilla o colocaba algún centro floral.

Sor Concepción fotografiada con la moto nueva de su sobrino Alberto

Precisamente para poder escuchar la radio me dijo la última vez “Tráeme más auriculares, que ya no me quedan desde la última vez”. Y es que siempre le llevaba varios de mis viajes (no quería unos mejores) y en el tren y en los aviones siempre les pedía otro par de auriculares a las azafatas “para una amiga”. Esta vez le traía varias decenas acumulados de varios viajes y recopilados de amigas a las que les he hablado de ella. Pero ya no se los he podido dar. Y lloro pues sé que ya no podrá rezar por mí como hacía, ni escribirme más cartas. Lloro porque se ha ido mi amiga. Pido su oración desde el Cielo donde sé que se ha ido directa a encontrarse con María de los Desamparados y donde su sonrisa y su bondad será seguro recompensada por Jesús, su esposo al que siempre amó tanto y con quien tanto deseaba estar.

Sor Concepción en 2012
Sor Concepción en 2012

EL CUIDADO POR LOS DETALLES

Sor Concepción de San Francisco de Asís Vidal San Martín (Mansilla del Páramo 1 de mayo de 1942 – Astorga 4 de febrero de 2018) era la mayor de tres hermanos, Aurora y Constantino. Ingresó Estuvo en Masarrochos (Valencia) y en Córdoba y Sevilla de “Martita” y muchos años en Aguilar de Campoo . Ingresó en las Hermanitas de los Ancianos Desamparados el 12 de octubre de 1954 y se consagró personalmente al Corazón de Jesús el 8 de diciembre de 1956. Y ya, el resto de sus “fechas especiales” siempre fueron el 30 de abril: en esa fecha de 1958 tomó los hábitos, en 1960 la Primera Profesión, en 1963 la Profesión Perpetua, en 1985 las Bodas de Plata y en 2010 las Bodas de Oro. Sor Concepción tenía por costumbre guardar frases bonitas. Y también con sus recuerdos personales guardaba cuidados y elaborados recordatorios de sus “fechas especiales”.

En sus cartas muchas veces incluía esos mensajes, seleccionándolos con todo mimo. Casi siempre eran relacionados con Jesús y con la Virgen y mensajes especiales para Navidad y Pascua. Pero siempre añadía a esas cartas con mensajes ya elaborados sus propias letras con cariños y oración para la amiga a la que escribía.

El oratorio de la Residencia Virgen de los Desamparados de Astorga.
El oratorio de la Residencia Virgen de los Desamparados de Astorga.

Rosalía García y su entrega a los indígenas ‘mbya guaraníes’ de Paraguay

Algunas pinceladas a modo de pistas. Nació  el 3 de marzo de 1939 en Vacariza, una pequeñísima aldea de la parroquia de A Enciñeira y perteciente al Concejo de Quiroga, en Lugo y es la segunda de una familia de seis hermanos. Hace ahora 36 años que llegó a Paraguay.

Desde 1982 al 91 estuvo en Pirayú y desde 1991 vive en Paso Yobái , una pequeña localidad de 3.600 habitantes situada en el Departamento de Guairá (Paraguay).

Desde allí y en pequeñas  comunidades como Isla Hu y Vega Cue, lucha por el desarrollo y la dignidad del pueblo indígena de los “mbya guaraníes” gracias a la ayuda, entre otros, de la ONG de Desarrollo Manos Unidas.

Rosalía y una de sus amigas de la comunidad indígena de Isla Hu. Foto: Marta Isabel González/Manos Unidas
Rosalía y una de sus amigas de la comunidad indígena de Isla Hu. Foto: Marta Isabel González/Manos Unidas

¿Ya sabes de quién te hablo? Pues sí…ella es la hermana Rosalía García Arias, que se hizo religiosa en 1959 en la orden de las Carmelitas Misioneras Teresianas (CMT), una congregación de origen español fundada en Ciudadela (Menorca) en 1860 por el carmelita descalzo, el ahora beato Francisco Palau y Quer.

Es pequeñita de estatura, vivaracha, muy inteligente y rápida, y conduce un jeep enorme que casi la duplica en altura, pero que domina a la perfección deslizándose sobre el barro de la zona, que a menudo es muy abundante y convierte las  carreteras en pura mantequilla.

Rosalía García conduciendo. Foto Marta Isabel González
Rosalía García conduciendo. Foto Marta Isabel González

Pero lo que más me llama la atención de ella es su gran corazón, sencillo y sin doblez, y su modo también sencillo (que no simple) de vivir y practicar el Evangelio con su vida y entrega diaria y  un enorme respeto y admiración a la religiosidad ancestral del pueblo indígenas “mbya guaraní” (112.000 personas), uno de los 19 pueblos indígenas con cinco familias lingüísticas, que habitan en este país de Sudamérica.

Y es que, pese a esta riqueza que suponen los pueblos indígenas, sin embargo, aún no están bien valorados por la sociedad: “Es una pena que en esta sociedad avanzada no logremos ver a estas personas como iguales. –asegura Rosalía – y es triste ver como sufren discriminación. En muchas ocasiones, por un mismo trabajo, los indígenas cobran hasta un 40% menos que el resto. Pero claro, es necesario que tengan la formación y educación necesarias para saber reclamar sus derechos y en esto también les apoyamos”.

Piscicultura, agricultura, taller de motos...el Centro de Formación Agropecuaria de Isla Hu ofrece futuro a los indígenas mbya guaraníes. Foto Marta Isabel González / Manos Unidas

Piscicultura, agricultura, taller de motos…el Centro de Formación Agropecuaria de Isla Hu ofrece futuro a los indígenas mbya guaraníes. Foto Marta Isabel González / Manos Unidas

Manos Unidas ha apoyado la labor de las misioneras carmelitas teresianas en el departamento de Guairá (Paraguay) desde hace décadas con proyectos de infraestructuras, educativos, de formación profesional y de seguridad alimentaria. Se les apoya en sus reivindicaciones y se les acompaña en su desarrollo a través de una convivencia respetuosa y una inculturación que deja patente, en muchos casos, la admiración por sus valores.

Uno de estos proyectos es la construcción, equipamiento y atención del Centro  Educativo Bilingüe y Escuela de Formación Agropecuaria de Isla Hú, situado en una de las seis comunidades habitadas por nativos mbya guaraníes. Allí, cerca de un centenar de jóvenes adquieren cada año la formación profesional que les permite, a ellos y sus familias, tener un presente y futuro mejor ya que ofrece alternativas a los modos de vida de los pueblos indígenas que, tradicionalmente eran cazadores y recolectores, pero que hoy en día  ya no pueden vivir de ello entre otras cosas porque sus tierras han sido vulneradas.

Cientos de jóvenes reciben formación en el Centro de Formación Agropecuaria que han promovido las hermanas en Isla Hu. Foto Marta Isabel González/Manos Unidas
Cientos de jóvenes reciben formación en el Centro de Formación Agropecuaria que han promovido las hermanas en Isla Hu. Foto Marta Isabel González/Manos Unidas

Este Centro que ha sido fruto del trabajo conjunto de las hermanas con  la Asociación Opy Porâ Mbaraeteve, ha logrado que se impartan los cursos necesarios que llegan hasta concluir la educación escolar básica, para ello se imparte educación a partir del 3 ciclo de educación bilingüe. Y todos los jóvenes que salen de la escuela con el  bachiller técnico agropecuario indígena son de vital importancia para la supervivencia de la etnia.

Las hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas también miman la educación de los más pequeños entre los indígenas mbya guaraníes. foto Marta Isabel González
Las hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas también miman la educación de los más pequeños entre los indígenas mbya guaraníes. foto Marta Isabel González

Rosalía se siente muy orgullosa de lo conseguido. Y no es para menos. Esta  misionera es un ejemplo vivo del acompañamiento y apoyo a las reivindicaciones de este pueblo del que no escatima halagos y admiración: “son pueblos con unos grandes valores como el gran respeto y unión con la naturaleza, las decisiones y vida en comunidad o el especial cuidado a los niños y mayores. Valores, que en muchos casos la sociedad paraguaya ha perdido.

No son menos que nosotros. No son salvajes. Al contrario. Tenemos mucho que aprender de ellos” afirma una vez más  Rosalía y lo repite  siempre que tiene ocasión.

El 3 de octubre de 2016 pude conocer en persona el trabajo de la Hermana Rosalía, Nancy y Cristina en Paso Yobái. Foto Selfie Marta Isabel González/Manos Unidas
El 3 de octubre de 2016 pude conocer en persona el trabajo de la Hermana Rosalía, Cristina Ruiz y Nancy Cáceres en Paso Yobái. Foto Selfie Marta Isabel González/Manos Unidas

Y una de esas ocasiones en las que la misionera ha podido explicarse mejor fue durante el viaje que TVE y un equipo del programa Pueblo de Dios (el redactor Ricardo Olmedo y el realizador Carlos González Herrero) hizo a Paraguay junto a los cámaras Antonio Urrea y Felipe Romero, para conocer, acompañados por Pompeyo Sancho (voluntario del Departamento de Proyectos de Manos Unidas) y por mí misma que coordiné el viaje y apoyé en la producción de los programas para, entre todos, poder dar a conocer esta realidad de discriminación e injusticias pero también de superación gracias en  parte a los proyectos que Manos Unidas, la ONG de Desarrollo de la Iglesia católica en España, apoya en este país latinoamericano un tanto desconocido para la sociedad española.

Fruto de ese viaje y encuentro con Rosalía García es el programa “Indígenas, el paraíso perdido” que Pueblo de Dios (TVE) dedicó a esta realidad de Paraguay y al trabajo que, gracias al apoyo de Manos Unidas, Rosalía García realiza junto a sus hermanas Cristina Ruiz y Nancy Cáceres en Paso Yobai y que yo desde aquí os invito a ver a través del canal de Yotube de Manos Unidas  y disfrutar, porque no tiene desperdicio.

Entrevistas con @migasocial. Dário Bossi (Red Iglesias y Minería): en América Latina la Iglesia se está ‘enredando’.

¿Habéis oído hablar de la Red Iglesias y Minería? He tenido la suerte de conocer y poder entrevistar al sacerdote italiano Dário Bossi, (1972, Gallarate, Italia), misionero comboniano destinado a Brasil desde 2002.  Él es desde enero de 2017 el  Coordinador de los Misioneros Combonianos en Brasil y desde 2013 miembro de la coordinación de la Red Iglesias y Minería .

Foto de Marta Isabel González/Manos Unidas

Háblenos de la Red Iglesias y Minería. ¿En qué consiste y por qué en la realidad de Latinoamérica era tan importante acometer una red así?

Por dos motivos. Por un lado porque la Iglesia Latinoamericana es más abierta y con mayor experiencia en la articulación de redes: lo demuestra el hecho que, casi contemporáneamente a Iglesias y Minería, se fundó la REPAM (Red Eclesial Panamazónica) . Digamos que éste  es un tiempo en el que “en América Latina la Iglesia se está enredando”.

El otro motivo es porque es precisamente  en América latina donde es más fuerte la explotación minera. El 28 % de la explotación minera del mundo, tiene lugar en América latina.

Paralelamente, hay una proporción directa entre la intensidad de la extracción minera y la violencia y agresión a comunidades y territorios. La Iglesia no se puede quedar callada frente a esta agresión.

Por ultimo diría que “Iglesias y Minera” nació antes de la publicación de la Encíclica Laudato Si pero sentimos una total coincidencia con sus ideas y no es una casualidad que los únicos territorios que en Laudato Si son citados explícitamente, son los territorios de la amazonía y la cuenca del río Congo, que son dos regiones fuertemente minerales.

Es evidente la conexión entre las preocupaciones ambientales en los conflictos sociales y la minería.

– ¿Qué ha supuesto para vuestra red, para el trabajo de base de Iglesia que lleváis a cabo en esta red, la publicación de Laudato Si?. ¿Diría que hay un apoyo directo del Vaticano o del Papa Francisco?

Laudato Si. llego después, pero naturalmente fue fruto de una maduración, que, como vemos después en la publicación, se inspiró mucho en las luchas locales. La encíclica Laudato si es histórica, porque sus fuentes son las conferencias episcopales, los obispos, los territorios de base y hay también citas de otras experiencias religiosas.

Es una encíclica en la que lo que está escrito es fruto de mucho trabajo e inspiración, preguntas, e investigaciones que vienen de los territorios. Y eso lo podemos confirmar. Necesitábamos ver nuestras luchas y esfuerzos plasmados en un documento y, de alguna manera, consagrados por una posición oficial de la Iglesia. Cuando lo vimos y en una encíclica, nos dio mucho aliento.

El Papa lo dijo con una radicalidad inesperada, con una fuerza que incluso nos sorprendió. La leímos 2 ó 3 veces en pocos días para hacerla nuestra. En varios territorios la estamos retrabajando junto  a las poblaciones y las comunidades.

Nos parece que de Laudato Si muestra exactamente cómo las violencias en los territorios están interconectadas, y cómo no se puede aislar el trabajo, en nuestro caso frente a la minería, frente a los conflictos de la tierra, latifundios, la agresión forestal, la cuestión climática, la defensa del agua, la cuestión de la autodeterminación de las comunidades tradicionales y sus territorios. Es una encíclica que muestra que en verdad todo esta interconectado. Y que por tanto confirma también la importancia de trabajar en red.

–  ¿Cómo funciona el “face washing” o lavado de cara en relación a las iglesias y las empresas mineras que operan en América Latina?

Las empresas necesitan licencia social. Es decir, junto al “riesgo económico”, por ejemplo, a que haya un accidente, o se agoten sus recursos naturales, las empresas saben que existe un “riesgo social” y el principal es que la población se oponga a sus iniciativas. Ese “riesgo social” es esencial a la hora de definir sus estrategias, tomar decisiones económicas, analizar los mercados financieros y en las relaciones comerciales. Es un elemento fundamental en la definición de sus estrategias económicas.

Laa empresas comprenden que uno de los actores que puede ayudarles a disminuir ese “riesgo social” son las iglesias, no solamente la católica. Y es que, en la mayoría de los países de América Latina, las iglesias, la Iglesia católica sobre todo, mantienen una fuerte credibilidad. Es uno de los actores más influyentes y respetados, incluso moral, ético, político, histórico. Entre las organizaciones más diversas, es la que da más confianza.

Por eso, acercarse a las iglesias, significa, de alguna manera, “limpiar la imagen”, hacer un trabajo de “maquillaje”, que permita reposicionar  su marca, su logo e imagen en la sociedad.

Las empresas mineras saben que donde se pongan habrá conflicto, porque lo que ellos hacen no es algo natural, no es algo que se espera de un territorio. Es una “violencia” que se hace a la tierra y a un territorio bajo unas condiciones y las condiciones con las que ellos negocian, lo que ofrecen son condiciones de interés, de ganancia, trabajo y de desarrollo.

Pero estas condiciones las negocian junto a otros impactos, que son impactos sobre la salud y el medioambiente, el futuro de un territorio, la seguridad de una población, el futuro, la permanencia y el enraizamiento en un territorio.

La empresa obliga a la comunidad a hacer un balance y tomar decisiones. Nosotros decimos que lo que ofrecen las empresas son “alternativas diabólicas”. Porque ¿cómo puede alguien decidir si es más importante el trabajo o la salud? ¿Comer o tener agua limpia?  Nadia debería estar obligado a escoger entre esas dos cosas.

La empresa minera sabe que, se ponga donde se ponga, habrá conflicto y desarrolla una serie de estrategias o instrumentos para disminuir este conflicto.

Un instrumento legítimo importante es, por ejemplo, la “negociación de beneficios sociales”, en la que entra toda la cuestión de la sabiduría, de la visión política, el papel esencial de la política de la que se habla m Laudato Si.

Pero oros instrumentos son menos legítimos, más agresivos. Algunos son de seducción, otros son de amenaza, o de espionaje o de infiltración. Ellos tienen todo un elenco de modos de acción de cara a  las comunidades.

En este punto, no cabe duda de que las iglesias podrían volverse un instrumento más para disminuir este conflicto. Lo que las empresas buscan es un mediador entre la empresa y la comunidad. Alguien que se ponga en medio y que se esfuerce en entender las razones de los dos.

Y esto nosotros no lo queremos  porque éste no es el papel de las iglesias, ese debería ser el papel de la política. Las iglesias, por supuesto la Iglesia católica, por su vocación, tiene que escoger el lado de los más débiles, vulnerables y de quienes son amenazados. Esta disputa de posiciones nosotros la entendemos como una de las misiones más claras de la Red Iglesias y Mineria para ayudar a las iglesias a posicionarse.

No lo digo de manera crítica, porque para alguien como un obispo o un cura que no conoce nada de este contexto y se encuentra con una situación de este tipo, puede incluso parecerle natural este papel de mediación, porque la Iglesia lo hizo en otros momentos. Pero conociendo todo este contexto y la historia de muchos territorios, nuestra misión hoy es ayudar a la Iglesia a comprender el riesgo grande de ponerse en medio. Y la misión esencial, como decía el Papa Francisco cuando escribió en 2015 a las víctimas, es escuchar el grito de los afectados. Este es el punto de partida de la Iglesia. Es toda una cuestión compleja.

11ª Romería por la Tierra y las Aguas organizada por Red Iglesias y Minería en Maranhão (Brasil). Foto de Marcelo Cruz

–  ¿Qué ofrecen las empresas a la Iglesia, dinero…? ¿Cómo se puede comprar a la Iglesia?

Hay varios niveles, a veces no es directamente comprarla, hay promesas de inversiones, de restructuración de templos, inversiones de dinero para intereses etc.

Hubo un proyecto interesantísimo de las empresas llamado “Minering Partnership”, aunque luego no se llegó a hacer, donde las empresas se proponían hacer formación para los teólogos, financiar los seminarios, ofrecer formación a los teólogos para reflexionar sobre ética y minería, liturgia y minería, pastoral y minería etc.

A veces se entra a través del dinero para contaminar las ideas, lo cual es muy peligroso.

Pero no siempre se trata directamente de comprar. A veces todo ocurre con una intención aparentemente honesta. En algunos casos hay emresarios y emprendedores que consideran esto como un proceso honesto.

Probablemente algunos de los que fueron al Vaticano tenían intenciones buenas. Pero esto es muy difícil desde una buena posición económica y desde dentro de una estructura que esta haciendo tanto mal. Simplemente decir que se está  dispuesto al cambio sin mostrar cambios efectivos no es coherente. Acreditaremos esas afirmaciones cuando se demuestren cambios directos conforme a lo que tantas comunidades están exigiendo.

–  ¿Cuál sería la recomendación desde “Iglesias y Minería” a las ONG  que buscan el desarrollo de las personas, pero a la vez necesitan financiación de empresas?

No es fácil. Lo que diríamos es primero que nunca es suficiente escuchar el punto de vista de la empresa porque hay departamentos totalmente organizados y preparados para hacer esto (“face washing”). A veces se presentan como empresas sostenibles y justas y que cumplen todos los protocolos. Y es que, generalmente, las empresas más ricas son las que paradójicamente hacen más impactos y logran camuflarlos más.

Aspecto de la contaminación que sufre Piquiá de Baixo (Brasil). Foto Marcelo Cruz para Red Iglesias y Minería

–  ¿Qué le parece el Pacto Mundial y otros mecanismos puestos en marcha por las Naciones Unidas como las negociaciones para elaborar un tratado vinculante para que las multinacionales respeten los derechos humanos ?

Un principio importante es que nunca es suficiente un diálogo de las cumbres de la Iglesia o de las Organizaciones con las empresas. Se debe contar con las informaciones a partir de las comunidades pero el modelo actual nos hace caer en la tentación de olvidarlo. Nuestro punto de referencia y de escucha, nuestra fuente de información y de averiguación de los hechos, son las comunidades.

Esto no significa que la comunidad tenga una visión unívoca. Es muy complejo porque a veces la propia comunidad está dividida. Pero es importante basarnos en el punto de vista de las comunidades tanto en lo que se refiere a conflictos específicos, o arreglar las relaciones con las empresas en los conflictos específicos, como en lo que se refiere a estrategias políticas y económicas.

En cuanto a lograr un tratado vinculante para que las multinacionales respeten los derechos humanos  no es algo que les guste a las empresas y veo que es algo que la Iglesia no siempre apoya. La empresa dice “no, ya tenemos los principios rectores”, pero los  “Principios Rectores sobre las empresas y los Derechos Humano” son como recomendaciones, no obligatorios. Pero hay un movimiento y un grupo de presión de trabajo dentro de la ONU para que sean principios vinculantes con obligaciones, reglas y penas para quien no los cumpla. Pero las empresas dicen que no es necesario y dicen “te garantizo que lo estoy cumpliendo”. Hay mecanismos de fiscalía y de monitoreo, incluso del castigo pero falta la obligatoriedad.

La otra cuestión es el “Consentimiento Libre, Previo e Informado (CLPI)”: internacionalmente reconocido y que varios países suscribieron, pero que no se aplican y que son facilmente  sustituidas por consultas voluntarias que a las empresas les gusta hacer.

En cuanto al punto de vista estratégico y metodológico, una es la versión que viene de arriba a abajo y la otra de abajo a arriba. Entonces si la Iglesia, las entidades, los organismos internacionales, etc. se asocian más a una visión que a otra, está claro que favorecen más a un tipo de evolución del sistema que a otro. 

–  Pero está claro que no todas las empresas son malas. ¿Cuál sería el camino para trabajar juntos? ¿Cómo hacer para que las empresas cambien y detectar dentro de las empresas a la gente que quiere hacer las cosas bien?

No es nuestro campo directo, pero este es un tema que sale cuando reflexionamos con las  ONG. Cada vez se promueve más el debate y la reflexión, incluso hacia fuera de las instituciones.  Cada institución tiene sus reglas.

Así como el intercambio de comunidades es muy rico, también entre entidades hay que sentarse para debatir más sobre este tema. Por lo menos al hablar de eso es evidente como se eleva el nivel del discernimiento y de ética. Cuando no se habla se da mucho desconocimiento de las cosas. Pero cuando se empieza a hablar y se dialoga, una reflexión contamina a la otra y creo que es un proceso que sólo puede favorecer la calidad del discernimiento. El diálogo con las empresas es algo esencial.

–  Dice usted que la Iglesia en América Latina se está “enredando” (REPAM, Red Iglesias y Minería) pero también en Europa y EEUU las ONG de Desarrollo de la Iglesia trabajamos en red: como en  CIDSE o en España con “Enlázate con la justicia”¿crees que el trabajo en red es positivo o que quizá la sociedad percibe más bien una maraña muy  compleja?

Desde nuestro punto de vista es justo al revés: nos parece extraña esta distancia, el aislamiento entre una entidad y otra. Tenemos que hablar con ustedes utilizando una gramática en un idioma, despues cambio de idioma gramatical, y las exigencias de uno son diferentes de las del otro. No digo que haya que uniformarse pero percibimos que hay repetición de cosas, de estrategias, de reflexiones.

Quizá alguien crea que estructurar una red mayor sería un gasto de energía, pero a mí me parece lo contrario. Se gasta mucha más energía cuando una organización  hace las mismas reflexiones que otra y ambos no lo saben.

En mi humilde opinión cuando hay campos comunes y redes temáticas iguales, es mas fácil trabajar y encontrar conexiones. El trabajo en red no es un principio teórico sino práctico porque hay muchas necesidades en el mundo que requieren que actuemos en  red y esto es un desafio.

–  Para terminar, usted asegura “luchar no es un verbo intransitivo” ¿Cual sería la lucha? ¿ Contra quién estamos luchando?

Como dice Laudato si, éste sistema es insostenible y es una economía de muerte. Infelizmente, por nuestras coyunturas temporales, hacemos cosas chiquitas, sin proponer alternativas que se puedan promover, o peor aún,  sin decir qué tipo de desmonte se puede hacer con este sistema que quitó a tantos las alternativas que ya tenían.

Mucho de lo que se debe hacer ya lo sabemos: está dentro de nosotros, no está lejos, está en toda la recuperacion de la “cultura del bien vivir”, por tanto en otro modelo.

Estamos luchando contra el reloj del tiempo, contra la urgencia de poner límites que están quedándose cada vez más cercanos y es que nuestra visión se vuelve cada vez mas miope. Nosotros no lo vemos, será que nuestra visión también se hace torpe .

Quizá todo es fruto de la complejidad: cuando más complejo es algo, la tendencia natural es mirar lo particular, lo cercano, mi ombligo. Pero esto mata.

Yo diría que Laudato Si es una “hoja de ruta” muy clara: estamos luchando contra un sistema insostenible. Antes se decía que si decías eso era porque tenías un pensamiento ideológico comunista, pero ahora hay una encíclica la que dice que esta lucha es mucho más importante y más trascendental de lo que creíamos y necesita más cambios que los que hemos logrado hasta ahora.

 

Un momento de la entrevista de Marta Isabel González al padre Dario Bossi, durante su visita a Manos Unidas en marzo de 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Los #refugiados necesitan ayuda para quedarse y para irse” Michel Constantin-CNEWA Líbano

El día que le conozco, la tensión internacional en relación a la guerra de Siria es muy alta. Entre EEUU y Rusia la situación está al rojo vivo después del bombardeo de una base aérea de Asad en lo que ha sido el primer ataque directo de EEUU a Siria desde el comienzo de la guerra hace seis años. Y un día antes, dos ataques suicidas contra iglesias de Egipto han causado 45 muertos. Nuestra conversación no se centra en el terrorismo o en la guerra. Pero sí en sus consecuencias.

Se llama Michel Boutros Constantin, y es el director regional de la oficina de Beirut de la Misión Pontificia-CNEWA-Asociación Católica para el Bienestar de Oriente Próximo, organización socia local de Manos Unidas en Líbano y que fue establecida en 1949, por mandato el Papa Pío XII, después de la II Guerra Mundial con el objetivo de asistir a los refugiados palestinos y a las personas que necesitaran de ayuda.

Ahora, la oficina de Beirut y su misión ha sido ampliada para ayudar, no sólo a los refugiados palestinos, sino también a los libaneses más pobres y a refugiados cristianos de Oriente Medio originarios de Líbano, Irak, Egipto y Siria.

CNEWA tiene por lo tanto programas en cuatro países y sus líneas de acción se dividen entre acompañar a la Iglesia en su tarea pastoral y en la formación de líderes y el desarrollo social y en algunos casos de emergencia para refugiados o durante catástrofes y con independencia de que sus beneficiarios sean cristianos o no, el apoyo llega a través de las iglesias locales, a las que apoyan en su trabajo comunitario.

  • La CNEWA es una organización que ayuda a repartir las ayudas entre otras pequeñas organizaciones. ¿Cómo funcionáis exactamente?

Desde su origen, el objetivo de la Misión Pontificia en la oficina de Beirut y después en otras dos oficinas en Amán y Jerusalén fue coordinar las agencias católicas donantes de todo el mundo que querían ayudar a los palestinos. Se trataba de que ese organismo fuera el que coordinara lo que se recibía y cuándo. Hoy, después de 67 años, muchas ONG tienen sus propios programas, pero aun así tenemos un rol importante en coordinar la ayuda de las agencias católicas donantes. Nuestros donantes son principalmente agencias católicas de Europa y EEUU y Canadá. En Europa tenemos Manos Unidas, Misereor…etc.

Vienen a nosotros porque la Misión Pontificia, no es la Iglesia local, no es maronita, católica, ortodoxa…Es parte de la Iglesia latente y al mismo tiempo, como locales trabajando aquí, conocemos las distintas dificultades y problemas de la Iglesia. Y así, servimos de vínculo entre los donantes del mundo católico y las Iglesias locales católicas del Oriente Medio.

En mi caso, llevo trabajando en la Misión Pontificia desde 1989, más de 27 años y todos mis colegas tienen una experiencia parecida a la mía. Esto nos permite hacer una recomendación real de qué proyecto es bueno, cuál funcionará, cuál no, etc. Por ello, muchos donantes confían en nuestra opinión y recomendaciones. Algunos no quieren enviar el dinero directamente a beneficiarios, sino que prefieren que les llegue a través de nuestras oficinas, que se lo gestionamos, de manera que se aseguran que recibirán los informes a tiempo, que el contenido del informe es el que esperan, etc.

Algunos de los niños refugiados que se benefician de estos proyectos de CNEWA con apoyo de Manos Unidas. FOTO CNEWA para Manos Unidas

Conocemos las exigencias de los donantes y al mismo tiempo las capacidades de los socios y organizaciones locales. Podemos sacar lo mejor de los locales para que entreguen su trabajo a tiempo, por ejemplo. Siempre decimos que no debemos de competir entre ONG o donantes, sino complementarnos. Por eso, en cada proyecto intentamos transmitir una imagen de cooperación, de unión, este es nuestro rol principal.

Trabajamos de manera transparente, solemos decir que este trabajo social debe ser tan transparente como un acuario, donde puedas ver todo lo que hay dentro, incluso en el fondo. Así es como ayudamos a nuestros socios de la Iglesia local, responsables de las necesidades de los refugiados o los pobres. Siempre les decimos debéis hacer las cosas claras, si tenéis una gran propuesta que vais a enviar a cuatro donantes, estos deben de ser mencionados en la propuesta, compartiendo el proyecto global, de manera que sea más fácil para todos. Por ejemplo, si se envía un proyecto de 500.000 euros a Manos Unidas puede que me digan “Imposible, no está en nuestro presupuesto”, pero si se dice que “Hay otros seis donantes que estarían involucrados y que sólo necesitaríamos 60.000 euros”, entonces podría ser viable para todos los donantes y el proyecto saldría adelante.

Michel Constantin, es el director regional de la oficina de Beirut de la Misión Pontificia-CNEWA para Líbano, Irak, Egipto y Siria. FOTO Marta Isabel González/Manos Unidas

  • Pero la CNEWA no sólo ayuda a refugiados cristianos, ¿es así?

No, por supuesto que no. Lo que hacemos es colaborar con la Iglesia Local, pero no sólo me refiero a la Iglesia en sí, sino también a congregaciones o asociaciones laicas, entidades independientes, pero con espiritualidad y valores compartidos con los cristianos. A través de ellos llegamos a todo el mundo, sin importar religión. Por ejemplo, en el Líbano y Siria, el 40% de nuestros beneficiarios no son cristianos y en Irak un poco menos, pero estamos llegando a muchos yazidíes y árabes.

Diríamos que lo esencial es apoyar a las minorías. Por ejemplo, en el norte, existe mayoría kurda y suní, los chiitas son la minoría. En el sur, donde hay mayoría chiita, la minoría son los suníes. Todas las minorías necesitan ayuda. Pero, es cierto que, por ejemplo, en Irak, las minorías musulmanas tienen las mejores zonas geográficas. Y, sin embargo, los yazidíes y los cristianos no tienen tierras de valor.

Los refugiados necesitan ayuda para quedarse y también para irse. Y es que necesitan protección internacional y también financiación para reconstruir sus casas. En ocasiones, sus aldeas han sido liberadas, pero no tienen la seguridad de que al día siguiente vengan y les digan que se vayan de nuevo. No quieren vivir el mismo trauma dos veces y necesitan ayuda pues no tienen forma de vivir. Lo han perdido todo en la guerra.

Pero hay que aclarar que CNEWA no es una agencia especializada en emergencias: actuamos en emergencias, pero luego nos vamos. Y es que nos centramos más en el desarrollo social, que requiere un trabajo continuo y que implica apoyos en educación, formación, salud, creación de empleo y todo aquello en lo que la Iglesia considera que debe apoyar a las comunidades.

Algunos de los pequeños refugiados que se benefician de estos proyectos de CNEWA con apoyo de Manos Unidas. FOTO CNEWA para Manos Unidas

  • Con Manos Unidas están realizando dos programas, uno de salud y otro de educación y formación profesional ¿en qué consisten exactamente?

Estos dos proyectos, son muy importantes en Líbano, no sólo para los refugiados, sino también para las comunidades locales más pobres.

El Karagheusian Health Center, es un centro de salud social en el barrio pobre armenio, pues ha estado habitado básicamente por armenios. Sin embargo, ahora sólo el 40% de la población del barrio es ahora armenia y el resto son la mayoría musulmanes chiítas, provenientes del sur de Bekaa, cerca de Beirut, y refugiados, especialmente de Irak (cristianos) y de Siria(musulmanes) así como algunos kurdos y por supuesto trabajadores migrantes del Líbano que buscan vivir en barrios con rentas baratas. Este centro atiende por lo tanto a 150.000 personas y es el centro más grande y avanzado de la zona.

Es importante recordar que en Líbano no tenemos hospitales públicos como en Europa. Sólo hay un hospital, que está cerrado ahora y está en Beirut. Los demás son privados y muy caros. Una consulta de oftalmología, por ejemplo, cuesta 60 o 70 euros por persona. Esto sólo la consulta. Por lo tanto, si las personas no tienen un seguro privado no irán nunca a hacerse una revisión de salud y estas familias pobres que viven en este barrio de bourj hammoud, no irán a un médico privado pues no se lo pueden permitir. En este centro, sin embargo, pueden ir a la consulta por 4 dólares y recibir la medicación gratis. Además, para aquellos que no puedan pagar los 4 euros, encontramos sponsors que puedan cubrir este pequeño importe.

Y siendo más económico, sin embargo, es uno de los centros de más calidad del país, pues las más importantes universidades en medicina y grandes médicos del país que son profesores de esas universidades de Líbano, vienen con estudiantes para ayudar. Por lo tanto, no sólo es barato, sino que cuenta con algunos de los mejores médicos de Oriente Medio.

Aspecto de las clases de informática que han sido posibles gracias a los proyectos apoyados por Manos Unidas. foto CNEWA para Manos Unidas

  • ¿Cómo es vivir y trabajar en una zona tan crítica como Oriente Medio y rodeados de guerras, tensiones bélicas y atentados?

Como ya he dicho, tenemos programas activos en cuatro países, Líbano, Siria, Egipto e Irak. Cada uno de ellos tiene distintas configuraciones política y social y por tanto sus necesidades son distintas.

Empezando por Líbano, por ejemplo, se trata de un país lleno de refugiados. Por un lado, suponen una tercera parte de la población de Líbano, lo que supone un problema a nivel infraestructural, en educación, número de colegios… Los refugiados no tienen plaza en buenos colegios, no hay suficientes hospitales para ellos. El gobierno es débil en Líbano y no les pueden proporcionar ayuda. Estos sirios están sufriendo y al mismo tiempo están compitiendo con los libaneses por los pocos puestos de trabajo que existen. Líbano no es un país rico o industrial, ni siquiera es un país del petróleo, los pocos puestos de trabajo que hay son en agricultura o construcción, que está disminuyendo ahora. Esto está creando tensión entre las dos poblaciones. Lo que en estos momentos es necesario en Líbano son ayudas para nuevas infraestructuras para colegios, hospitales, de todo.

Lo que estamos haciendo como Misión Pontificia son dos programas principales. El primero de educación, destinado el 70% a refugiados, de Irak y Siria, y el 30% a libaneses que necesitan apoyo escolar por las tardes para recibir una educación real. La mayoría de los sirios no son cristianos, los iraquíes son cristianos y los libaneses son en su mayoría cristianos pues los musulmanes a quienes ayudamos viven en grupos en aldeas cristianas, con quienes se está abordando la convivencia en paz, la unión de las comunidades, la escolarización de los niños. Con este programa estamos llegando a 3.000 estudiantes cada año. Este ha sido el cuarto año. El segundo programa, es de salud, para los más pobres de entre los pobres incluye igual que Karagheusian, otros dos centros de salud de día (en ellos las personas no son ingresadas). O sea, tres en total.

Pero es imprescindible llegar a los jóvenes que terminan el colegio. Estos jóvenes deberían ser educados de alguna manera, bien yendo a la universidad o bien por medio de una cierta formación técnica para enseñarles un oficio, para que sean capaces de trabajar. Muchos sueñan con poder venir aquí a Occidente como refugiados o a Siria de vuelta. Si llegaran a conseguirlo, de esta manera podrían encontrar un trabajo en la construcción o como mecánicos, por ejemplo. Por tanto, este programa sería la oportunidad de mejorar la adaptación de los refugiados. Muchos tienen el problema de que han dejado el colegio, y cuando ya tienen una edad más avanzada, 21 años, por ejemplo, no quieren volver al colegio y estar sentados con compañeros de 12 años. Tenemos que ser realistas y hacer programas ad hoc para ellos, para ayudarles a tener éxito. El colegio no es suficiente para garantizar el éxito.

Una imagen de una de las últimas visitas de Manos Unidas a Líbano. Foto CNEWA-Manos Unidas

  • En este contexto tan compleja ¿alguna vez tenéis miedo?

Vivimos con miedo cada día, porque los refugiados no viven en campamentos adecuados de 100.000 o 200.000 personas, sino que hay muchos pequeños campos, en algunos puede que haya 100 personas. En Líbano tenemos 36.000 asentamientos, y más de 18.000 grandes asentamientos. Algunos son simplemente una familia con algunas tiendas mientras que los grandes surgen de juntar estas familias en un solo área considerándolos un solo asentamiento.

Y es que, en Líbano el gobierno se niega a llamarlos campamentos porque no los considera refugiados. Para nosotros son desplazados, no refugiados. Si fueran refugiados tendrían derechos, por ejemplo, los niños nacidos obtendrían la nacionalidad. En este caso, sólo se les acepta como invitados, como desplazados, sin derechos políticos ni sociales, pues el gobierno no podría llegar a todas esas personas.

En una resolución de las Naciones Unidas, están siendo reconocidos como refugiados, pero el Líbano no reconoce este acuerdo, por lo que no es responsable por no considerarlos refugiados. Por eso Líbano no es capaz de controlar estos campos y asentamientos. La gente puede entrar y salir a su gusto, no es como en Turquía o algunos campos de Jordania, donde se tiene un acceso controlado al campo, donde existen registros de las personas que allí viven, de sus movimientos, donde se obtienen permisos para salir unas horas, y si la persona no regresa la policía le va a buscar. En Líbano no existe eso. Ellos hacen el campamento, lo mueven, van y vienen y nadie les pregunta nada. Esto es muy peligroso pues se trata de personas necesitadas, algunos muy fanáticos, que se infiltran en nuestras comunidades y nosotros no tenemos información alguna.

Por eso llega el miedo. Por un lado, a nivel de seguridad, no es seguro. En segundo lugar, a nivel social, se trata de culturas diferentes. Muchos son musulmanes y podrían mirar raro a la comunidad local. En último lugar, a nivel laboral compiten con la población libanesa en todo. Incluso un médico sirio, que no tenga la licencia de ejercer como médico en Líbano, está trabajando de manera ilegal ofreciendo precios más bajos por sus consultas. El médico libanés cobra entre 40 y 70 euros por consulta y el sirio recibe 5 euros.

Equipamiento del Karagheusian Health Center financiado por Manos Unidas- Foto CNEWA para Manos Unidas

  • ¿Qué les dirías a los españoles que quieren ayudar a Manos Unidas para ayudaros a vosotros?

Les diría que los cristianos en Oriente Medio y todas las minorías religiosas están en peligro por su fe y religión y no por ser parte de la guerra. Los cristianos y yazidis nunca fueron parte de la guerra, pero sí son víctimas de ella. Y no se trata sólo de las noticias en los medios de comunicación, se trata de personas reales sufriendo cada día. Son personas que necesitan ayuda, y sin ayuda no pueden vivir como seres humanos. Necesitan ayuda para quedarse o irse, en cualquier caso, necesitan ayuda. Las minorías en Irak, Siria, Líbano y demás países, están descontentas por la manera en la que Europa ha dado la bienvenida a muchos refugiados que han entrado en Europa de manera ilegal, mientras que imposibilitan la llegada de refugiados por medios legales, lo que se traduce en discriminación. Todos aquellos que no querían ir a Europa de manera ilegal, confiaban en que si presentaban su caso por medios legales serían aceptados. En muchos casos ni siquiera tuvieron la oportunidad de presentar su caso y ahora se sienten atrapados.En Irak no pueden vivir en sus comunidades, en su país, tienen más oportunidades si se van, pero están atrapados. No se pueden ir, necesitan ayuda.

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Entrevista realizada por Marta Isabel González. Fotos de CNEWA y Manos Unidas