Para romper clichés en el sector de las ONG para el Desarrollo

Hace un mes aproximadamente, pude participar en la Casina de Pío IV, Academia Pontifica de Ciencias Sociales del Vaticano, en el Décimo Aniversario de la encíclica CARITAS IN VERITATE titulado “Teoría y práctica del desarrollo”, organizado por el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral.

Quizá a estas horas, el Papa Benedicto XVI ya haya podido leer el libro o publicación que a posteriori se preparó para él con todas las intervenciones que allí tuvierno lugar. Para mi es increíble sólo pensarlo y muy emocionante.

Por eso y por si esa publicación no llega a vuestras manos, os comparto a continuación mi intervención íntegra. Son sólo cinco minutos.

Caritas in Veritate, una encíclica que ayuda a romper clichés en el sector de las ONG para el Desarrollo

Excelencias. Señoras y Señores:

Ahora se cumplen 10 años de la publicación de esta maravillosa encíclica. Y, como en nuestra vida de Fe todo está entremezclado con nuestra propia historia, permítanme que, para explicar lo que en parte  “Caritas in Veritate” significa para el trabajo de las ONG Católicas de Desarrollo, les cuente una historia personal. Y es que el año que viene, se cumplen también 10 años de la defensa de mi Tesis Doctoral sobre “Comunicación para la Solidaridad” en la que tuve la ocasión de estudiarla y trabajarla.

Por eso cuando desde CIDSE, la red internacional que engloba a 18 de las principales ONG católicas para el Desarrollo y la Justicia Social de Europa y Norteamérica, con sede en Bruselas, y donde soy  Responsable  de Comunicación y Prensa, me propusieron ser su representante en este aniversario tan especial, me sentí muy honrada, porque con el trabajo de esta encíclica y gracias a su análisis y profundización pude descubrir las siguientes tres enseñanzas que comparto:

  1. En primer lugar, después de leerla, y haciéndome eco de la llamada en la que la encíclica recuerda en su punto 79 que El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios, decidí dedicar una parte de mi investigación a estudiar “La aportación de la Iglesia Católica al sector de las ONG y la necesaria revalorización del concepto “Caridad””. (Utilicé en esas 27 páginas un total de 13 referencias a la encíclica).

Y es que muchas veces en España, en el sector de las ONG de Desarrollo, la palabra “caridad” se encuentra muy manoseada y desprestigiada. Y yo, como comunicadora profesional en organizaciones de desarrollo, pero sobre todo como católica no podía evitar sentir una especie de pinchazo en mi interior cada vez que oía hablar de la “caridad” como si su único significado posible fuera el del peor modo de ayuda asistencial.

¿Cómo no revalorizar la “Caridad” cuando toda “santa indignación” ante las injusticias, los expolios y acaparamientos de tierras con el único afán de estrujar al máximo los recursos naturales; cuando todo afán por el desarrollo y lucha contra la pobreza y el hambre, que es evitable y sólo persistente por culpa de nuestro egoísmo y la avaricia de unos pocos; cuando toda vergüenza que sentimos ante los efectos de las guerras, el sufrimiento de los refugiados y también de los desplazados a causa de la emergencia climática que vivimos; cuando toda búsqueda de una vida mejor para todas las personas del planeta, brota en nuestro corazón, lo sepamos o no, inspirada por quien es la Caridad, el Amor con mayúsculas?

No podemos ser indiferentes al sufrimiento. Nuestra única respuesta sólo puede ser dedicarnos a dar nuestra vida por los demás, como nos pidió Jesús. “Amaos como yo os he amado”. Y hacerlo con fidelidad a la Verdad, que es también, por cierto, la máxima del buen periodista y comunicador.

  1. En segundo lugar, en mi afán personal y académico por profesionalizar el trabajo de las ONG y el Tercer Sector, descubrí que, como casi siempre Dios es “el Dios de las sorpresas” y con Él las cosas son, casi siempre, del revés: a contracorriente de algunos órdenes establecidos en el mundo. Porque también en esa época se desprestigiaba el trabajo de los misioneros y misioneras en el mundo como agentes de desarrollo reconocidos. Se les consideraba como si fueran “menos profesionales”. Pero yo descubrí que la vocación cristiana, o, dicho de otro modo: que el hecho de que hagas todo lo que haces por los demás por amor a Dios, nunca te resta profesionalidad, al contrario. Pues son precisamente esos misioneros (religiosos y laicos), los que, si hay guerra, epidemias o desastres, no se van.

Ellos y ellas son a menudo los  principales socios locales en las ONG de Desarrollo católicas (y de otras que no se significan como católicas). Pero es que, además, en su máxima sencillez y sin presumir de ello, esos misioneros y misioneras tienen muy a menudo currículos y perfiles profesionales tan o más sólidos que los de muchos cooperantes profesionales. No quiero con esto desprestigiar a nadie. Cada uno es quien es. ¿Pero, por qué ese afán de no aceptarlos como profesionales de la Cooperación al Desarrollo? ¿Sólo por ser creyentes y vivir en coherencia su vocación y entrega?

  1. Y, en tercer lugar, y quizá lo más sorprendente fue que en esa época, hace diez años, yo no sólo investigaba la Comunicación para la Solidaridad, sino que trabajaba, como ahora, como Responsable de Comunicación en una ONG. Pero en esos momentos no era precisamente una ONG católica, aunque como muchas en España, había nacido en la Iglesia.

Esa organización estaba especializada en realizar campañas de sensibilización y educación para el desarrollo en apoyo del Comercio Justo y la incidencia política y el activismo accionarial para cuidar del medio ambiente y los derechos laborales en la cadena de producción de ropa. En esos momentos, iniciamos una campaña especializada en promover las Finanzas Éticas y para animar a que, lo mismo que nadie quiere consumir productos que dañan la naturaleza y a las personas que lo producen, tampoco deberíamos querer tener cuentas bancarias en las que detrás de ciertos fondos de inversión haya quizá armamento ilegal, clínicas abortistas u otros negocios contra los derechos humanos o contrarios a nuestra conciencia.

Pues bien. En esos momentos se publica la encíclica que hace una crítica feroz a ese sistema financiero inhumano y corrupto. Yo, como católica, no cabía en mí de gozo. Pero ¿cómo proponer a mis colegas, casi todos ajenos al mensaje de la Iglesia, una encíclica como documento de trabajo? Pues claro está: ¡porque cada encíclica, no lo olvidemos, va dirigida también “a todos los hombres (y mujeres) de buena voluntad”! Y ahí entramos todos.

Al final no fue tan difícil, usamos la encíclica. Y también mis colegas se dieron cuenta de que  la  mayoría de las instituciones que se unieron para impulsar las Finanzas Éticas en esos momentos en España, eran grupos de católicos comprometidos, organizaciones católicas de desarrollo y algunas congregaciones de religiosos y religiosas.  Todos ellos ejemplos claros de Doctrina Social de la Iglesia en acción, que es otro modo de evangelizar.

Concluyo mi intervención diciendo que, personalmente, junto a Evangelium Vitae, de Juan Pablo II, “Caritas in Veritate” me marcó profundamente. Se convirtió en la Encíclica que más me ha influido. Reafirmó mi vocación como periodista y comunicadora en este Tercer Sector de la Solidaridad y el Desarrollo Humanos. Y ahora, junto a ella está  “Laudato Si”. Ambas de dos Papas que este tiempo tan especial de la historia nos hace compartir: uno emérito, europeo, alemán, intelectual. Otro en activo (y tan en activo), americano, argentino, un pastor con olor a oveja, como a él le gusta definirse.

No puedo más que dar gracias a Dios por haber nacido en este tiempo de Papas extraordinarios. Y estos dos Papas actuales, y sus encíclicas, son a mi juicio caras de una misma moneda. Esa moneda es nuestra Iglesia, somos nosotros, unidos desde siempre a los más pobres y para trabajar por un mundo mejor a través de la Doctrina Social, el Desarrollo y la Solidaridad.

Dos Papas. Dos caras de una única moneda: la Iglesia, que debe seguir invirtiendo en el único banco y negocio que merece la pena: dar la vida por los demás, por los más desfavorecidos, por un mundo mejor, porque el Reino de Dios llegue de verdad a todas las personas del mundo.

Así se lo pido, hoy y siempre a la Virgen, María Inmaculada, Madre del Amor Hermoso, Madre de Jesús-perfecta-Caridad.

Muchas gracias

 

Dra. Marta Isabel González Álvarez
www.migasocial.com Twitter @migasocial
Responsable de Comunicación y Prensa en CIDSE www.cidse.org
Media and Communications Officer CIDSE www.cidse.org

 

 

(Mi) Decálogo de Bruselas

Ahora que termino esta etapa en la que he vivido casi un año aquí en Bruselas (Bélgica), no puedo evitar publicar un post un poco más largo de lo habitual, con una temática un poco diferente a las que suelo y que refleje de alguna manera eso que tantas personas me han preguntado en este tiempo: ¿Y qué tal, te gusta Bruselas? ¿Y qué es lo que más te gusta de Bruselas? ¿Y lo que menos?

Como pequeña introducción debo contestar a la primera pregunta planteada más arriba: muy bien, sí, me gusta Bruselas. Algunas caras al responder esto siempre me miraban asombradas pues en general esta ciudad no gusta a todo el mundo. Casi siempre se viene por trabajo, a reuniones, con prisas y sin demasiado tiempo para descubrirla. O de turista, en cuyo caso es casi peor, pues decepciona porque no es tan espectacular como otras capitales europeas ni tan bonita como otras ciudades belgas, especialmente Brujas o Gante.

Parafraseando a mi amiga Josianne, en una descripción que hizo y que me encantó diré que, Bruselas es como “la hermana fea de París”. París es esa mujer hermosa a la que todos quieren acercarse a conocer, pues es bellísima. Su hermana, Bruselas, es la hermana fea. Pero quienes se acercan a ella descubren que, sin ser tan guapa como su hermana, es, sin embargo, una mujer más interesante.

Viviendo aquí y si te ocurre como a mí, llegas a amar de verdad esta ciudad. Pese a todos los pesares (en los que luego ahondaré). Descubres sus rincones, su vida artística y cultural, el jazz, sus barrios y trazado a modo de patchwork en los que se entrelazan las zonas: a ratos creerás estar en una ciudad árabe, probablemente en Turquía (más del 23% de la población es musulmana), al otro rato en uno de los más importantes centros económicos y políticos del mundo, y al otro, en una coqueta y señorial ciudad del norte de Europa.

Bruselas huele a gofre recién hecho. Suena a las campanas inconfundibles de sus tranvías. Sus adoquines te harán tropezar a menudo. Su viento y su lluvia y un clima constantemente cambiante, te harán desear no haber venido. En una esquina de la Gare Central un violinista toca virtuosamente. No muy lejos de él, en la explanada de la estación, un grupo se manifiesta en favor de los derechos de algún país, latinoamericano, africano o de Oriente Medio. Aquí estás en una pequeña ciudad, de no muchos habitantes, y sin embargo tu contacto con población de todos los continentes es una constante. Bruselas sorprende, si te dejas.

Así que, allá va mi muy personal decálogo de Bruselas. Decálogo en positivo y en no tan positivo, es decir, las diez cosas que me gustan y las que no me gustan tanto. Y aviso, están colocadas en orden aleatorio, no de más importancia a menos.

Espero que os resulte como poco, entretenido. Y si venís a visitar la ciudad, o a vivir aquí, no olvidéis algunos de estos puntos. Seguro que os resultarán útiles. Ya me lo contaréis.

LAS DIEZ COSAS QUE ME GUSTAN DE BRUSELAS

1. Silencio. Evidentemente todo es cuestión de con qué se compare, pero para mí, llegando desde Madrid, Bruselas ha sido una especie de “retiro espiritual” continuo. Los coches no pitan, la gente habla bajito, la música nunca es estridente, incluso viviendo casi en el centro hay tranquilidad, silencio… Lo notas sobre todo al regresar de nuevo a Madrid, o aún más si vas a Roma desde Bruselas: el contraste es increíble.

2. Educación y camaradería: de nuevo depende de con qué se compare, pero en Bruselas he disfrutado mucho con la amabilidad, la educación, la urbanidad y la camaradería que se ha perdido en otras latitudes. Si, la gente es más fría, menos efusiva en sus maneras. Pero, nadie te empuja en el metro. Todo el mundo espera a que salgas de cada lugar antes de entrar. Te sujetan las puertas. Nadie se choca contigo pues todo el mundo sabe guardar su derecha al caminar. Te ayudan si te ven muy cargada…vamos, todas esas cosas de la buena educación que no sé por qué hemos perdido un poco en España, especialmente en Madrid. También en el tráfico se nota esto. El colmo de los colmos es esta anécdota que he contado varias veces y que me dejó perpleja la primera vez que me pasó: yo estaba en una esquina de una calle céntrica, esperando a cruzar porque pasaba un bus urbano y no había paso de peatones. Al llegar a mi lado el autobús se para. Yo miro alrededor pensando “¿por qué se para, qué pasará?” Pero ¡no! ¡El autobús se paraba para que yo cruzara! ¡Sin paso de peatones! Yo crucé, y sonreí agradecida a la par que alucinada. Esto me ha pasado muchas otras veces y no por ello me dejo de sorprender.

3. Instituciones europeas y ambiente joven y cosmopolita: es algo evidente que Bruselas es el Centro de Europa, no sólo geográficamente, sino institucionalmente: Comisión Europea (y todos sus organismos asociados), Parlamento Europeo, Consejo de Europa…. En total 43.000 personas trabajando para las instituciones europeas (32.000 en la Comisión Europea, 7.500 en Parlamento y 3.500 en Consejo). A esto se suma la cantidad de lobbies, oficinas de grandes compañías y por supuesto de ONG que están ubicadas en Bruselas. Todo ello la convierte en una ciudad joven, inquieta, con una energía increíble, con ganas de prosperar, con ganas de hacer contactos (el networking es sin duda uno de los “deportes favoritos” de la ciudad). Y muchos estamos de paso: cerca del 10% de la población actual de Bruselas, por ejemplo, está compuesta por personas que llevan viviendo en Bélgica menos de tres años. Pero además, es una de las ciudades del mundo con mayor diversidad de nacionalidades en cuanto a densidad. De hecho, el 75,6% del millón de habitantes de la capital belga tiene origen extranjero, es decir, son ciudadanos de otro país, son inmigrantes nacionalizados belgas o son hijos de padres extranjeros. Y todo esto en una ciudad de menos de 1.200.000 habitantes. En 15 minutos puedes estar en la otra punta (161 km cuadrados de ciudad). En definitiva, si lo que te gustaría es ir a Nueva York pero la idea se te hace muy lejana, yo te invito a cambiar el chip por uno más Europeo y venirte a Bruselas, mucho más acogedora, más cercana, más manejable y además, hablarás inglésy francés, pero casi seguro que también escucharás hablar en tu propio idioma a menudo.

4. La Grand Place: pues no lo puedo evitar: cada vez que paso por ella el alma se me sobrecoge. Es una de mis plazas favoritas en el mundo. Su belleza es tanta y la altura de la torre del ayuntamiento tan imponente y esbelta, su iluminación por la noche, los colores de los edificios de día, todas las historias que hay en cada uno de ellos…Es como entrar en un libro de historia, de arte o en una novela. Sentarte allí y tomar una cerveza en una de sus terrazas no es precisamente uno de los caprichos más caros de la ciudad, y en mi opinión siempre merece la pena. Es además, como es lógico, sede de muchos de los momentos especiales de la ciudad incluyendo conciertos o el principal lugar donde se pone el nacimiento y el árbol de Navidad.

Los nombres que allí veréis os darán pistas de cómo ha sido la historia de Bruselas y lo diferentes que son sus dos principales comunidades: los franceses la llama “Grand Place”, los flamencos “Plaza del Mercado”; el edificio de enfrente del ayuntamiento (ahora Museo de la Ciudad) es llamado “Casa del Rey” por los franceses y “Casa de la Panadería” por los flamencos…y así. Mil historias. La más impresionante quizá la de por qué el edificio del ayuntamiento es irregular y que ocurrió con el arquitecto que lo diseñó. Porque …es irregular ¿te habías fijado, verdad? Te dejo la foto…Pero para saber la historia que cuentan de su arquitecto, tendrás que venir a Bruselas. Y si quieres conocer más detalles, cada mañana encontrarás en el centro de la plaza varios guías con paraguas de colores, dispuestos a contarte, a cambio de un donativo, muchos de los secretos que guarda la Grand Place y también el resto de la ciudad.

5. El tranvía: puede ser que no repares en ellos. A mi me resultan encantadores. Reconozco que viniendo de Madrid, y antes de León, ciudades en las que no he conocido nunca tranvías, para mi es algo exótico y me encantan las ciudades con tranvía. En Bruselas son especialmente bonitos, incluso los más modernos. Pero es que Bruselas conserva también, como tantas otras cosas que se conservan en la ciudad, las versiones más antiguas de sus tranvías. Algunos que hay circulando pueden ser cercanos a la fecha de la foto que os pongo aquí debajo. En serio. O como mucho, de los años 80. Y esos tranvías son como de juguete. Las personas nos sentamos dentro casi en cuclillas, sin parecer asombrarnos del tamaño tan pequeñito de sus asientos. Las puertas correderas se abren y en medio hay una barra, por lo que si eres un poco grande, hasta te puede costar entrar y salir. Pero como ya he dicho anteriormente, como todos aquí nos organizamos muy educadamente, al menos tienes la seguridad de que no habrá nadie empujándote impacientemente, ya que todos sabemos además, que son tranvías antiguos y hay que bajar y subir con algo más de cuidado y tiempo. Último apunte: su campana. Me parece uno de los sonidos de la ciudad. En el silencio de Bruselas suena el “din don” inconfundible de sus tranvías circulando.

Mis favoritos: el 92 y el 93, que pasan siempre por Rue Royal y desde ellos puedes disfrutar de algunas de las zonas más bonitas de la ciudad: Santa María, Columna del Congreso, Parc, Palacio Real, Plaza Real con el museo Magritte y la maravillosa vista del Museo de Instrumentos Musicales y la aguja de la Grand Place vista desde el Monte de las Artes, Museos Reales de Bellas Artes, Petit Sablon, Sinagoga, Palacio de Justicia y allí gira hacia Avenue Louise y otra ciudad se abre ante tus ojos. Coger uno de estos tranvías es disfrutar todo a ritmo lento. Disfrutar de las vistas. Por cierto que aquí la gente no va tan pegada al móvil como en Madrid. Otro rasgo interesante de esta sorprendente ciudad.

6. Los adoquines, su arquitectura y sus rincones que enamoran: en el punto anterior ya he dejado caer algunos de esos rincones “imperdibles” de Bruselas. Pero luego están esos otros rincones que no vienen en las guías y por los que no pasan siquiera los tranvías. Una de esas zonas es Saint Gilles (homenaje a mi amigo Giorgio) que se ha puesto de moda en los últimos años y que vendría a ser una especie de mezcla entre los madrileños barrios de Lavapiés y Antón Martín. La última reforma de su plaza (Parvis) convirtiendo en zona peatonal algo que antes, al parecer estaba repleto de coches, ha sido un verdadero acierto. En la foto, aspecto de esta placita con su iglesia al lado, tomada desde la terraza del Café Maison du Peuple, otro “imperdible” si vas por la zona.

Pero no sólo Saint Gilles, pues como veis este punto del decálogo es algo más genérico. Hablo de los adoquines, que hacen que la ciudad tenga aún más encanto. Aunque es cierto que también hace que te puedas dislocar el tobillo. Por eso he recomendado desde el principio a quien me venía a visitar, lo que a su vez me recomendaron otras personas a mi al irme a vivir: no te traigas tacones, zapato cómodo, a poder ser botas. Y es así. En Bruselas se nota quién vive allí de hace mucho porque incluso los funcionarios de las instituciones van a trabajar con calzado cómodo. Y cuando ves a alguna chica con tacones sabes de inmediato que está de visita y que, probablemente es su primera vez en la ciudad. A la próxima, seguro, no volverá a meter sus stilettos.

Y por último, esos otros rincones, tantos que no podría acabar nunca, como la “secreta” Place de la Liberté con el Caberdouche, para tomar algo y disfrutar. Rincones como estas fotos que os comparto. Luz que ilumina edificios preciosos. Con otros modernos al fondo. Zonas como Sablón con calles y placetas como la que veis debajo. Y bueno, todo lo antiguo aquí manda; tanto arquitectónicamente, como en la mayoría de los interiores de los edificios. Hierros forjados en balcones, la tan típica forma de sus casas de cuento… En fin, una delicia para todo aquel que sepa apreciar la belleza de “la hermana fea de París”.

7. Una ciudad para pedalear: Es cierto, soy una biciadicta, si es que el término existe. Y Bruselas es una ciudad “bici-friendly” como se suele decir en inglés, es decir, ideal para quienes nos gusta movernos en bici. Es habitual cada mañana ver cientos de ciclistas en acción con bicis clásicas, bicis de montaña, bicis plegables, bicis con motor eléctirco, bicis con carritos para bebés: bicis de todos los modelos. Con frío, con lluvia, con viento…siempre pedalean como si nada. Las bicis pueden entrar (sobre todo si tienes una plegable como era mi caso) en todos los lugares, y cuando digo todos es todos: restaurantes, incluso iglesias. Y una de las fotos que veis aquí es de un parking para bicis que había en una oficina. Me pareció genial. Y no os perdáis el cartel en el que se facilita la localización de la bomba para inflar las bicis, por si necesitas.

Es habitual ver a la gente que deja aparcadas las bicis con sus alforjas, nadie roba nada. Hay una camaradería especial para las bicis. Y las puedes comprar fácilmente de segunda mano, pues el mercado es enorme.
Claro que, de nuevo, todo depende de comparaciones y entiendo que si sólo estás acostumbrado a pedalear en Ámsterdam, Bruselas te pueda parecer quizá muy salvaje y algunos me han dicho “¡Pero si se pierde muchas veces el carril bici!”. Y yo pensaba, “ya, pero es que no sabes lo que es pedalear en Madrid desde el año 2007 y cómo son allí los carriles bici”. Pero sobre todo, qué diferente es el respeto que se tiene por los ciclistas en Bruselas. Lo que decía de los modales y la educación más arriba, lo repito aquí. Y es que, conduciendo mi bici, aquí que puedes circular en bici en sentido contrario, también me ha pasado varias veces que los autobuses frenen un poco dejándome pasar a mi primero en un cruce sin mucho espacio. La misma situación en España, Madrid, concretamente, sería impensable. Y no puedo imaginar los gritos que me espetaría el conductor. Claro que, por lo que parece, aún queda tiempo para que en Madrid nos dejen circular a las bicis en sentido contrario, cosa que es muy habitual en la mayoría de capitales europeas. ¡Ojalá en Madrid esto cambie pronto!

8. El francés: claro, si te gusta el francés. Pero para mi el colmo de haber vivido en Bruselas es haber podido trabajar en inglés 8 horas (o más) al día y luego vivir en francés en lo cotidiano. No puedo obviar contaros que el francés no es el único idioma, obviamente, ya lo sabéis: es cooficial con el flamenco. Todos los carteles de cada calle, del metro, del tren, los veréis siempre escritos dos veces, o pasando dos veces en la pantalla: Una vez en francés, otra en flamenco. Flamenco no he aprendido (aunque me hubiera encantado aunque fuera aprender el “Padre nuestro” ya que he participado en algunas que otras misas en flamenco). Pero en este tiempo lo que sí he mejorado ha sido mi nivel de francés. Me apasiona a la par que me desespera, pues nunca siento que sepa suficiente ni que lo hable medianamente bien. Claro que, tampoco tengo mucha gente con quien hablarlo. Pero en comprensión, sí he mejorado mucho. Algunas de sus palabras me encantan: Maintenant, Éternelle, Propre, Grandir, … Y tengo que agradecer especialmente la paciencia y cariño que ha tenido conmigo mi querida Florence (la profesora de L’Alliance Française que he tenido este tiempo), gracias a la cual he podido descubrir algo más de literatura francesa y leer en francés y disfrutar enormemente con David Foenkinos en su precioso libro “Charlotte”. Prometo seguir estudiando francés hasta que logre que nadie ponga cara de extrañeza cuando me oye hablar con mi fuerte acento español y esa “e” que me cuesta tanto. (ya sabe Florence cuál).

9. Comida Bio, cervezas (trapistas), gofres, chocolate…¡Cuánto echaré de menos esto cuando no esté en Bruselas! Sólo lo sabes al irte. Y es que todo o casi todo aquí es bio, sano, natural…Hay una verdadera “fiebre buena” por lo vegano, lo vegetariano, lo ecológico, el comercio justo, lo sostenible… Es de envidiar pues en esto nos llevan la delantera a muchas capitales. Quizá no encuentres tanta variedad en su gastronomía, ni en sus supermercados. Pero eso si, encontrarás algo bio, ecológico y económico, pues como es lógico, al haber más consumo también bajan los precios.

Y qué locura el mundo de las cervezas aquí. Es una verdadera cultura en la que, poco a poco (o no tan poco a poco) entrarás. Te ofrecerán en cualquier bar una carta enorme llena de variedades de cervezas que poco a poco irás conociendo pero nunca conocerás del todo pues hay más de 1.500 marcas y 700 sabores diferenciados. Yo podría resumir que las hay: suavecitas y afrutadas como las “blancas”, cervezas rubias o tostadas con más cuerpo tipo abadía o trapistas con su logo de diferenciación (en mi opinión las mejores y que fueron forjadas en los monasterios homónimos), frutales (cereza, frambuesa, plátano …y hasta volverse loco con muchos más sabores), IPA (Indian Pale Ale) que tienen su origen en el empeño por hacer en cerveza en lugares cálidos, como India… Mira en este link que te pongo aquí la selección de mejores cervezas y una explicación más detallada de los diferentes tipos de cervezas que encontrarás

Si vienes y tienes ocasión visita lugares como “A la mort subite”(una cervecería encantadora y con mucha historia) o el famoso “Delirium” (mucho más turístico). Siempre te servirán cada cerveza con su recipiente apropiado. Nada de usar cualquier copa o vaso, tendrán grabado su nombre y todo el mundo sabrá qué te estás bebiendo. Eso si, no te pondrán nada para comer, y tendrás que soportar los entre 5 y 12 grados que pueden llegar a tener las cervezas, sin tomar nada. Si tienes suerte en algunos sitios te pueden dar “gratis” algún “snack” que suelen ser unas pocas de galletas saladas en un mini cuenco. Pero a cambio, eso si, no te preocupes de dejar propinas. Nadie (o casi) lo hace.

Por último, obviamente, el chocolate y los gofres se merecen especial reseña. Del chocolate, con saber algunos nombres es más que suficiente: Mary, Neuhaus, Godiva. Y en pascua los huevitos de Leónidas. Y de los gofres qué decir: su aroma se extiende por la ciudad, evidentemente sobre todo en las zonas más céntricas. Y las variedades de acompañamientos son enormes. Eso si, hay que diferenciar el clásico gofre de Lieja: el que comemos más en España, que es más azucarado y durito. O el gofre de Bruselas o gofre belga clásico: que viene siendo como un crep más esponjoso, más grande y sin tanta azúcar. Este es el que veis en la foto de arriba, con muchísimos tipos de acompañamientos. E incluso, en algunos lugares, lo usan como pan para hacer sándwiches de pollo o hamburguesas.

10. Sus planes culturales. Especialmente musicales y siempre buenos. Misa/concierto: a veces en España hay conciertos en las iglesias, especialmente en Navidad, en Pascua… En Bruselas cada misa dominical, es un mini-concierto. Lo habitual de hecho es recibir a la entrada de la iglesia un pequeño librito que no sólo contiene las lecturas y oraciones del día, sino además las obras que serán interpretadas y como en Nuestra Señora de Sablón, incluso alguna que otra anécdota de los autores o piezas interpretadas. Pero no sólo las iglesias, las calles están llenas de música, y música buena. Triunfa el Jazz, pues Bruselas ha sido y es una de las ciudades emblemáticas de este género musical. Pero en general, la vida cultural de Bruselas es muy rica y la gente participa en cada festival, en cada propuesta de música callejera, teatro, concierto… Otra de mis razones para amar esta ciudad. Y para rizar el rizo, mi vecino de arriba estudia piano, y ya está en los últimos cursos, así que la primera vez que me desperté oyéndole tocar su piano de conciertos, pensé, simplemente, que ya me había muerto y estaba en el Cielo.

LAS DIEZ COSAS QUE NO ME GUSTAN DE BRUSELAS

Pero no todo podía ser de color de rosa. Está claro. Así que ahí van esas cosas que poquito a poco te van sacando de quicio. Algunas de ellas te hacen preguntarte en qué momento se te ocurrió venir a vivir aquí. Pero bueno, ninguna de ellas han hecho, al menos en el tiempo que yo he vivido aquí, que me haya querido marchar.

1. Los semáforos no parpadean y duran muy poco. Pues seguramente os sorprenda que la primera cosa que diga no sea el clima. Lo diré, si, pero más adelante. La primera cosa que logró sacarme de quicio es la cuestión del tráfico, especialmente lo mal regulados que están los semáforos. Y que antes de cerrarse, muchos de ellos, no parpadeen para avisarte de que se cierran. Sólo en algunos casos contados y en zonas más de “negocios” o “instituciones” hay semáforos que incluso te dicen los segundos que quedan para que se pongan en verde o los que quedan para que se vuelva a poner en rojo. Especialmente me ha desesperado el tercer semáforo que te encuentras en el cruce de Arts-Loi, yendo desde el Parque Royal (Parc) en dirección Parque del Cincuentenario por la zona de los números pares en Loi (el penúltimo antes de llegar a la esquina del Carrefour). Cientos de personas pasan cada mañana por ahí. Cientos de personas que nos desesperamos para poder cruzar. Que a punto estamos de que nos pillen, pues además los coches hacen un giro extrañísimo para el peatón. Pero la cuestión es la duración del semáforo. Directamente, no digo más, os pongo el video y vosotros juzgáis (y dáos cuenta de cómo se cierra el semáforo, sin previo aviso).

2. Obras en todas partes y que duran una eternidad: está claro que en la gestión de la ciudad algo pasa. Las obras no son normales. Y todo está lleno de obras. Como decía mi amiga Ángela, la bandera belga no debería ser la que es, debería ser azul y amarilla, porque toda la ciudad está llena de esas balizas especiales. Se cierra una calle y ya está. Y no les importa cerrar avenidas de las principales (imaginad la Castellana bloqueada semanas). Y las obras avanzan lentísimas. ¿tendrá que ver con cierta corrupción municipal que me han contado que existe? No sé, pero esta situación acaba formando parte de tu día a día y acabas sufriéndolo, antes o después. Debajo os dejo unas fotos de obras en Arts a la altura de Belliard, y dos más de obras en plena zona turística del Palacio Real. Y viendo los adoquines pensarías “¡qué bien, por fin van a arreglar el pavimento lleno de huecos y baches!” No, no te hagas ilusiones. Y sigue prestando atención de dónde metes el pie. O acabarás dislocándote un tobillo.

3. El clima: si, este es el principal tema cuando alguien desde España te pregunta si te gusta Bruselas. Es así, el clima, no es bueno. Pero tengo que aclarar que lo peor no es la lluvia: fina o algo más gruesa, pero casi constante. Tampoco es esa omnipresente nube gris oscuro, que parece no quitarse casi nunca y que no deja ni siquiera intuir el azul del cielo. No es el frío o la oscuridad que dura tantos meses. O el calor húmedo de bochorno, que llega sin previo aviso en verano y que puede durar semanas sin posible solución, pues no existen casi lugares con aire acondicionado y no hay una sola piscina al aire libre. Tampoco lo es el clima cambiante, que te hace vivir varios días diferentes en un sólo día. No. En mi opinión, y casi nadie lo cuenta, lo peor es el viento. La foto muestra la realidad. El viento ha tumbado esa farola en la Avenue Louise. Los paraguas, no lo resisten. Yo en menos de un año he roto ya dos. Si tienes un buen chubasquero abrigado e impermeable, tráetelo: será la prenda que más usarás. A veces te da la sensación de estar en el Cantábrico: Santander, Gijón, o incluso San Sebastián. Pero miras alrededor y no, no hay mar, aunque no está lejos, eso es cierto. Y además, el viento hace que el frío sea mayor cuando hace frío. Pero en fin, es lo que tiene estar por estas latitudes: Bruselas es así.

4. La basura: de nuevo otra cuestión de gestión municipal. Increíble pero cierto. Te vas a encontrar cada noche la siguientes escenas. Calles llenas de bolsas de basura de varios colores.

Pues sí. Así han decidido gestionar los residuos en esta ciudad. Nada de contenedores comunes. Cada vecino saca su propia bolsa de basura y mirará atentamente en la pared de su portal, cuándo toca sacar cuál. Y para colmo, los colores no son los mismos que en España: azul aquí es para los envases de plástico y tetrabrics (aunque, ojo, tampoco son los mismos que meterías en España en el contenedor amarillo). Y el amarillo, aquí es para el papel. Así que tardas un poco en acostumbrarte . Y yo he estado utilizando, constantemente las imágenes que os pongo a continuación: qué echar en qué bolsa y qué día y horas sacarla a la calle. Y la cosa tiene más importancia de lo que podría parecer, porque si te equivocas y metes lo que no debes, los funcionarios que recogen tu basura, pueden llegar a abrir tus bolsas, identificarte por tus restos y multarte como poco con 150 euros por meter lo que no debes (y esto no es mito urbano disuasorio, es real). Eso si, esta complicada gestión no parece importarles tanto a los del ayuntamiento. Ni estropear el aspecto de sus bonitas calles, tampoco.

5. Los horarios de las comidas: pues si, a lo de la basura te acabas acostumbrando. Te acaba haciendo muy responsable de tus desechos y por fin acabas acordándote de que si es domingo o miércoles por la tarde ya puedes bajar la basura. Pero a algo a lo que, al menos yo, no he logrado acostumbrarme, ha sido a los horarios de las comidas. Lo sé, somos los españoles los que vamos al contrario del resto de Europa. Pero no encuentro normal cenar a las 18 h. (hora a la que suelen cerrar también casi todos los establecimientos). Y en cuanto al almuerzo, pues tampoco, porque nosotros a las 13 h normalmente tomamos un aperitivo, una caña con un pincho, como mucho. Pero no comemos. Aunque bueno, esa comida o almuerzo de las 13 h en Bélgica se suele limitar a: una crema o sopa + unas tostadas de pan con queso. Y ya. Y claro, ahí llego yo (si es que he desayunado suficientemente pronto como para poder tener hambre a las 13 h) con mi idea de lo que se come a mediodía: primero, segundo y postre. Y todo el mundo me mira sorprendido. Pero no tanto como cuando les digo que normalmente ceno a las 21 h., 21.30 h. o las 22 h. Y cuando les explico que en Madrid el segundo turno de cena empieza en muchos restaurantes a las 23 h.

6. Que no te sirven vasos de agua del grifo. Este punto es muy personal. Pero para alguien que es militante de esta cuestión de “bien público” y que bebe tanta agua, el presupuesto en Bruselas puede llegar a ser un problema si sales fuera a menudo; no te sirven vasos de agua. Es una lucha que intenté al principio, pero una lucha perdida. En contadísimas ocasiones y explicando que tenía que tomar un medicamento antes de cenar (cierto), me han servido un minúsculo vasito de agua. Pero no. Ni siquiera un vaso de agua después de tu café. Aquí lo paso mal con eso. Así que, siempre voy con mi botella en el bolso.

7. Los precios sobre todo en hostelería. ¿estás acostumbrado/a a comer de vez en cuando de menú en Madrid, por un importe, digamos, de entre 10 € y 15 euros incluyendo primero, segundo, postre, bebida y pan? Pues si es así, aquí lo vas a pasar mal. Se acabó comer fuera todos los días, excepto que tu economía te permita pagar por un sólo plato 15, 16 ó 17 euros, sin bebida, sin pan, sin postre, sin primero… Los precios de la hostelería en Bruselas están francamente desorbitados. Te acabas acostumbrando a pedir sólo un plato y como mucho, también bebida. Pero te mueres por volver a comer uno de los “menús del día” de Madrid. Eso si, cuando lo vuelves a hacer te parece increíble la cantidad de comida que comemos por ese precio, y es posible que ya no llegues a los postres, pues como digo, te acabas acostumbrando.

8. Los impuestos y la Sanidad. Verdaderamente un punto delicado. Impuestos y Sanidad. Si: el Estado se lleva más del 50% de tu sueldo. Y si, la Sanidad pública es muy mala. Casi nadie la usa, casi todo el mundo paga religiosamente su “mutua” la cual elige por creencias o partidos políticos. Para ir al médico de cabecera o incluso a que te pongan una vacuna, debes de pagar como poco 10 € la visita. Y ya del resto ni hablemos. Pero lo que más me ha dejado impresionada es que incluso las farmacias cobran cuando vas a alguna de ellas en horario “de guardia”. ¡Y yo que quería entrar a comprar una colonia de bebé (cosa que tampoco existe aquí en Bélgica, el estilo de “Nenuco” o las de Farmacia que tan habituales son en España)!. Pues menos mal que me fijé en el cartel que ponía en la puerta y que me dejó ojiplática: esta farmacia de guardia sólo abrirá para verdaderas emergencias. El coste mínimo por atenderle serán 5,45 €. Lo pagará su mutua o usted mismo, pero siempre en metálico No me arrepiento de no haber entrado, además nunca me hubieran vendido la colonia de bebé, pues como digo no existen aquí. Pero de lo que me arrepiento es de no haber sacado una foto a ese cartel, porque sé que muchos no me estaréis creyendo.

9. Timos en alquiler. Ojo cuando te vengas por primera vez. Mi familia fue testigo. En mi búsqueda de apartamento antes de mudarme a Bruselas estuve a punto de picar en un timo que luego vi que era habitual y denuncié debidamente: una casa a buen precio, con fotos de una casa agradable y en una buena zona. Al intentar poder concertar una cita, la persona te contesta que no puede enseñártela porque está viviendo en Londres por trabajo (¡qué curioso, en estos timos todos se han ido a vivir y trabajar a Londres!). Pero que si quería que fuera a enseñármela, para que supieran seguro que yo quería ver la casa y tenía intención de alquilarla, que le pagara ya por adelantado una cifra concreta. Al yo contestar que no, que por adelantado no iba a pagar nada, pero que si quería, al ver la casa, si se ajustaba a mis necesidades, le podía hacer el pago allí mismo, él insiste en que debo pagarle algo. Una cifra mucho más baja. Es decir, un timo. Luego descubrimos que cada foto pertenecía a casas diferentes. Y además, nadie te podía asegurar que esa persona con la que hablabas fuera la dueña del piso. Dicho lo anterior debo reconocer que yo he tenido en esto (como en otras muchas cosas que he vivido aquí) mucha suerte y bendición del Cielo. He encontrado una casita preciosa, mucho más bonita y amplia viéndola en persona que en las fotos. Muy céntrica. Totalmente equipada y amueblada con mucho gusto. Y a un precio razonable. Y mi casero, también es justo decirlo, ha sido honradísimo y una persona muy correcta y amable.

10.Gastronomía escasa, y la inmerecida fama de las “frites”: para terminar, la comida. Si, ya sé, hay quien dice que tanto los italianos como los españoles, siempre presumimos de que nuestra comida es la mejor del mundo. Pues bien: yo creo que sí, que en España la dieta es muy rica, saludable, asequible para comer fuera de casa y sobre todo muy variada. No he podido percibir lo mismo en Bélgica. Al final casi toda su gastronomía popular se resume en: mejillones con patatas (moules-frites) y carbonada flamenca (guiso de carne con salsa). Y alguna que otra albóndiga maciza con salsa dulce y densa. A mi, me ha gustado todo, lo reconozco (soy de buen yantar). Y especialmente me ha encantado la influencia francesa en parte de su gastronomía, sobre todo en el uso de la mantequilla en (casi) todo. Pero algo que me ha parecido francamente exagerado es la fama de las “frites”: patatas fritas que en teoría se hacen primero en aceite más frío para cocerlas y luego se sube de temperatura para freírlas. Pero vamos, que en la mayoría de los casos lo que te sirven son simples patatas fritas tipo congeladas. De verdad, de lo más normal. Fama inmerecida para un producto tan “estrella” de la gastronomía que hasta puedes encontrarlas incluso en la carta-menú de los aviones de Brussels Airlines (la primera vez que veo que te den un producto frito en un avión).

21 días que pueden cambiarlo todo

Cuando una amiga me invitó a escribir este artículo estaba en Roma. Allí he pasado casi todo este pasado mes de octubre implicada en el Sínodo para la Amazonía coordinando directamente dos de las  actividades paralelas celebradas dentro de  Amazonía Casa Común, y apoyando desde mi trabajo como Responsable de Comunicación y Relaciones con los Medios de CIDSE su presencia y la presencia de sus Organizaciones Miembro en otras muchas actividades programadas. Además he estado especialmente pendiente de la participación de nuestra Secretaria General, Josianne Gauthier en la asamblea como “madre sinodal”, de seguir de cerca y reaccionar ante cada una de las semanas de trabajo y he podido estar presente en las ruedas de prensa diarias en la Sala Stampa del Vaticano y siguiendo toda la información generada allí durante esos veintiún días.

Mi respuesta afirmativa fue inmediata. Pero no imaginaba lo difícil que sería resumir en tan breves líneas lo que hemos vivido estos días en el Vaticano en la celebración del Sínodo para la Amazonía. Este evento convocado por el Papa Francisco en 2017 y que en octubre de 2019 ha reunido a 250 personas entre obispos, religiosos y laicos: 185 padres sinodales y 35 madres sinodales.

No imaginaba lo difícil que sería resumir en tan breves líneas lo que hemos vivido estos días en el Vaticano en la celebración del Sínodo para la Amazonía

Durante 21 días el centro de la Iglesia se ha “descentrado” en el mejor sentido de la palabra y se ha llenado de “periferias” con la llegada de decenas de líderes indígenas de los 9 países Panamazónicos: Brasil, Venezuela, Guyana Francesa, Guyana Inglesa, Surinam, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y de cientos de personas que llegamos desde otros lugares del mundo y que acompañamos el caminar de estos pueblos, luchas, sufrimientos y tradiciones como el “buen vivir” que contrasta tanto con el estilo de vida consumista y desconectado de la naturaleza que hoy se vive en las grandes ciudades, en especial en Europa y Norteamérica.

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Jeremías (Maragua) y Jeremías (Mura), dos líderes indígenas de Manaos, Brasil durante la Eucaristía de apertura del Sínodo de la Amazonía, el 6 de octubre de 2019 en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Foto Marta Isabel González Álvarez.

Para llegar aquí hemos trabajado y rezado durante dos años, impulsados especialmente por la REPAM (Red Eclesial Panamazónica). Pero estos 21 días lo hemos hecho por el cambio: cambio de comportamientos y prácticas que mejoren la vida de las personas en la región de la Amazonía , el respeto de sus derechos humanos y sus territorios respetando además la preservación de los recursos naturales del que es el principal bioma del planeta; cambio en el comportamiento de la Iglesia allí encontrando “nuevos caminos” más adaptados a la realidad y características específicas de la población y el territorio en este ya avanzado siglo XXI; y finalmente, cambios en nuestros comportamientos y estilos de vida para lograr la práctica de una verdadera “Ecología Integral” y desde donde estemos cada persona, vivir una verdadera “connversión ecológica” que ayude a cuidar de la “madre tierra”, respetar sus recursos y agradecer sus dones mimándola como se merece.

Dicen que hacen falta 21 días para que una persona cambie uno de sus hábitos. Y esos 21 días son los que han hecho falta para que muchos de los participantes en el sínodo cambiaran su corazón y su mirada

Dicen que hacen falta 21 días para que una persona cambie uno de sus hábitos. Y esos 21 días son los que han hecho falta para que muchos de los participantes en el sínodo cambiaran su corazón y su mirada: escucharon las voces y llantos de los pueblos y de la tierra; de los directamente afectados por prácticas económicas feroces y modelos extractivos de minerales inhumanos y mortales para la tierra, el agua y el aire y que están aumentando la emergencia climática que vivimos y que afecta a la fiereza del sol y a los ciclos de lluvia y la agricultura.

Un momento del Viacrucis que recorrió las calles de Roma y el Vaticano el sábado 19 de octubre. Foto Marta Isabel González Álvarez
Un momento del Viacrucis que recorrió las calles de Roma y el Vaticano el sábado 19 de octubre. Foto Marta Isabel González Álvarez

El grito de la tierra y de los pobres ha ablandado corazones y estructuras mentales, y esto ha quedado patente en el Documento final del Sínodo que incluye 120 propuestas aprobadas por votación. Entre ellas 6  destacan de modo muy especial por mostrar algunos cambios que necesitan ser impulsados en la región de la Amazonía y que  podrían inspirar otros cambios más globales en la Iglesia en un futuro próximo: la ordenación de hombres casados en las zonas remotas de la Amazonía (111), la creación de ministerios eclesiales para las mujeres y el de “mujer dirigente de comunidad”(102), mayor participación de laicos “en la toma de decisiones, vida y misión de la iglesia” (94), la definición del “pecado ecológico” como “nuestra acción u omisión contra Dios, el prójimo, la comunidad y el ambiente” (82), la “ecología integral” como “único camino posible” para salvar la región y con ella al planeta (67) y el rechazo a toda evangelización irrespetuosa o colonialista (55).

El Papa decidirá con su discernimiento cómo actuar ahora, pero lo vivido en Roma y este sínodo ya forma parte de la historia y trae aire y esperanza para el planeta y quienes lo habitamos.

El río que nos une

Todo está conectado. Uno de cada cinco vasos de agua que bebes, se lo debes a ella. Una de cada tres lluvias que moja nuestra cabeza, los campos y renueva la atmósfera y la vida, se la debemos a ella. Ella es la Amazonía.

Las dimensiones descolocan. El río Amazonas es una enorme extensión de agua que a veces recuerda al mar. Para llegar a la Triple Frontera Colombia-Perú-Brasil lo mejor es ir a Bogotá y de ahí en vuelo nacional a Leticia. “Aquí sólo se puede llegar por avión o por barco” nos explica un taxista nada más aterrizar “pero claro, por barco y dependiendo desde donde se venga la distancia es de días, por ejemplo, desde Iquitos (Perú) se tardan más de 36 horas y tienes que hacer una noche en el barco”. Las distancias son enormes. El aislamiento de muchas comunidades, inevitable.  “Aquellas comunidades que están cercanas al río o a alguno de sus afluentes tienen más posibilidades de estar comunicadas. El río aquí une, no separa.” Esa es una de las primeras cosas que hay que entender y la primera de muchas concepciones que traemos de Europa, de otros países y zonas más desarrolladas y que aquí no nos sirven de nada. Teresa Urueña es miembro del Servicio Jesuita a la Panamazonía (SJPAN) nos explica esto y el porqué de tantas construcciones de palafitos. “El agua  del Amazonas no está siempre al mismo nivel, alcanza su nivel más alto en marzo y el más bajo en septiembre, aunque el cambio climático ha afectado ya un poco a estos ritmos”. Las extensiones de la Amazonía son también descomunales: 7,5 millones de kilómetros cuadrados (catorce veces la superficie de España) que implican el 43% de la superficie de Sudamérica y que se reparten irregularmente entre 9 países: en orden alfabético, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana y Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela. Irregularmente porque, por ejemplo, Ecuador sólo posee el 1,5% del total de la Amazonía, pero que supone el 43% de su superficie.

Barquero en el muelle de Caballococha (Perú). Foto Marta Isabel González Álvarez/ CIDSE & REPAM
Barquero en el muelle de Caballococha (Perú). Foto Marta Isabel González Álvarez/ CIDSE & REPAM

Su población también sorprende. Más de 3 millones de personas son indígenas pertenecientes a alguno de los 390 pueblos que se conocen (unos 137 pueblos no contactados). Hablan 240 lenguas pertenecientes a 49 familias lingüísticas y por supuesto sus cosmovisiones y tradiciones son muy diversas e imposibles de generalizar. Y cuando les escuchas te das cuenta de su sabiduría y de cómo, sin experimentos, han llegado a las mismas conclusiones que nuestros más reputados científicos “El agua del río está diferente. Sus ritmos han cambiado. También el sol está diferente, antes podías trabajar horas sin camisa en la chagra y no te pasaba nada: ahora te quemas” asegura Juan Enocaisa de El Estrecho, Reserva de Guepí, en el departamento del Alto Putumayo (Perú). Otra rotura de clichés.  Otra muestra de que aquí el mundo funciona del revés y que los sabios son los más humildes. Al ver la naturaleza cuidada durante milenios gracias a estos pueblos originarias te das cuenta de cómo Dios, una vez más ha entregado lo más valioso a los más sencillos. “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11,25-27).

Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam
Un niño en brazos de su madre miran al río Amazonas desde Islandia (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE y REPAM

“De hecho, para poder conservar la naturaleza y este bioma, el más importante del planeta, en realidad muchos de estos pueblos no necesitan nada más de nosotros que, simplemente, les dejemos en paz” afirma en Atalaia do Norte (Brasil) la chilena Cristina Larraín, voluntaria y activista del CIMI (Consejo Indigenista Misionario), un organismo creado en 1972 y vinculado a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil. Ella defiende a los pueblos del Valle del Javari, unos 6.000 habitantes desperdigados en 54 aldeas indígenas y 12 comunidades ribeirinhas a lo largo de un territorio con una extensión similar a Portugal.

Pero no les hemos dejado en paz. Y ahora la defensa de su territorio es esencial. En muchísimas ocasiones los indígenas están siendo vulnerados en sus derechos más elementales y sus tierras arrebatadas u ocupadas, en busca de minerales o madera. Y en los peores casos están siendo asesinados o agredidos en reyertas con empresas extractivas sin escrúpulos. Peligra su estilo de vida, ese “buen vivir” propio y que se basa en una “economía de subsistencia”, o dicho más modernamente “sostenible” o incluso “minimalista”, ya que no producen ni cazan ni pescan más que lo que van a consumir. Pero tanto la caza como la pesca está siendo alterada y la contaminación lo está arrasando poco a poco todo. “La selva está enferma.  El río se muere” nos repiten en las tres orillas de esta Triple Frontera.

Santiago Yahuarcani y Juan Enoicaisa sostienen el lienzo "La selva está moribunda". En Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE & REPAM
Santiago Yahuarcani y Juan Enoicaisa sostienen el lienzo “La selva está moribunda”. En Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE & REPAM

Para Juan Enocaisa, indígena Murui (bautizados como Huitotos en las épocas del Genocidio del Caucho, a finales del s. XIX, porque se pintaban con el fruto del Huito) está claro que “lo que ocurre es fruto de un desequilibrio en el conocimiento de culturas. Nosotros conocemos las suyas, pero ustedes no conocen las nuestras”. Y  no le falta razón, pues su cultura no es escrita, todo lo han ido comunicando oralmente de generación en generación, lo que es, sin duda, una de las más determinantes diferencias entre nuestras civilizaciones.

Un Sínodo histórico

“¿Y qué tengo yo que ver con la Amazonía?” Cuando el papa Francisco convocó en 2017 el Sínodo sobre la Panamazonía que tendrá lugar próximamente en Roma, algunos se hicieron esa pregunta. Lo sorprendente es que aún ahora alguien se plantee lo mismo o no comprenda la audacia de Francisco y su visión profética en este momento clave que vive no sólo la Iglesia, sino nuestro planeta y nuestra civilización. Si no giramos la mirada hacia esta región y logramos protegerla a nivel global con el mismo celo, o aún mayor, que protegemos en nuestros países las Reservas o Parques Naturales, la supervivencia de la humanidad está en peligro.

Una mujer retira agua de su barquita a la llegada a la Comunidad Nazareth (Leticia, Colombia) Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM
Una mujer retira agua de su barquita a la llegada a la Comunidad Nazareth (Leticia, Colombia) Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM

Este es un sínodo histórico. Tal y como explicó el cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los obispos durante el encuentro “Ecología Integral: una respuesta Sinodal para el cuidado de nuestra casa común” organizado por la REPAM y celebrado en marzo en la universidad de Georgetown (Washington DC), “se trata del primer sínodo de carácter ordinario centrado en un territorio. Ha habido otros sínodos sobre territorios, pero fueron sínodos extraordinarios”.

Pero también es histórico porque, aunque algunos querían que se celebrara en el continente americano, de algún modo, al celebrarse en Roma, en el Vaticano, Francisco pone en el “centro” de la Iglesia Católica, geográfica y simbólicamente este territorio situado al otro lado del océano. “Este sínodo pone en el centro a la “periferia”. Es una llamada de atención a los mil trescientos millones de católicos de la Tierra, y  también a los no católicos, sobre la importancia de esta región para la supervivencia del planeta y las dificultades que viven aquí las personas” asegura el padre Alfredo Ferro, miembro del SJPAN Y también, cómo no, una especial atención a las dificultades y retos de la Iglesia allí, que son muchos y muy variados. “Imaginad, la extensión de la Diócesis amazónica de Alto Solimoes (Brasil) es casi tan grande como Grecia, con 131.614,48 Km2 y una población de más de tres millones y medio de personas ¿cuántos sacerdotes creéis que la atienden? Dieciocho. Y para atender a las comunidades con cierta periodicidad es imprescindible desplazarse y para desplazarse rápidamente hay que usar lanchas que son muy costosas” asegura el orensano Don Adolfo Zon Pereira, obispo de esta diócesis desde 2015.

Dos jóvenes asisten a la eucaristía dominical en Nazateth (Leticia, Colombia). Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM
Dos jóvenes asisten a la eucaristía dominical en Nazateth (Leticia, Colombia). Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM

Esas dificultades se unen a otras como la interculturalidad e inculturación, la dificultad para poder celebrar los sacramentos, la falta de sacerdotes, misioneros, religiosos, hombres y mujeres, que ayuden a que la Iglesia siga siendo una ayuda real en la zona que promociona los derechos humanos de los pueblos indígenas y que los acompaña en su desarrollo. “Nosotros no contamos con más ayuda que la de la Iglesia católica y de algunas ONG.  ¿Y si no existieran los pueblos indígenas qué sería de la selva?” asegura Elver Isidio, Huitoto de la etnia Bora que es también el presidente del Consejo de Autoridades Administrativas de la comunidad de Cusi Munilla Amena, en Leticia. “Sentimos que la Iglesia católica nos apoya en nuestros derechos y la defensa del territorio. Antiguamente el poder de la Iglesia era un poder de oposición. Pero ahora se ha producido una reconciliación respecto al pasado”.

La iglesia soñada por la Amazonía

Mauricio López es el Secretario General de la REPAM (Red Eclesial Panamazónica), realidad que nació en 2014, como una iniciativa pastoral para articular las acciones eclesiales en el territorio en defensa de la vida y la Madre Tierra, nos facilita información detallada recogida en 265 informes fruto del proceso de escuchas sinodales previas a la redacción del Instrumetum Laboris que usarán las 250 personas que asistan este mes de octubre al Sínodo de la Panamazonía titulado “Nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral”, entre ellos 150 obispos que irán desde la Amazonía (101 obispos diocesanos y otros eméritos). “Esta información es fruto otras tantas asambleas, foros temáticos y nacionales y ruedas de conversación celebrados en 7 países de la Panamazonía y en los que participaron más de 87.000 personas pertenecientes a 172 pueblos o nacionalidades indígenas” nos explica López.

Al leer la información nos queda claro que se ha recogido una petición muy concreta por parte de la población: que la Iglesia deje de ser una iglesia acomodada, ensimismada, encerrada en el templo; clericalizada; alienada; autoritaria; vinculada con poder político y económico; burocrática, complicada y llena de normas. Pero también, que esa misma Iglesia reconoce sus sombras y asume que en ocasiones ha perdido su contenido social, apoyando pautas e intereses que van contra las poblaciones tradicionales y comunidades, que a veces ha mantenido una práctica colonizadora de los saberes y de las religiosidades populares. “En estos procesos de escucha se deja claro que se quiere construir una Iglesia más participativa e integrada en la realidad, en la vida y luchas de los pueblos, una Iglesia más acogedora, una “Iglesia en salida”, descentralizada sin privilegios y centrada en Cristo sin clericalismos, pero más mística, donde sacerdotes y religiosas fortalezcan su fe para asumir su servicio. Una Iglesia que defienda la vida de manera integral y que sea un signo de unidad en la diversidad.”

Jóvenes en la Casa de salud del indio, Atalaia do Norte (Brasil): Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam
Jóvenes en la Casa de salud del indio, Atalaia do Norte (Brasil): Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam

Los informes de la fase de consulta sinodal también recogen cuestiones claves, como el apoyo a la juventud o la defensa de la dignidad de las mujeres, su  voz y reconocimiento; una Iglesia pobre y con opción preferencial por los pobres, liberadora e inculturada presente en las luchas de los pueblos y de la naturaleza, comprometida con la Amazonía y todos los seres que la habitan; una Iglesia que promueva el “buen vivir” y responda a las injusticias que viven los pueblos; que se posicione contraria a los grandes intereses económicos de minería, hidroeléctricas o privatización de  aguas y en la defensa de los territorios indígenas, movilizando alianzas en el combate contra el narcotráfico y toda delincuencia. Una Iglesia con nuevas metodologías para acompañar, conocer y proteger a los pueblos que habitan esta región del planeta y que lucha por la promoción y defensa de la Naturaleza y de los Derechos humanos de los pueblos de la Panamazonía.

“El río nos une para bien y para mal”

En la Triple Frontera, todo se mueve a través del río y casi sin control, lo que lo convierte  en un enclave ideal para el narcotráfico y la trata: las comunidades indígenas y  la población más empobrecida es la más vulnerable. Por eso hace tres años nació la RETP (Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas en la Triple Frontera) para sensibilizar y prevenir a la población. Nathalia Forero, es su coordinadora y trabaja en red con personas como la hermana Ivanés Favretto en Islandia (Perú), el Padre Valerio Sartor en Leticia (Colombia) o la misionera laica madrileña Marta Barral en Atalaia do Norte (Brasil).

NIñas indígenas en una barca en el Amazonas. Atalaia do Norte, Brasil. Foto & Ana Palacios/CIDSE REPAM
NIñas indígenas en una barca en el Amazonas. Atalaia do Norte, Brasil. Foto & Ana Palacios/CIDSE REPAM

Y es que, aunque la RETP es independiente de la Iglesia católica, el vínculo es enorme y en mayo presentó el “Manifiesto contra la trata” firmado por los obispos de las tres diócesis amazónicas: Mons. José Travieso, obispo del Vicariato de San José de Amazonas (Perú), Mons. José de Jesús Quintero, Obispo del Vicariato de Leticia (Colombia) y Don Adolfo Zon, obispo de Alto Solimoes (Brasil).

*Este reportaje sobre la Triple Frontera de la Amazonía ha sido posible gracias a CIDSE y REPAM

Puedes leer aquí este reportaje, publicado en el mes de octubre de 2019 en la Revista 21 (con fotos de la autora y de la fotoperiodista Ana Palacios).

 

Contra la trata de personas en la Triple Frontera de la Amazonía

Pocas veces se nos ocurre pensar en países como Colombia, Perú y Brasil cuando se habla de trata. Y sin embargo ningún país se libra. De nuevo el calendario nos recuerda esta lacra humana y como cada 30 de julio, el mundo entero, de la mano de las Naciones Unidas, recuerda su compromiso contra este delito que explota a las personas. La ONU también recuerda que el 35% de las personas en régimen de trabajo forzoso son mujeres, pero que esa cifra se duplica al hablar de explotación sexual.

En la triple frontera Colombia-Perú-Brasil, en plena Amazonía la vulnerabilidad de las comunidades indígenas ante este delito es enorme. Es un enclave donde toda la comunicación humana se realiza dentro y a través del río Amazonas. Las lanchas, botes y demás embarcaciones cruzan constantemente de una orilla a otra y sin apenas controles se mueven de un país a otro. Un lugar donde los traficantes han encontrado un filón de oro para su “negocio”.

Una lancha cruza el Amazonas en la frontera Brasileño-Colombiana. Foto Marta Isabel González / CIDSE y REPAM
Una lancha cruza el Amazonas en la frontera Brasileño-Colombiana. Foto Marta Isabel González / CIDSE y REPAM

Aquí ha nacido hace tan sólo tres años una iniciativa para luchar contra esta realidad, sobre todo con un trabajo de sensibilización y prevención en esta Triple Frontera: la RETP Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas en la Triple Frontera. Nathalia Forero Romero, trabajadora social vinculada laboralmente a las hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, es su coordinadora. “La red nació fruto de un trabajo previo de investigación de corte etnográfico y en esa investigación se identificaron dos modalidades fuertes de explotación: una es la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes; y otra, la explotación de trabajo, trabajo esclavo. Todo ello con un enfoque de triple frontera, ya que todo lo que une el río en esta zona lo une para bien y para mal, pues todo lo que ocurre en Tabatinga, Caballococha, Leticia, Atalaia, Puerto Nariño…está ligado y relacionado. Y lo peor es que la investigación puso de relieve que muchas situaciones de abuso y explotación se habían naturalizado como parte de una economía de subsistencia y muy dependiente de agentes externos.”

Cuando le preguntamos por las cifras de personas a las que atienden Forero nos dice sencillamente que no es fácil cuantificar, “especialmente porque nuestro trabajo en tan cualitativo que saber el impacto de la prevención desde lo cuantitativo desdibuja la labor… Pero sí te puedo asegurar que en lo que va de este año hemos hecho prevención con más de 400 jóvenes de los colegios. Llevamos procesos todo el año con 100 niños de los 9 a 13 años formándolos como “Héroes Defensores de Vidas”. En los encuentros bimensuales este año han participado 200 personas”.   Y bueno, talleres y visitas a las comunidades de los tres países en un promedio de 150 personas por cada comunidad…”.

Niñas en un bote a la altura de la Comunidad Nazareth, Leticia (Colombia). Foto: Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM
Niñas en un bote a la altura de la Comunidad Nazareth, Leticia (Colombia). Foto: Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM

Y es que Nathalia no está sola, claro. Cuenta con personas que actúan como “enlaces” de la Red en las tres orillas de este enclave internacional. Por ejemplo, en Islandia (Perú) la hermana Ivanés Favretto, que integra una comunidad Inter congregacional que apoya a las personas y comunidades más vulnerables de la zona, es un eslabón de la red, avisando siempre que detecta algún movimiento extraño. “Islandia es conocida como la Venecia del Amazonas, por sus canales y sus casas en palafitos de gran belleza. Pero también es un enclave esencial para el tráfico de mercancías y también de personas”. En Leticia (Colombia) es el Padre Valerio Sartor, un sacerdote brasileño jesuita miembro del SJPAM-Servicio Jesuita Panamazónica (miembros de la REPAM-Red Eclesial Panamazónica) , quien ayuda a detectar, pero también a formar y sensibilizar sobre la trata de manera que se pueda evitar. “Es muy difícil cuando el proceso comienza poder rescatar a las personas que se han visto arrastradas a esa situación, sin embargo, con los jóvenes, con las familias, sí podemos actuar”. Por último, en Atalaia do Norte (Brasil) está la misionera madrileña Marta Barral, una laica javeriana que muestra una fuerte implicación y que también apoya a la comunidad en la lucha contra el maltrato machista y otro tipo de abusos

Graffiti en Atalaia do Norte (Brasil) contra la violencia. Foto Marta Isabel González/CIDSE y REPAM
Graffiti en Atalaia do Norte (Brasil) contra la violencia. Foto Marta Isabel González/CIDSE y REPAM

Cómo funciona la trata en la Amazonía

Según la ONU nadie se salva. Todos los países están afectados por la trata, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas y los traficantes siguen actuando amenazando principalmente a mujeres y niñas. Pero ¿es esto diferente en el Amazonas? No hay sorpresas. Barral nos lo confirma. “Es siempre igual. Los niños, sobre todo las niñas y los más jóvenes de la comunidad son engañados. En realidad, sus padres son los engañados. Alguien llega al poblado y les ofrece una vida mejor para los más pequeños de la casa, estudios o quizá un pequeño empleo y formación profesional para lograr algunos ingresos para la familia”.

Obviamente la realidad de pobreza y la necesidad que también viven estas comunidades, en su mayoría indígenas, hacen que este método siempre funcione, pues como lo primero es la supervivencia de la familia, las promesas hacen que casi nadie intuya que detrás de esa promesa de una vida mejor se esconde una realidad de trata o esclavitud, abusos o el comienzo de un camino, muchas veces sin retorno, en el negocio del tráfico sexual.

La sensibilización debe ser de toda la sociedad y la lucha con la justicia es enorme pues, a pesar de que muchos países tienen leyes nacionales en la lucha contra la trata de personas ocurre no pocas veces que las víctimas puedan llegar a ser criminalizadas por alguna de sus acciones mientras que los traficantes quedan impunes.

Nathalia Forero con la camiseta de la Red. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE y REPAM
Nathalia Forero con la camiseta de la Red. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE y REPAM

El apoyo de la Iglesia

La red es una realidad independiente de la Iglesia católica, pero el vínculo es, como hemos explicado, muy profundo. En ella participan Maristas, Lauritas, Jesuitas, Vicentinas, Franciscanos, Franciscanas, Javerianos, Canónigas Regulares de San Agustín además de la ya mencionada comunidad Inter congregacional de Islandia, Perú, entre otros.

Además, entre los últimos logros de la RETP es la firma conjunta el pasado mes de mayo de lo que han denomina como “Manifiesto contra la trata”  por parte de los tres obispos de las diócesis del Amazonas: Monseñor José Travieso claretiano extremeño, obispo del Vicariato de San José de Amazonas (Perú), Monseñor José de Jesús Quintero Dias, Obispo del Vicariato de Leticia (Colombia) y el gallego javeriano Don Adolfo Zon Pereira, obispo de la Diócesis de Alto Solimoes (Brasil). En este documento la Iglesia Católica de la Triple Frontera Amazónica manifiesta públicamente su “solidaridad, apoyo y compromiso con la población indígena, ribereña, mestiza y demás habitantes de las fronteras víctimas de la Trata de personas y tráfico de migrantes que con más fuerza en los últimos años viene generando dolor, desesperanza y desarraigo al atentar contra la dignidad y el cumplimiento de los Derechos y libertades fundamentales”.

El documento expresa la preocupación de las tres diócesis por esta realidad compleja y lo hace en cuatro puntos esenciales. En primer lugar, rechazando “toda forma de violencia en que la vida tenga un precio y sea explotada con cualquier fin”. En segundo lugar, llamando “a la sociedad civil, autoridades, instituciones y organizaciones a comprometerse conjunta, integral y oportunamente para luchar contra la trata que se ensaña en las comunidades y poblaciones más vulnerables”. En tercer lugar, las tres diócesis piden que se hagan efectivos, oportunos y proféticos los compromisos firmados por las autoridades locales y referentes institucionales de los tres países de las Fronteras Brasil-Colombia y Perú en diciembre del pasado año en el “Gran Pacto por la erradicación de la trata de personas y la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes-Capítulo Amazonas“ y así “se erradique y/o mitiguen los casos de Trata en la región por medio de buenas prácticas de migración, acompañamiento a víctimas, diseño de políticas públicas y trabajo en red.” Y es que las víctimas, insiste el documento “requieren acompañamiento, asistencia y apoyo en su proceso de recuperación frente a daños psicológicos y físicos a veces irreparables.” Pero, además, se pide que la justicia y el acompañamiento sean garantes del inicio de inclusión y trato digno en el restablecimiento de sus derechos.

Mapa esquemático de la zona. Foto. Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM
Mapa esquemático de la zona. Foto. Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM

Por último, el manifiesto resalta la existencia de la propia Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas de la Triple Frontera como un testimonio de unidad, compromiso y resistencia en la Defensa de la Vida, la Cultura y el Territorio, desde la prevención, acompañamiento a las víctimas del abuso y violencia sexual, así como la promoción de los Derechos de los niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres engañados y/o sometidos a la compra y venta de su dignidad y libertad. Estas iniciativas y procesos nos convocan como laicos/as, religiosos/as, sacerdotes y obispos a ser esperanza, luz y presencia para las comunidades y familias de la región.

La realidad de la trata contra personas en el Amazonas quizá no sea el tema principal a trabajar en el próximo Sínodo del mes de octubre, pero si algunos de los temas relacionados con ella, tanto en su prevención como en su causa, y que se han propuesto dentro del Instrumentum Laboris: cuestiones como la salud integral, la educación integral y la migración. Esta última puede ser tanto “pendular” que va y viene del campo a las ciudades, “desplazamientos forzados” dentro de un mismo país, “migraciones voluntarias” hacia las ciudades que dan lugar a procesos de urbanización de las comunidades indígenas, muchas veces vinculados a la deforestación y abusos medioambientales y también “migraciones internacionales”, generalmente involuntarias y forzadas, como lo es la trata, una de sus peores y más escandalosas formas.

 

 

[1] Este reportaje sobre la Triple Frontera de la Amazonía ha sido posible gracias a CIDSE y REPAM y ha sido publicado en la Revista Vida Nueva número 3.142 del 30 de agosto de 2019 bajo el título “Eslabones contra la trata en la triple frontera de Colombia, Perú y Brasil” (VER REPORTAJE en PDF aquí, sumario de revista AQUÍ y artículo reducido-ONLINE en Vida Nueva, aquí)

De una jungla a otra #SinodoAmazónico

En la última entrevista que he hecho al Padre Dario Bossi, misionero comboniano italiano que lleva ya muchos años en Brasil y es uno de los miembros del comité ejecutivo de la red “Iglesias y Minería”, me decía que si queremos entender lo que supone la Amazonía desde la vieja Europa y de otros países desarrollados, deberíamos hacer como cuando los misioneros se van a vivir a tierras de misión: abrir la mente, abrir el corazón y ser capaces de transformar aquellas creencias previas que teníamos sobre una realidad. Y es que, cuando viajas, no tienes que cambiar tu mente, la tienes que dejar en casa. Pues así tenemos que hacer en Europa, dejar nuestra mente, nuestras creencias a un lado para abrirnos a la realidad de la región del Amazonas, lejana en kilómetros pero que nos afecta directamente.

¿Cuántas veces al despertarnos pensamos que la lluvia que nos moja (ya cada vez menos), quizá ha sido generada en la Amazonía, el bioma más importante del planeta? Una de cada tres, vienen de allí.  ¿Acaso sabemos que el ecosistema más importante del planeta está en peligro por las empresas extractivas, por algunos empresarios sin escrúpulos? ¿Acaso sabemos que en este lugar de América se están vulnerando sistemáticamente los derechos humanos de muchos pueblos, sobre todo indígenas y que quienes luchan por defender a esas personas y el cumplimiento de esos derechos, están siendo perseguidos y asesinados? ¿Sabemos que además de la Amazonía (nueve países), el segundo ecosistema más importante del planeta está en África y es la Cuenca del Congo (once países)?

El río Amazonas entre Colombia, Perú y Brasil. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM
El río Amazonas entre Colombia, Perú y Brasil. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM

El papa Francisco, con Laudato Si’ (encíclica publicada en junio de 2015 y que es ya la encíclica más citada de la historia) unió para siempre el respeto del medio ambiente y el desarrollo humano y sólo unos meses después, en septiembre la ONU instituyó los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) que igualmente vinculan los dos aspectos de una manera inseparable.  Dos años después el papa Francisco volvió a hacer historia al proclamar el primer Sínodo de los obispos de carácter ordinario y centrado en una región de la tierra: la Amazonía. El que ya es conocido como el “Sínodo Verde o Sínodo de la Amazonía y que se titula “Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral” tendrá su fase final en el próximo mes de octubre en Roma.

Unas mujeres esperan un bote para cruzar el Amazonas. Foto. Marta Isabel González Álvarez /CIDSE & REPAM
Unas mujeres esperan un bote para cruzar el Amazonas. Foto. Marta Isabel González Álvarez /CIDSE & REPAM

Para preparar este “momentum” único en la Iglesia y hacer de puente entre “junglas” bien diferentes pero indivisibles en su destino común: América y Europa (y el resto de continentes), la REPAM (Red Eclesial Panamazónica) organizó en la Universidad de Georgetown (Washington, EEUU) un encuentro internacional titulado  “ECOLOGÍA INTEGRAL: una respuesta sinodal desde la Amazonía y otros biomas/territorios esenciales para el cuidado de nuestra casa común” y en el que se han dado cita más de un centenar de personas, entre ellos diez cardenales, numerosos obispos y sacerdotes y organizaciones católicas que trabajan por el desarrollo y la justicia global.  Todo lo que sea necesario para centrar el foco en la realidad que viven 35 millones de personas que viven allí, incluyendo a casi tres millones de indígenas pertenecientes a 390 pueblos y a otros 137 pueblos aislados o no contactados y que hablan 240 lenguas de 49 familias lingüísticas.  Para recordar que en la Amazonía se concentra el 20% del agua dulce no congelada del planeta, el 34% de los bosques primarios, el 30% de la flora y de la fauna del mundo. Y para, en definitiva, trabajar y reflexionar sobre la perspectiva de que “todo está conectado” y que de todos depende que el documento que surja de este Sínodo no sea un punto de llegada, sino de partida, en la defensa de nuestra “casa común” y de quienes habitamos la tierra.

 

Leer esta columna tal y como fue publicada en “Alfa y Omega” (Ver PDF)

“Ese punto en el mapa”

Tal y como escribió en 1965 Charlotte Delbo: “Se sabe que ese punto del mapa es Auschwitz.  Se sabe eso. Y se cree saber el resto”.

Es difícil tomar la decisión de ir a ver una exposición así. Es como decidir meterse astillas entre las uñas. Como ahogarse, durante unas horas, con arena. Sabes que lo vas a pasar mal. Sabes que no te vas a quedar igual. Y eso es lo bueno. Ojalá sea así. La exposición es “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos”.

 Una de las fotos del “Álbum de Auschwitz” de Hoffmann y Walter, único archivo fotográfico de las llegadas en tren al lugar en mayo de 1944 y fotos encontradas por Lilly Jakob-Zeimanovic.
Una de las fotos del “Álbum de Auschwitz” de Hoffmann y Walter, único archivo fotográfico de las llegadas en tren al lugar en mayo de 1944 y fotos encontradas por Lilly Jakob-Zeimanovic.

Parece que queda poco que añadir cuando, como casi todos los que leen esto, se han visto decenas de películas y leídos numerosos libros sobre el exterminio nazi en el campo de Auschwitz. Y más aún, cuando, como es mi caso, se ha tenido la suerte de haber estado en Polonia conviviendo con polacos y de haber paseado por el Gueto judío de Cracovia. Y cuando se ha podido visitar Israel (no en peregrinación, sino visitando el país y documentando algunos de sus realidades más duras como la de los beduinos abandonados en tierra de nadie) o cuando ya se ha tenido la oportunidad de haber visitado el escalofriante  Yad Vashem de Jerusalén.

Exposición Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos. Foto. Marta Isabel González
Exposición “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos”. Foto. Marta Isabel González

Pero después de visitar (por fin) esta muestra que recoge más de 600 objetos originales del campo de refugiados y de haber podido experimentar con la imprescindible audioguía, momentos indescriptibles de dolor y de respeto y admiración, no puedo dejar de dedicar estas breves líneas porque la considero imprescindible. Y quizá así, si es posible, lograr animar, a quien me lea, a que venza esa pereza que da el tema, ese miedo a sufrir, esa desafección a recordar el sufrimiento ajeno, esa falta de ganas de estar tres horas aproximadamente con uno mismo y enfrentándose a los relatos de la historia reciente y vergonzosa de la humanidad mientras  recorre con pesadumbre, vergüenza, asombro, pavor y tristeza, las enormes salas del  Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid.

Dibujo anónimo de una de las personas que estuvo en Auschwitz, encontrado dentro de una botella. Foto Marta Isabel González
Dibujo anónimo de una de las personas que estuvo en Auschwitz, encontrado dentro de una botella. Foto Marta Isabel González

Diez cosas que no me gustaría olvidar de esta experiencia, y que quizá ya oí alguna vez, pero hoy rememoro gracias a la exposición, son:

  • Que allí en Auschwitz sólo pasó tiempo el 30% de las personas que allí llegaron (el 18% si eran judíos) ya que el resto, entre el 70% y el 82% era directamente llevado a asesinar a las cámaras de gas nada más llegar, empezando por los ancianos, enfermos y por supuesto, los niños.
  • Que los nazis se jactaban como un gran “logro” que en Auschwitz las cámaras de gas eran tan grandes que podían ejecutar a 2.000 personas cada vez, a diferencia del de Treblinka donde “sólo” entraban 200 personas. Pero que además era estupendo que en Auschwitz nadie sabía que iba a morir porque se les decía que se les iba a desparasitar.
El absurdo, convertido en ley. Cartel explicativo de los matrimonios permitidos y prohibidos en virtud de las Leyes de Nüremberg (1935). Foto Marta Isabel González
El absurdo, convertido en ley. Cartel explicativo de los matrimonios permitidos y prohibidos en virtud de las Leyes de Nüremberg (1935). Foto Marta Isabel González
  • Que las personas que formaron los Sonderkommando (comandos especiales que se encargaban de gasear y luego quemar los cuerpos, no sin antes arrancarles los dientes de oro) nunca superaron ni superarán lo que hicieron pero, de algún modo les debemos el hecho de conocer la verdad de ese monstruoso lugar. Y que entre los miembros de ese Sonderkommando había un rabino que se encargaba sólo de quemar a niños y bebés. Y que antes de hacerlo rezaba sobre cada uno una oración fúnebre judía o kadsh.
  • Que la valentía de dos personas y el llamado Informe Vrba- Wetzle (conocidos también como Los protocolos de Auschwitz) que contaba lo que ocurría allí, salvaron a unas 100.000 personas. Y la valentía del español Angel Sanz-Briz, a 5.000 judíos.

    Este español, Ángel Sanz-Briz, salvó a 5.000 judíos desde su puesto diplomático de Budapest.
    Este español, Ángel Sanz-Briz, salvó a 5.000 judíos desde su puesto diplomático de Budapest.
  • Que en esos vagones pequeñitos de esa época metían a unas 150 personas como animales y les daban un cubo para beber agua y otro para hacer sus necesidades.
  • Que el primer año allí no había literas y dormían en el suelo. Y que luego en cada barracón había trilíteras de madera para alojar a cuantos más mejor con un cubo como letrina y sin aislamiento ante el frío.
Vagón real a la entrada de la exposición "Asuchwitz. No hace mucho. No muy lejos". Foto Marta Isabel González
Vagón real a la entrada de la exposición “Asuchwitz. No hace mucho. No muy lejos”. Foto Marta Isabel González
  • Que la dieta cada día y en los mejores momentos no superaba 500 Kc a base de café ralo con achicoria, y litro de sopa de nabo y verduras (muchas veces podridas) y 35 gr de pan.
  • “Todo el mundo te odia…” decía un anónimo enviado a un comerciante judío al que los nazis le quitaron todo, que sobrevivió a Auschwitz, pero al que le llegaban este tipo de mensajes para quejarse de él porque recibía alguna ayuda económica tiempo después.
Con juegos como estos titulados "Judio! fuera de la ciudad" los nazis sembraron su odio en los más pequeños. Foto Marta Isabel González
Con juegos como estos titulados “Judio! fuera de la ciudad” los nazis sembraron su odio en los más pequeños. Foto Marta Isabel González
  • Que los mensajes y enseñanzas que los supervivientes nos proponen son muy simples y muy difíciles a la vez: elegir el amor en vez del odio, respetar a todas las personas sean cuales sean sus creencias religiosas, sus ideas políticas, el color de su piel, la sangre que corre por sus venas, buscar la paz, hacer algo por los demás, cooperar, buscar el bien.
  • Y que, gracias a las fotos del conocido como “Álbum de Auschwitz” de Hoffmann y Walter, único archivo fotográfico de las llegadas en tren al lugar en mayo de 1944 y fotos encontradas por Lilly Jakob-Zelmanovic, hoy podemos sumergirnos en esas miradas de miles de personas que llegaban a un lugar pero que no sabían exactamente dónde estaban. Y estaban en ese punto del mapa del que habla Delbo.

Ese punto en el mapa
esa mancha negra en el centro de Europa
esa mancha roja
esa mancha de fuego
esa mancha de hollín
esa mancha de sangre esa
mancha de cenizas para millones
un lugar sin nombre.

De todos los países de Europa
de todos los puntos del  horizonte
convergían los trenes hacia lo innombrado
cargados de millones de seres
que eran descargados allí
y no sabían dónde estaban
eran descargados con su vida
con sus recuerdos
con sus pequeños dolores
y su gran asombro
con su mirada que preguntaba
y no veía sino fuego,
que ardieron allí sin saber dónde estaban.

Hoy se sabe
Desde hace algunos años se sabe
Se sabe que ese punto del mapa es Auschwitz
Se sabe eso
Y se cree saber el resto”. 

Charlotte Delbo,
Auschwitz y después II.Un conocimiento inútil,
Turpial, Madrid 2004