21 días que pueden cambiarlo todo

Cuando una amiga me invitó a escribir este artículo estaba en Roma. Allí he pasado casi todo este pasado mes de octubre implicada en el Sínodo para la Amazonía coordinando directamente dos de las  actividades paralelas celebradas dentro de  Amazonía Casa Común, y apoyando desde mi trabajo como Responsable de Comunicación y Relaciones con los Medios de CIDSE su presencia y la presencia de sus Organizaciones Miembro en otras muchas actividades programadas. Además he estado especialmente pendiente de la participación de nuestra Secretaria General, Josianne Gauthier en la asamblea como “madre sinodal”, de seguir de cerca y reaccionar ante cada una de las semanas de trabajo y he podido estar presente en las ruedas de prensa diarias en la Sala Stampa del Vaticano y siguiendo toda la información generada allí durante esos veintiún días.

Mi respuesta afirmativa fue inmediata. Pero no imaginaba lo difícil que sería resumir en tan breves líneas lo que hemos vivido estos días en el Vaticano en la celebración del Sínodo para la Amazonía. Este evento convocado por el Papa Francisco en 2017 y que en octubre de 2019 ha reunido a 250 personas entre obispos, religiosos y laicos: 185 padres sinodales y 35 madres sinodales.

No imaginaba lo difícil que sería resumir en tan breves líneas lo que hemos vivido estos días en el Vaticano en la celebración del Sínodo para la Amazonía

Durante 21 días el centro de la Iglesia se ha “descentrado” en el mejor sentido de la palabra y se ha llenado de “periferias” con la llegada de decenas de líderes indígenas de los 9 países Panamazónicos: Brasil, Venezuela, Guyana Francesa, Guyana Inglesa, Surinam, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y de cientos de personas que llegamos desde otros lugares del mundo y que acompañamos el caminar de estos pueblos, luchas, sufrimientos y tradiciones como el “buen vivir” que contrasta tanto con el estilo de vida consumista y desconectado de la naturaleza que hoy se vive en las grandes ciudades, en especial en Europa y Norteamérica.

20191006_090303
Jeremías (Maragua) y Jeremías (Mura), dos líderes indígenas de Manaos, Brasil durante la Eucaristía de apertura del Sínodo de la Amazonía, el 6 de octubre de 2019 en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Foto Marta Isabel González Álvarez.

Para llegar aquí hemos trabajado y rezado durante dos años, impulsados especialmente por la REPAM (Red Eclesial Panamazónica). Pero estos 21 días lo hemos hecho por el cambio: cambio de comportamientos y prácticas que mejoren la vida de las personas en la región de la Amazonía , el respeto de sus derechos humanos y sus territorios respetando además la preservación de los recursos naturales del que es el principal bioma del planeta; cambio en el comportamiento de la Iglesia allí encontrando “nuevos caminos” más adaptados a la realidad y características específicas de la población y el territorio en este ya avanzado siglo XXI; y finalmente, cambios en nuestros comportamientos y estilos de vida para lograr la práctica de una verdadera “Ecología Integral” y desde donde estemos cada persona, vivir una verdadera “connversión ecológica” que ayude a cuidar de la “madre tierra”, respetar sus recursos y agradecer sus dones mimándola como se merece.

Dicen que hacen falta 21 días para que una persona cambie uno de sus hábitos. Y esos 21 días son los que han hecho falta para que muchos de los participantes en el sínodo cambiaran su corazón y su mirada

Dicen que hacen falta 21 días para que una persona cambie uno de sus hábitos. Y esos 21 días son los que han hecho falta para que muchos de los participantes en el sínodo cambiaran su corazón y su mirada: escucharon las voces y llantos de los pueblos y de la tierra; de los directamente afectados por prácticas económicas feroces y modelos extractivos de minerales inhumanos y mortales para la tierra, el agua y el aire y que están aumentando la emergencia climática que vivimos y que afecta a la fiereza del sol y a los ciclos de lluvia y la agricultura.

Un momento del Viacrucis que recorrió las calles de Roma y el Vaticano el sábado 19 de octubre. Foto Marta Isabel González Álvarez
Un momento del Viacrucis que recorrió las calles de Roma y el Vaticano el sábado 19 de octubre. Foto Marta Isabel González Álvarez

El grito de la tierra y de los pobres ha ablandado corazones y estructuras mentales, y esto ha quedado patente en el Documento final del Sínodo que incluye 120 propuestas aprobadas por votación. Entre ellas 6  destacan de modo muy especial por mostrar algunos cambios que necesitan ser impulsados en la región de la Amazonía y que  podrían inspirar otros cambios más globales en la Iglesia en un futuro próximo: la ordenación de hombres casados en las zonas remotas de la Amazonía (111), la creación de ministerios eclesiales para las mujeres y el de “mujer dirigente de comunidad”(102), mayor participación de laicos “en la toma de decisiones, vida y misión de la iglesia” (94), la definición del “pecado ecológico” como “nuestra acción u omisión contra Dios, el prójimo, la comunidad y el ambiente” (82), la “ecología integral” como “único camino posible” para salvar la región y con ella al planeta (67) y el rechazo a toda evangelización irrespetuosa o colonialista (55).

El Papa decidirá con su discernimiento cómo actuar ahora, pero lo vivido en Roma y este sínodo ya forma parte de la historia y trae aire y esperanza para el planeta y quienes lo habitamos.

El río que nos une

Todo está conectado. Uno de cada cinco vasos de agua que bebes, se lo debes a ella. Una de cada tres lluvias que moja nuestra cabeza, los campos y renueva la atmósfera y la vida, se la debemos a ella. Ella es la Amazonía.

Las dimensiones descolocan. El río Amazonas es una enorme extensión de agua que a veces recuerda al mar. Para llegar a la Triple Frontera Colombia-Perú-Brasil lo mejor es ir a Bogotá y de ahí en vuelo nacional a Leticia. “Aquí sólo se puede llegar por avión o por barco” nos explica un taxista nada más aterrizar “pero claro, por barco y dependiendo desde donde se venga la distancia es de días, por ejemplo, desde Iquitos (Perú) se tardan más de 36 horas y tienes que hacer una noche en el barco”. Las distancias son enormes. El aislamiento de muchas comunidades, inevitable.  “Aquellas comunidades que están cercanas al río o a alguno de sus afluentes tienen más posibilidades de estar comunicadas. El río aquí une, no separa.” Esa es una de las primeras cosas que hay que entender y la primera de muchas concepciones que traemos de Europa, de otros países y zonas más desarrolladas y que aquí no nos sirven de nada. Teresa Urueña es miembro del Servicio Jesuita a la Panamazonía (SJPAN) nos explica esto y el porqué de tantas construcciones de palafitos. “El agua  del Amazonas no está siempre al mismo nivel, alcanza su nivel más alto en marzo y el más bajo en septiembre, aunque el cambio climático ha afectado ya un poco a estos ritmos”. Las extensiones de la Amazonía son también descomunales: 7,5 millones de kilómetros cuadrados (catorce veces la superficie de España) que implican el 43% de la superficie de Sudamérica y que se reparten irregularmente entre 9 países: en orden alfabético, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana y Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela. Irregularmente porque, por ejemplo, Ecuador sólo posee el 1,5% del total de la Amazonía, pero que supone el 43% de su superficie.

Barquero en el muelle de Caballococha (Perú). Foto Marta Isabel González Álvarez/ CIDSE & REPAM
Barquero en el muelle de Caballococha (Perú). Foto Marta Isabel González Álvarez/ CIDSE & REPAM

Su población también sorprende. Más de 3 millones de personas son indígenas pertenecientes a alguno de los 390 pueblos que se conocen (unos 137 pueblos no contactados). Hablan 240 lenguas pertenecientes a 49 familias lingüísticas y por supuesto sus cosmovisiones y tradiciones son muy diversas e imposibles de generalizar. Y cuando les escuchas te das cuenta de su sabiduría y de cómo, sin experimentos, han llegado a las mismas conclusiones que nuestros más reputados científicos “El agua del río está diferente. Sus ritmos han cambiado. También el sol está diferente, antes podías trabajar horas sin camisa en la chagra y no te pasaba nada: ahora te quemas” asegura Juan Enocaisa de El Estrecho, Reserva de Guepí, en el departamento del Alto Putumayo (Perú). Otra rotura de clichés.  Otra muestra de que aquí el mundo funciona del revés y que los sabios son los más humildes. Al ver la naturaleza cuidada durante milenios gracias a estos pueblos originarias te das cuenta de cómo Dios, una vez más ha entregado lo más valioso a los más sencillos. “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11,25-27).

Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam
Un niño en brazos de su madre miran al río Amazonas desde Islandia (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE y REPAM

“De hecho, para poder conservar la naturaleza y este bioma, el más importante del planeta, en realidad muchos de estos pueblos no necesitan nada más de nosotros que, simplemente, les dejemos en paz” afirma en Atalaia do Norte (Brasil) la chilena Cristina Larraín, voluntaria y activista del CIMI (Consejo Indigenista Misionario), un organismo creado en 1972 y vinculado a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil. Ella defiende a los pueblos del Valle del Javari, unos 6.000 habitantes desperdigados en 54 aldeas indígenas y 12 comunidades ribeirinhas a lo largo de un territorio con una extensión similar a Portugal.

Pero no les hemos dejado en paz. Y ahora la defensa de su territorio es esencial. En muchísimas ocasiones los indígenas están siendo vulnerados en sus derechos más elementales y sus tierras arrebatadas u ocupadas, en busca de minerales o madera. Y en los peores casos están siendo asesinados o agredidos en reyertas con empresas extractivas sin escrúpulos. Peligra su estilo de vida, ese “buen vivir” propio y que se basa en una “economía de subsistencia”, o dicho más modernamente “sostenible” o incluso “minimalista”, ya que no producen ni cazan ni pescan más que lo que van a consumir. Pero tanto la caza como la pesca está siendo alterada y la contaminación lo está arrasando poco a poco todo. “La selva está enferma.  El río se muere” nos repiten en las tres orillas de esta Triple Frontera.

Santiago Yahuarcani y Juan Enoicaisa sostienen el lienzo "La selva está moribunda". En Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE & REPAM
Santiago Yahuarcani y Juan Enoicaisa sostienen el lienzo “La selva está moribunda”. En Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE & REPAM

Para Juan Enocaisa, indígena Murui (bautizados como Huitotos en las épocas del Genocidio del Caucho, a finales del s. XIX, porque se pintaban con el fruto del Huito) está claro que “lo que ocurre es fruto de un desequilibrio en el conocimiento de culturas. Nosotros conocemos las suyas, pero ustedes no conocen las nuestras”. Y  no le falta razón, pues su cultura no es escrita, todo lo han ido comunicando oralmente de generación en generación, lo que es, sin duda, una de las más determinantes diferencias entre nuestras civilizaciones.

Un Sínodo histórico

“¿Y qué tengo yo que ver con la Amazonía?” Cuando el papa Francisco convocó en 2017 el Sínodo sobre la Panamazonía que tendrá lugar próximamente en Roma, algunos se hicieron esa pregunta. Lo sorprendente es que aún ahora alguien se plantee lo mismo o no comprenda la audacia de Francisco y su visión profética en este momento clave que vive no sólo la Iglesia, sino nuestro planeta y nuestra civilización. Si no giramos la mirada hacia esta región y logramos protegerla a nivel global con el mismo celo, o aún mayor, que protegemos en nuestros países las Reservas o Parques Naturales, la supervivencia de la humanidad está en peligro.

Una mujer retira agua de su barquita a la llegada a la Comunidad Nazareth (Leticia, Colombia) Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM
Una mujer retira agua de su barquita a la llegada a la Comunidad Nazareth (Leticia, Colombia) Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM

Este es un sínodo histórico. Tal y como explicó el cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los obispos durante el encuentro “Ecología Integral: una respuesta Sinodal para el cuidado de nuestra casa común” organizado por la REPAM y celebrado en marzo en la universidad de Georgetown (Washington DC), “se trata del primer sínodo de carácter ordinario centrado en un territorio. Ha habido otros sínodos sobre territorios, pero fueron sínodos extraordinarios”.

Pero también es histórico porque, aunque algunos querían que se celebrara en el continente americano, de algún modo, al celebrarse en Roma, en el Vaticano, Francisco pone en el “centro” de la Iglesia Católica, geográfica y simbólicamente este territorio situado al otro lado del océano. “Este sínodo pone en el centro a la “periferia”. Es una llamada de atención a los mil trescientos millones de católicos de la Tierra, y  también a los no católicos, sobre la importancia de esta región para la supervivencia del planeta y las dificultades que viven aquí las personas” asegura el padre Alfredo Ferro, miembro del SJPAN Y también, cómo no, una especial atención a las dificultades y retos de la Iglesia allí, que son muchos y muy variados. “Imaginad, la extensión de la Diócesis amazónica de Alto Solimoes (Brasil) es casi tan grande como Grecia, con 131.614,48 Km2 y una población de más de tres millones y medio de personas ¿cuántos sacerdotes creéis que la atienden? Dieciocho. Y para atender a las comunidades con cierta periodicidad es imprescindible desplazarse y para desplazarse rápidamente hay que usar lanchas que son muy costosas” asegura el orensano Don Adolfo Zon Pereira, obispo de esta diócesis desde 2015.

Dos jóvenes asisten a la eucaristía dominical en Nazateth (Leticia, Colombia). Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM
Dos jóvenes asisten a la eucaristía dominical en Nazateth (Leticia, Colombia). Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM

Esas dificultades se unen a otras como la interculturalidad e inculturación, la dificultad para poder celebrar los sacramentos, la falta de sacerdotes, misioneros, religiosos, hombres y mujeres, que ayuden a que la Iglesia siga siendo una ayuda real en la zona que promociona los derechos humanos de los pueblos indígenas y que los acompaña en su desarrollo. “Nosotros no contamos con más ayuda que la de la Iglesia católica y de algunas ONG.  ¿Y si no existieran los pueblos indígenas qué sería de la selva?” asegura Elver Isidio, Huitoto de la etnia Bora que es también el presidente del Consejo de Autoridades Administrativas de la comunidad de Cusi Munilla Amena, en Leticia. “Sentimos que la Iglesia católica nos apoya en nuestros derechos y la defensa del territorio. Antiguamente el poder de la Iglesia era un poder de oposición. Pero ahora se ha producido una reconciliación respecto al pasado”.

La iglesia soñada por la Amazonía

Mauricio López es el Secretario General de la REPAM (Red Eclesial Panamazónica), realidad que nació en 2014, como una iniciativa pastoral para articular las acciones eclesiales en el territorio en defensa de la vida y la Madre Tierra, nos facilita información detallada recogida en 265 informes fruto del proceso de escuchas sinodales previas a la redacción del Instrumetum Laboris que usarán las 250 personas que asistan este mes de octubre al Sínodo de la Panamazonía titulado “Nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral”, entre ellos 150 obispos que irán desde la Amazonía (101 obispos diocesanos y otros eméritos). “Esta información es fruto otras tantas asambleas, foros temáticos y nacionales y ruedas de conversación celebrados en 7 países de la Panamazonía y en los que participaron más de 87.000 personas pertenecientes a 172 pueblos o nacionalidades indígenas” nos explica López.

Al leer la información nos queda claro que se ha recogido una petición muy concreta por parte de la población: que la Iglesia deje de ser una iglesia acomodada, ensimismada, encerrada en el templo; clericalizada; alienada; autoritaria; vinculada con poder político y económico; burocrática, complicada y llena de normas. Pero también, que esa misma Iglesia reconoce sus sombras y asume que en ocasiones ha perdido su contenido social, apoyando pautas e intereses que van contra las poblaciones tradicionales y comunidades, que a veces ha mantenido una práctica colonizadora de los saberes y de las religiosidades populares. “En estos procesos de escucha se deja claro que se quiere construir una Iglesia más participativa e integrada en la realidad, en la vida y luchas de los pueblos, una Iglesia más acogedora, una “Iglesia en salida”, descentralizada sin privilegios y centrada en Cristo sin clericalismos, pero más mística, donde sacerdotes y religiosas fortalezcan su fe para asumir su servicio. Una Iglesia que defienda la vida de manera integral y que sea un signo de unidad en la diversidad.”

Jóvenes en la Casa de salud del indio, Atalaia do Norte (Brasil): Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam
Jóvenes en la Casa de salud del indio, Atalaia do Norte (Brasil): Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam

Los informes de la fase de consulta sinodal también recogen cuestiones claves, como el apoyo a la juventud o la defensa de la dignidad de las mujeres, su  voz y reconocimiento; una Iglesia pobre y con opción preferencial por los pobres, liberadora e inculturada presente en las luchas de los pueblos y de la naturaleza, comprometida con la Amazonía y todos los seres que la habitan; una Iglesia que promueva el “buen vivir” y responda a las injusticias que viven los pueblos; que se posicione contraria a los grandes intereses económicos de minería, hidroeléctricas o privatización de  aguas y en la defensa de los territorios indígenas, movilizando alianzas en el combate contra el narcotráfico y toda delincuencia. Una Iglesia con nuevas metodologías para acompañar, conocer y proteger a los pueblos que habitan esta región del planeta y que lucha por la promoción y defensa de la Naturaleza y de los Derechos humanos de los pueblos de la Panamazonía.

“El río nos une para bien y para mal”

En la Triple Frontera, todo se mueve a través del río y casi sin control, lo que lo convierte  en un enclave ideal para el narcotráfico y la trata: las comunidades indígenas y  la población más empobrecida es la más vulnerable. Por eso hace tres años nació la RETP (Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas en la Triple Frontera) para sensibilizar y prevenir a la población. Nathalia Forero, es su coordinadora y trabaja en red con personas como la hermana Ivanés Favretto en Islandia (Perú), el Padre Valerio Sartor en Leticia (Colombia) o la misionera laica madrileña Marta Barral en Atalaia do Norte (Brasil).

NIñas indígenas en una barca en el Amazonas. Atalaia do Norte, Brasil. Foto & Ana Palacios/CIDSE REPAM
NIñas indígenas en una barca en el Amazonas. Atalaia do Norte, Brasil. Foto & Ana Palacios/CIDSE REPAM

Y es que, aunque la RETP es independiente de la Iglesia católica, el vínculo es enorme y en mayo presentó el “Manifiesto contra la trata” firmado por los obispos de las tres diócesis amazónicas: Mons. José Travieso, obispo del Vicariato de San José de Amazonas (Perú), Mons. José de Jesús Quintero, Obispo del Vicariato de Leticia (Colombia) y Don Adolfo Zon, obispo de Alto Solimoes (Brasil).

*Este reportaje sobre la Triple Frontera de la Amazonía ha sido posible gracias a CIDSE y REPAM

Puedes leer aquí este reportaje, publicado en el mes de octubre de 2019 en la Revista 21 (con fotos de la autora y de la fotoperiodista Ana Palacios).

 

Contra la trata de personas en la Triple Frontera de la Amazonía

Pocas veces se nos ocurre pensar en países como Colombia, Perú y Brasil cuando se habla de trata. Y sin embargo ningún país se libra. De nuevo el calendario nos recuerda esta lacra humana y como cada 30 de julio, el mundo entero, de la mano de las Naciones Unidas, recuerda su compromiso contra este delito que explota a las personas. La ONU también recuerda que el 35% de las personas en régimen de trabajo forzoso son mujeres, pero que esa cifra se duplica al hablar de explotación sexual.

En la triple frontera Colombia-Perú-Brasil, en plena Amazonía la vulnerabilidad de las comunidades indígenas ante este delito es enorme. Es un enclave donde toda la comunicación humana se realiza dentro y a través del río Amazonas. Las lanchas, botes y demás embarcaciones cruzan constantemente de una orilla a otra y sin apenas controles se mueven de un país a otro. Un lugar donde los traficantes han encontrado un filón de oro para su “negocio”.

Una lancha cruza el Amazonas en la frontera Brasileño-Colombiana. Foto Marta Isabel González / CIDSE y REPAM
Una lancha cruza el Amazonas en la frontera Brasileño-Colombiana. Foto Marta Isabel González / CIDSE y REPAM

Aquí ha nacido hace tan sólo tres años una iniciativa para luchar contra esta realidad, sobre todo con un trabajo de sensibilización y prevención en esta Triple Frontera: la RETP Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas en la Triple Frontera. Nathalia Forero Romero, trabajadora social vinculada laboralmente a las hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, es su coordinadora. “La red nació fruto de un trabajo previo de investigación de corte etnográfico y en esa investigación se identificaron dos modalidades fuertes de explotación: una es la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes; y otra, la explotación de trabajo, trabajo esclavo. Todo ello con un enfoque de triple frontera, ya que todo lo que une el río en esta zona lo une para bien y para mal, pues todo lo que ocurre en Tabatinga, Caballococha, Leticia, Atalaia, Puerto Nariño…está ligado y relacionado. Y lo peor es que la investigación puso de relieve que muchas situaciones de abuso y explotación se habían naturalizado como parte de una economía de subsistencia y muy dependiente de agentes externos.”

Cuando le preguntamos por las cifras de personas a las que atienden Forero nos dice sencillamente que no es fácil cuantificar, “especialmente porque nuestro trabajo en tan cualitativo que saber el impacto de la prevención desde lo cuantitativo desdibuja la labor… Pero sí te puedo asegurar que en lo que va de este año hemos hecho prevención con más de 400 jóvenes de los colegios. Llevamos procesos todo el año con 100 niños de los 9 a 13 años formándolos como “Héroes Defensores de Vidas”. En los encuentros bimensuales este año han participado 200 personas”.   Y bueno, talleres y visitas a las comunidades de los tres países en un promedio de 150 personas por cada comunidad…”.

Niñas en un bote a la altura de la Comunidad Nazareth, Leticia (Colombia). Foto: Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM
Niñas en un bote a la altura de la Comunidad Nazareth, Leticia (Colombia). Foto: Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM

Y es que Nathalia no está sola, claro. Cuenta con personas que actúan como “enlaces” de la Red en las tres orillas de este enclave internacional. Por ejemplo, en Islandia (Perú) la hermana Ivanés Favretto, que integra una comunidad Inter congregacional que apoya a las personas y comunidades más vulnerables de la zona, es un eslabón de la red, avisando siempre que detecta algún movimiento extraño. “Islandia es conocida como la Venecia del Amazonas, por sus canales y sus casas en palafitos de gran belleza. Pero también es un enclave esencial para el tráfico de mercancías y también de personas”. En Leticia (Colombia) es el Padre Valerio Sartor, un sacerdote brasileño jesuita miembro del SJPAM-Servicio Jesuita Panamazónica (miembros de la REPAM-Red Eclesial Panamazónica) , quien ayuda a detectar, pero también a formar y sensibilizar sobre la trata de manera que se pueda evitar. “Es muy difícil cuando el proceso comienza poder rescatar a las personas que se han visto arrastradas a esa situación, sin embargo, con los jóvenes, con las familias, sí podemos actuar”. Por último, en Atalaia do Norte (Brasil) está la misionera madrileña Marta Barral, una laica javeriana que muestra una fuerte implicación y que también apoya a la comunidad en la lucha contra el maltrato machista y otro tipo de abusos

Graffiti en Atalaia do Norte (Brasil) contra la violencia. Foto Marta Isabel González/CIDSE y REPAM
Graffiti en Atalaia do Norte (Brasil) contra la violencia. Foto Marta Isabel González/CIDSE y REPAM

Cómo funciona la trata en la Amazonía

Según la ONU nadie se salva. Todos los países están afectados por la trata, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas y los traficantes siguen actuando amenazando principalmente a mujeres y niñas. Pero ¿es esto diferente en el Amazonas? No hay sorpresas. Barral nos lo confirma. “Es siempre igual. Los niños, sobre todo las niñas y los más jóvenes de la comunidad son engañados. En realidad, sus padres son los engañados. Alguien llega al poblado y les ofrece una vida mejor para los más pequeños de la casa, estudios o quizá un pequeño empleo y formación profesional para lograr algunos ingresos para la familia”.

Obviamente la realidad de pobreza y la necesidad que también viven estas comunidades, en su mayoría indígenas, hacen que este método siempre funcione, pues como lo primero es la supervivencia de la familia, las promesas hacen que casi nadie intuya que detrás de esa promesa de una vida mejor se esconde una realidad de trata o esclavitud, abusos o el comienzo de un camino, muchas veces sin retorno, en el negocio del tráfico sexual.

La sensibilización debe ser de toda la sociedad y la lucha con la justicia es enorme pues, a pesar de que muchos países tienen leyes nacionales en la lucha contra la trata de personas ocurre no pocas veces que las víctimas puedan llegar a ser criminalizadas por alguna de sus acciones mientras que los traficantes quedan impunes.

Nathalia Forero con la camiseta de la Red. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE y REPAM
Nathalia Forero con la camiseta de la Red. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE y REPAM

El apoyo de la Iglesia

La red es una realidad independiente de la Iglesia católica, pero el vínculo es, como hemos explicado, muy profundo. En ella participan Maristas, Lauritas, Jesuitas, Vicentinas, Franciscanos, Franciscanas, Javerianos, Canónigas Regulares de San Agustín además de la ya mencionada comunidad Inter congregacional de Islandia, Perú, entre otros.

Además, entre los últimos logros de la RETP es la firma conjunta el pasado mes de mayo de lo que han denomina como “Manifiesto contra la trata”  por parte de los tres obispos de las diócesis del Amazonas: Monseñor José Travieso claretiano extremeño, obispo del Vicariato de San José de Amazonas (Perú), Monseñor José de Jesús Quintero Dias, Obispo del Vicariato de Leticia (Colombia) y el gallego javeriano Don Adolfo Zon Pereira, obispo de la Diócesis de Alto Solimoes (Brasil). En este documento la Iglesia Católica de la Triple Frontera Amazónica manifiesta públicamente su “solidaridad, apoyo y compromiso con la población indígena, ribereña, mestiza y demás habitantes de las fronteras víctimas de la Trata de personas y tráfico de migrantes que con más fuerza en los últimos años viene generando dolor, desesperanza y desarraigo al atentar contra la dignidad y el cumplimiento de los Derechos y libertades fundamentales”.

El documento expresa la preocupación de las tres diócesis por esta realidad compleja y lo hace en cuatro puntos esenciales. En primer lugar, rechazando “toda forma de violencia en que la vida tenga un precio y sea explotada con cualquier fin”. En segundo lugar, llamando “a la sociedad civil, autoridades, instituciones y organizaciones a comprometerse conjunta, integral y oportunamente para luchar contra la trata que se ensaña en las comunidades y poblaciones más vulnerables”. En tercer lugar, las tres diócesis piden que se hagan efectivos, oportunos y proféticos los compromisos firmados por las autoridades locales y referentes institucionales de los tres países de las Fronteras Brasil-Colombia y Perú en diciembre del pasado año en el “Gran Pacto por la erradicación de la trata de personas y la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes-Capítulo Amazonas“ y así “se erradique y/o mitiguen los casos de Trata en la región por medio de buenas prácticas de migración, acompañamiento a víctimas, diseño de políticas públicas y trabajo en red.” Y es que las víctimas, insiste el documento “requieren acompañamiento, asistencia y apoyo en su proceso de recuperación frente a daños psicológicos y físicos a veces irreparables.” Pero, además, se pide que la justicia y el acompañamiento sean garantes del inicio de inclusión y trato digno en el restablecimiento de sus derechos.

Mapa esquemático de la zona. Foto. Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM
Mapa esquemático de la zona. Foto. Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM

Por último, el manifiesto resalta la existencia de la propia Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas de la Triple Frontera como un testimonio de unidad, compromiso y resistencia en la Defensa de la Vida, la Cultura y el Territorio, desde la prevención, acompañamiento a las víctimas del abuso y violencia sexual, así como la promoción de los Derechos de los niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres engañados y/o sometidos a la compra y venta de su dignidad y libertad. Estas iniciativas y procesos nos convocan como laicos/as, religiosos/as, sacerdotes y obispos a ser esperanza, luz y presencia para las comunidades y familias de la región.

La realidad de la trata contra personas en el Amazonas quizá no sea el tema principal a trabajar en el próximo Sínodo del mes de octubre, pero si algunos de los temas relacionados con ella, tanto en su prevención como en su causa, y que se han propuesto dentro del Instrumentum Laboris: cuestiones como la salud integral, la educación integral y la migración. Esta última puede ser tanto “pendular” que va y viene del campo a las ciudades, “desplazamientos forzados” dentro de un mismo país, “migraciones voluntarias” hacia las ciudades que dan lugar a procesos de urbanización de las comunidades indígenas, muchas veces vinculados a la deforestación y abusos medioambientales y también “migraciones internacionales”, generalmente involuntarias y forzadas, como lo es la trata, una de sus peores y más escandalosas formas.

 

 

[1] Este reportaje sobre la Triple Frontera de la Amazonía ha sido posible gracias a CIDSE y REPAM y ha sido publicado en la Revista Vida Nueva número 3.142 del 30 de agosto de 2019 bajo el título “Eslabones contra la trata en la triple frontera de Colombia, Perú y Brasil” (VER REPORTAJE en PDF aquí, sumario de revista AQUÍ y artículo reducido-ONLINE en Vida Nueva, aquí)

Entrevistas con @migasocial. Dário Bossi (Red Iglesias y Minería): en América Latina la Iglesia se está ‘enredando’.

¿Habéis oído hablar de la Red Iglesias y Minería? He tenido la suerte de conocer y poder entrevistar al sacerdote italiano Dário Bossi, (1972, Gallarate, Italia), misionero comboniano destinado a Brasil desde 2002.  Él es desde enero de 2017 el  Coordinador de los Misioneros Combonianos en Brasil y desde 2013 miembro de la coordinación de la Red Iglesias y Minería .

Foto de Marta Isabel González/Manos Unidas

Háblenos de la Red Iglesias y Minería. ¿En qué consiste y por qué en la realidad de Latinoamérica era tan importante acometer una red así?

Por dos motivos. Por un lado porque la Iglesia Latinoamericana es más abierta y con mayor experiencia en la articulación de redes: lo demuestra el hecho que, casi contemporáneamente a Iglesias y Minería, se fundó la REPAM (Red Eclesial Panamazónica) . Digamos que éste  es un tiempo en el que “en América Latina la Iglesia se está enredando”.

El otro motivo es porque es precisamente  en América latina donde es más fuerte la explotación minera. El 28 % de la explotación minera del mundo, tiene lugar en América latina.

Paralelamente, hay una proporción directa entre la intensidad de la extracción minera y la violencia y agresión a comunidades y territorios. La Iglesia no se puede quedar callada frente a esta agresión.

Por ultimo diría que “Iglesias y Minera” nació antes de la publicación de la Encíclica Laudato Si pero sentimos una total coincidencia con sus ideas y no es una casualidad que los únicos territorios que en Laudato Si son citados explícitamente, son los territorios de la amazonía y la cuenca del río Congo, que son dos regiones fuertemente minerales.

Es evidente la conexión entre las preocupaciones ambientales en los conflictos sociales y la minería.

– ¿Qué ha supuesto para vuestra red, para el trabajo de base de Iglesia que lleváis a cabo en esta red, la publicación de Laudato Si?. ¿Diría que hay un apoyo directo del Vaticano o del Papa Francisco?

Laudato Si. llego después, pero naturalmente fue fruto de una maduración, que, como vemos después en la publicación, se inspiró mucho en las luchas locales. La encíclica Laudato si es histórica, porque sus fuentes son las conferencias episcopales, los obispos, los territorios de base y hay también citas de otras experiencias religiosas.

Es una encíclica en la que lo que está escrito es fruto de mucho trabajo e inspiración, preguntas, e investigaciones que vienen de los territorios. Y eso lo podemos confirmar. Necesitábamos ver nuestras luchas y esfuerzos plasmados en un documento y, de alguna manera, consagrados por una posición oficial de la Iglesia. Cuando lo vimos y en una encíclica, nos dio mucho aliento.

El Papa lo dijo con una radicalidad inesperada, con una fuerza que incluso nos sorprendió. La leímos 2 ó 3 veces en pocos días para hacerla nuestra. En varios territorios la estamos retrabajando junto  a las poblaciones y las comunidades.

Nos parece que de Laudato Si muestra exactamente cómo las violencias en los territorios están interconectadas, y cómo no se puede aislar el trabajo, en nuestro caso frente a la minería, frente a los conflictos de la tierra, latifundios, la agresión forestal, la cuestión climática, la defensa del agua, la cuestión de la autodeterminación de las comunidades tradicionales y sus territorios. Es una encíclica que muestra que en verdad todo esta interconectado. Y que por tanto confirma también la importancia de trabajar en red.

–  ¿Cómo funciona el “face washing” o lavado de cara en relación a las iglesias y las empresas mineras que operan en América Latina?

Las empresas necesitan licencia social. Es decir, junto al “riesgo económico”, por ejemplo, a que haya un accidente, o se agoten sus recursos naturales, las empresas saben que existe un “riesgo social” y el principal es que la población se oponga a sus iniciativas. Ese “riesgo social” es esencial a la hora de definir sus estrategias, tomar decisiones económicas, analizar los mercados financieros y en las relaciones comerciales. Es un elemento fundamental en la definición de sus estrategias económicas.

Laa empresas comprenden que uno de los actores que puede ayudarles a disminuir ese “riesgo social” son las iglesias, no solamente la católica. Y es que, en la mayoría de los países de América Latina, las iglesias, la Iglesia católica sobre todo, mantienen una fuerte credibilidad. Es uno de los actores más influyentes y respetados, incluso moral, ético, político, histórico. Entre las organizaciones más diversas, es la que da más confianza.

Por eso, acercarse a las iglesias, significa, de alguna manera, “limpiar la imagen”, hacer un trabajo de “maquillaje”, que permita reposicionar  su marca, su logo e imagen en la sociedad.

Las empresas mineras saben que donde se pongan habrá conflicto, porque lo que ellos hacen no es algo natural, no es algo que se espera de un territorio. Es una “violencia” que se hace a la tierra y a un territorio bajo unas condiciones y las condiciones con las que ellos negocian, lo que ofrecen son condiciones de interés, de ganancia, trabajo y de desarrollo.

Pero estas condiciones las negocian junto a otros impactos, que son impactos sobre la salud y el medioambiente, el futuro de un territorio, la seguridad de una población, el futuro, la permanencia y el enraizamiento en un territorio.

La empresa obliga a la comunidad a hacer un balance y tomar decisiones. Nosotros decimos que lo que ofrecen las empresas son “alternativas diabólicas”. Porque ¿cómo puede alguien decidir si es más importante el trabajo o la salud? ¿Comer o tener agua limpia?  Nadia debería estar obligado a escoger entre esas dos cosas.

La empresa minera sabe que, se ponga donde se ponga, habrá conflicto y desarrolla una serie de estrategias o instrumentos para disminuir este conflicto.

Un instrumento legítimo importante es, por ejemplo, la “negociación de beneficios sociales”, en la que entra toda la cuestión de la sabiduría, de la visión política, el papel esencial de la política de la que se habla m Laudato Si.

Pero oros instrumentos son menos legítimos, más agresivos. Algunos son de seducción, otros son de amenaza, o de espionaje o de infiltración. Ellos tienen todo un elenco de modos de acción de cara a  las comunidades.

En este punto, no cabe duda de que las iglesias podrían volverse un instrumento más para disminuir este conflicto. Lo que las empresas buscan es un mediador entre la empresa y la comunidad. Alguien que se ponga en medio y que se esfuerce en entender las razones de los dos.

Y esto nosotros no lo queremos  porque éste no es el papel de las iglesias, ese debería ser el papel de la política. Las iglesias, por supuesto la Iglesia católica, por su vocación, tiene que escoger el lado de los más débiles, vulnerables y de quienes son amenazados. Esta disputa de posiciones nosotros la entendemos como una de las misiones más claras de la Red Iglesias y Mineria para ayudar a las iglesias a posicionarse.

No lo digo de manera crítica, porque para alguien como un obispo o un cura que no conoce nada de este contexto y se encuentra con una situación de este tipo, puede incluso parecerle natural este papel de mediación, porque la Iglesia lo hizo en otros momentos. Pero conociendo todo este contexto y la historia de muchos territorios, nuestra misión hoy es ayudar a la Iglesia a comprender el riesgo grande de ponerse en medio. Y la misión esencial, como decía el Papa Francisco cuando escribió en 2015 a las víctimas, es escuchar el grito de los afectados. Este es el punto de partida de la Iglesia. Es toda una cuestión compleja.

11ª Romería por la Tierra y las Aguas organizada por Red Iglesias y Minería en Maranhão (Brasil). Foto de Marcelo Cruz

–  ¿Qué ofrecen las empresas a la Iglesia, dinero…? ¿Cómo se puede comprar a la Iglesia?

Hay varios niveles, a veces no es directamente comprarla, hay promesas de inversiones, de restructuración de templos, inversiones de dinero para intereses etc.

Hubo un proyecto interesantísimo de las empresas llamado “Minering Partnership”, aunque luego no se llegó a hacer, donde las empresas se proponían hacer formación para los teólogos, financiar los seminarios, ofrecer formación a los teólogos para reflexionar sobre ética y minería, liturgia y minería, pastoral y minería etc.

A veces se entra a través del dinero para contaminar las ideas, lo cual es muy peligroso.

Pero no siempre se trata directamente de comprar. A veces todo ocurre con una intención aparentemente honesta. En algunos casos hay emresarios y emprendedores que consideran esto como un proceso honesto.

Probablemente algunos de los que fueron al Vaticano tenían intenciones buenas. Pero esto es muy difícil desde una buena posición económica y desde dentro de una estructura que esta haciendo tanto mal. Simplemente decir que se está  dispuesto al cambio sin mostrar cambios efectivos no es coherente. Acreditaremos esas afirmaciones cuando se demuestren cambios directos conforme a lo que tantas comunidades están exigiendo.

–  ¿Cuál sería la recomendación desde “Iglesias y Minería” a las ONG  que buscan el desarrollo de las personas, pero a la vez necesitan financiación de empresas?

No es fácil. Lo que diríamos es primero que nunca es suficiente escuchar el punto de vista de la empresa porque hay departamentos totalmente organizados y preparados para hacer esto (“face washing”). A veces se presentan como empresas sostenibles y justas y que cumplen todos los protocolos. Y es que, generalmente, las empresas más ricas son las que paradójicamente hacen más impactos y logran camuflarlos más.

Aspecto de la contaminación que sufre Piquiá de Baixo (Brasil). Foto Marcelo Cruz para Red Iglesias y Minería

–  ¿Qué le parece el Pacto Mundial y otros mecanismos puestos en marcha por las Naciones Unidas como las negociaciones para elaborar un tratado vinculante para que las multinacionales respeten los derechos humanos ?

Un principio importante es que nunca es suficiente un diálogo de las cumbres de la Iglesia o de las Organizaciones con las empresas. Se debe contar con las informaciones a partir de las comunidades pero el modelo actual nos hace caer en la tentación de olvidarlo. Nuestro punto de referencia y de escucha, nuestra fuente de información y de averiguación de los hechos, son las comunidades.

Esto no significa que la comunidad tenga una visión unívoca. Es muy complejo porque a veces la propia comunidad está dividida. Pero es importante basarnos en el punto de vista de las comunidades tanto en lo que se refiere a conflictos específicos, o arreglar las relaciones con las empresas en los conflictos específicos, como en lo que se refiere a estrategias políticas y económicas.

En cuanto a lograr un tratado vinculante para que las multinacionales respeten los derechos humanos  no es algo que les guste a las empresas y veo que es algo que la Iglesia no siempre apoya. La empresa dice “no, ya tenemos los principios rectores”, pero los  “Principios Rectores sobre las empresas y los Derechos Humano” son como recomendaciones, no obligatorios. Pero hay un movimiento y un grupo de presión de trabajo dentro de la ONU para que sean principios vinculantes con obligaciones, reglas y penas para quien no los cumpla. Pero las empresas dicen que no es necesario y dicen “te garantizo que lo estoy cumpliendo”. Hay mecanismos de fiscalía y de monitoreo, incluso del castigo pero falta la obligatoriedad.

La otra cuestión es el “Consentimiento Libre, Previo e Informado (CLPI)”: internacionalmente reconocido y que varios países suscribieron, pero que no se aplican y que son facilmente  sustituidas por consultas voluntarias que a las empresas les gusta hacer.

En cuanto al punto de vista estratégico y metodológico, una es la versión que viene de arriba a abajo y la otra de abajo a arriba. Entonces si la Iglesia, las entidades, los organismos internacionales, etc. se asocian más a una visión que a otra, está claro que favorecen más a un tipo de evolución del sistema que a otro. 

–  Pero está claro que no todas las empresas son malas. ¿Cuál sería el camino para trabajar juntos? ¿Cómo hacer para que las empresas cambien y detectar dentro de las empresas a la gente que quiere hacer las cosas bien?

No es nuestro campo directo, pero este es un tema que sale cuando reflexionamos con las  ONG. Cada vez se promueve más el debate y la reflexión, incluso hacia fuera de las instituciones.  Cada institución tiene sus reglas.

Así como el intercambio de comunidades es muy rico, también entre entidades hay que sentarse para debatir más sobre este tema. Por lo menos al hablar de eso es evidente como se eleva el nivel del discernimiento y de ética. Cuando no se habla se da mucho desconocimiento de las cosas. Pero cuando se empieza a hablar y se dialoga, una reflexión contamina a la otra y creo que es un proceso que sólo puede favorecer la calidad del discernimiento. El diálogo con las empresas es algo esencial.

–  Dice usted que la Iglesia en América Latina se está “enredando” (REPAM, Red Iglesias y Minería) pero también en Europa y EEUU las ONG de Desarrollo de la Iglesia trabajamos en red: como en  CIDSE o en España con “Enlázate con la justicia”¿crees que el trabajo en red es positivo o que quizá la sociedad percibe más bien una maraña muy  compleja?

Desde nuestro punto de vista es justo al revés: nos parece extraña esta distancia, el aislamiento entre una entidad y otra. Tenemos que hablar con ustedes utilizando una gramática en un idioma, despues cambio de idioma gramatical, y las exigencias de uno son diferentes de las del otro. No digo que haya que uniformarse pero percibimos que hay repetición de cosas, de estrategias, de reflexiones.

Quizá alguien crea que estructurar una red mayor sería un gasto de energía, pero a mí me parece lo contrario. Se gasta mucha más energía cuando una organización  hace las mismas reflexiones que otra y ambos no lo saben.

En mi humilde opinión cuando hay campos comunes y redes temáticas iguales, es mas fácil trabajar y encontrar conexiones. El trabajo en red no es un principio teórico sino práctico porque hay muchas necesidades en el mundo que requieren que actuemos en  red y esto es un desafio.

–  Para terminar, usted asegura “luchar no es un verbo intransitivo” ¿Cual sería la lucha? ¿ Contra quién estamos luchando?

Como dice Laudato si, éste sistema es insostenible y es una economía de muerte. Infelizmente, por nuestras coyunturas temporales, hacemos cosas chiquitas, sin proponer alternativas que se puedan promover, o peor aún,  sin decir qué tipo de desmonte se puede hacer con este sistema que quitó a tantos las alternativas que ya tenían.

Mucho de lo que se debe hacer ya lo sabemos: está dentro de nosotros, no está lejos, está en toda la recuperacion de la “cultura del bien vivir”, por tanto en otro modelo.

Estamos luchando contra el reloj del tiempo, contra la urgencia de poner límites que están quedándose cada vez más cercanos y es que nuestra visión se vuelve cada vez mas miope. Nosotros no lo vemos, será que nuestra visión también se hace torpe .

Quizá todo es fruto de la complejidad: cuando más complejo es algo, la tendencia natural es mirar lo particular, lo cercano, mi ombligo. Pero esto mata.

Yo diría que Laudato Si es una “hoja de ruta” muy clara: estamos luchando contra un sistema insostenible. Antes se decía que si decías eso era porque tenías un pensamiento ideológico comunista, pero ahora hay una encíclica la que dice que esta lucha es mucho más importante y más trascendental de lo que creíamos y necesita más cambios que los que hemos logrado hasta ahora.

 

Un momento de la entrevista de Marta Isabel González al padre Dario Bossi, durante su visita a Manos Unidas en marzo de 2017