“Everything is connected” #Laudatosi #Laudatosi5 #5YearsChangeandCare

Con motivo de la celebración del 5º Aniversario de la publicación de la Encíclica Laudato si’ del Papa Francisco, desde CIDSE y a quienes hemos participado con ellos estsos últimos cinco años en la campaña “Cambiemos por el Planeta, Cuidemos a las Personas” (inspirada por la encíclica), nos  han hecho una pequeña “entrevista”. Algunas de estas respuestas han sido publicadas en este artículo de su web. Otras, han sido replicadas en parte en Redes Sociales (#5YearsChangeandCAre). Yo he querido compartir aquí la entrevista completa (aunque esté en inglés/English) ya que quiero dejar así constancia de estos últimos 5 años de trabajo y rendir así mi personal homenaje a la labor que hemos realizado, pasito a pasito, pero dejando fuertes raíces que ya germinan dando fruto. El camino sólo acaba de comenzar. El objetivo: cuidar de nuestra Casa Común y de las personas que la habitamos, especialmente de los más desfavorecidos y modificar nuestros estilos de vida por unos más sostenibles.

I have been connected with the campaign CFTP “Change for the Planet, Care for the People” since 2015. I had the opportunity to be in New York covering as journalist and communicator, the presentation of the new 2030 Agenda and Sustainable Development Goals (SDGs) in the UN with CIDSE and Manos Unidas. I lived with special enthusiasm the moment when Pope Francis arrived there to do his speech in the General Assembly, only four months after he published his encyclical Laudato s’. After in December, I participated in the side events during the COP21 in Paris and she lived another unforgettable historical moment when the “Paris Agreement” was finally signed. These two special moments showed me that is real that “all is connected”, and not only Development and Environment and Sustainability, but Communication, Youth, Solidarity, Civil Society Movements, Spirituality, and our Lifestyles and that Laudato si’ expresses perfectly well the opportunity to practice of the Social Teaching building a better world for all the human beings and our Common Home.

How have you been involved with the Change for the Planet- Care for the People initiative? What was your role there?  

Since 2015 until now, I have been connected with CFTP Campaign in three different roles. Since 2015 until 2019 as a journalist and communicator responsible for the CFTP in the Comms Department of Manos Unidas. During 2019 as Communication Officer of CIDSE, coordinating the Comms activities of the Campaign internationally. And the first months of 2020, I have been the Focal Point of the Campaign in Manos Unidas.

Imagen utilizada en estos días para promocionar la campaña dentro del 5 aniversario de Laudato Si #5YearsChangeandCare
Imagen utilizada en estos días para promocionar la campaña dentro del 5 aniversario de Laudato Si #5YearsChangeandCare

What’s your favorite memory to share about Change for the Planet- Care for the People initiative (remember that this is for a public article, so it’s better not to refer to internal meetings or it will be unclear)?  

As it has been said in my presentation I have some special memories from COP21 in Paris in December 2015. We went with a heterogenic group of youth volunteers and members of Manos Unidas and we met many other youngers from all the MOs of CIDSE and also enjoy a lot with all the process, even the terrible travel from Madrid to Paris in a regular Bus. Living the sacrifice and many other difficult and new experiences there, we enforced our team.

The group became bigger in 2017 in Casa Velha Sustainable Camp and the Walk for the Change to Fatima (Portugal) organized by FECONGD and CIDSE, and also the public awareness about sustainable lifestyles inside the youth of Manos Unidas, so in 2018 we built together as teamwork the wonderful experience of the First Youth Sustainable Camp of Manos Unidas in Spain.

El I Campamento Sostenible de Manos Unidas en Mas de Noguera (Castellón), una experiencia inolvidable
El I Campamento Sostenible de Manos Unidas en Mas de Noguera (Castellón), una experiencia inolvidable

Finally, the last year 2019 and living in Brussels, I lived two wonderful moments with the CFT Campaign:  the Youth Residential “Our Common Home” organized by CAFOD and CIDSE in Alton Castle  (UK) sharing and learning with more than 50 young people from 10 countries and 3 continents; and the coordination of the launching of the special publication that CFTP cone in 5 languages (Spanish here), the “Journalists Toolkit on Sustainable Lifestyles” during a four hours Journalist and Expert Panel titled “Talking Integral Ecology and Living Sustainably” organized in Sala Marconi (Radio Vaticana/Vatican News) and as one of the side events of the Amazon Synod. Both activities with the KR Foundation funds and a lot of great memories.

Youth Residencial Camp "Our Common Home" con CAFOD y CIDSE
Youth Residencial Camp “Our Common Home” con CAFOD y CIDSE
Imagen al finalizar la primera de las mesas redondas con las que presentamos en Roma el "Manual para periodistas sobre estilos de vida sostenibles"
Imagen al finalizar la primera de las mesas redondas con las que presentamos en Roma el “Manual para periodistas sobre estilos de vida sostenibles”

What did you learn from Change for the Planet- Care for the People initiative? Did you change any of your lifestyle behaviors or took any new commitment as a consequence? 

I am a bike lover since 2007 and some people admire my braveness because I use my bike as regular transport in a city like Madrid which now is more bike-friendly but not always have been like this. I buy Fair Trade and eat more organic food from local farmers. My dream is to be able to travel regularly all around Europe by High-Speed Train and see all the European Capitals crowded with bikers.

Entrevistas #conmigasocial: Natalia Díaz Martín, joven, mujer y activista climática por un mundo mejor

Natalia Díaz Martín tiene 20 años y estudia el tercer año del Grado de Magisterio. Es voluntaria y comprometida activista de Manos Unidas desde 2017, y en 2018 participó en el Campamento Sostenible para Jóvenes de Manos Unidas organizado junto a CIDSE en el Mas de Noguera (Castellón de la Plana). Ese mismo año y junto a Manos Unidas y su red internacional CIDSE, participó en la COP24 de Katowice en las actividades paralelas organizadas dentro de la campaña “Cambiemos por el Planeta, Cuidemos a las Personas”  ( “Change for the Planet, Care for the People” )

En junio de 2019 recibió la Condecoración al Mérito Civil como representante de una España joven y solidaria: “una medalla que guardo con mucha responsabilidad y respeto y que tuve el privilegio de recoger, pero que pertenece a todas las personas que forman Manos Unidas y que dedican su vida y creen en un mundo más bonito, más humano, más compasivo.”

Y en diciembre de 2019 participó junto a Manos Unidas y CIDSE en las marchas y actividades paralelas organizadas con motivo de la COP25 de Madrid, y durante todo ese año en las marchas organizadas por Juventud por el Clima Tenerife #FridaysForFuture de la que es una de las fundadoras en la isla de Tenerife.

Esta entrevista, realizada a propuesta de CIDSE con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer 2020 ( y que puedes leer aquí  en inglés)  la ha impactado mucho pues nunca se paró a pensar en lo diferencial que es ser mujer, joven y activista.

Ella lo expresa así: tras esta entrevista siento que soy un poco más feminista, porque he mirado en mi interior y me he abierto a ustedes con toda confianza, porque creo que, en gran parte, de eso se trata, de querernos y de compartir. Quizá, ha sido uno de los retos más imponentes o la entrevista más profunda que he realizado y que más me ha hecho reflexionar sobre mi existencia y mis características, entre ellas, ser mujer. Cómo descubro en estas líneas, quizá algo tan asumido como mi forma de ser, coincide con un patrón de sentires que comparte el género. ¿Soy yo o ha sido mi educación?

Cuéntanos ¿cómo te implicaste en Manos Unidas como voluntaria?

Aunque un poco apartado durante este ajetreado cuatrimestre, mi voluntariado con Manos Unidas está lleno de experiencias tan diferentes como enriquecedoras.

Mi labor en Tenerife es ir recabando todas las fotos de los eventos que hacemos y soy la encargada de las relaciones de Manos con la universidad. Además, he participado en mercadillos, dado charlas en colegios… Y formo parte de la red de jóvenes, que siempre tenemos cosas entre manos.

Natalia Díaz, Laura Menéndez, Alicia Gómez, Adrián González e Irene Rodríguez durante las Jornadas de Formación de Manos Unidas de 2019
Natalia Díaz, Laura Menéndez, Alicia Gómez, Adrián González e Irene Rodríguez durante las Jornadas de Formación de Manos Unidas de 2019

¿Por qué es importante que el movimiento contra la Crisis Climática anime a las mujeres a involucrarse?

Una de las oportunidades de esta crisis climática es que nos afecta a todos, aunque no de la misma manera. Por tanto, por un lado, todos nos vemos involucrados y necesitamos cambiar y, por otro, los países en vías de desarrollo se ahogan tras la falta de mitigación, sus consecuencias y su carencia de recursos. Asimismo, dentro del grupo de personas, como es bien sabido, mujeres, niños y ancianos son los más vulnerables y expuestos a este cambio sin precedentes y quienes más los sufren.

Por lo cual, desde esta perspectiva, la presencia de mujeres en la lucha climática es tan necesaria como ineludible.

Más allá de este hecho, en un mundo predominantemente patriarcal, las mujeres son una potente fuente de cambio, por sus tareas y labores. De hecho, me atrevería a decir la más eficaz. Si ellas cambian, el sistema cambia y con mayor rapidez.

Así que, no solo es importante alentar a las mujeres, porque en esta lucha necesitamos todos de todos, su valor y participación como activistas es imprescindible. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el cambio se está produciendo desde lo local a lo global.

Durante la COP25 de Madrid los jóvenes activistas y voluntarios de Manos Unidas se reunieron y trabajaron juntos.
Laura Menéndez y Natalia Díaz durante la reunión de trabajo que tuvo lugar en Manos Unidas en diciembre de 2019 junto a CIDSE y otros participantes en la COP25 de Madrid

¿Has dudado alguna vez a la hora de ejercer tu liderazgo como activista climática por el hecho de ser mujer?

Es una pregunta difícil porque, aunque al comienzo tenía o tomaba más posiciones de liderazgo, que he ido cediendo a otras personas por diferentes motivos, sin plantearme que uno de estos sea el hecho de ser mujer, me he percatado de que muchas veces la transmisión del mensaje o las personas que más capacitadas veo y siento para transmitirlo son los hombres que me acompañan en esta lucha, quedando relegadas nosotras a un segundo plano o viéndonos más cómodas detrás de las redes sociales. Y, al fin y al cabo, esto se puede descifrar con una lectura de que ocultamos nuestro rostro, en teoría, de forma completamente involuntaria.

Asimismo, aunque desde nuestros inicios, hemos intentado tomar un rol completamente paritario en nuestras intervenciones en público y, la mayoría de las veces, lo hemos conseguido, hay una mayor predisposición masculina.

Las veces que he participado en eventos públicos como debates o medios de comunicación, inclusive la radio (aunque esta menos), ha sido por la creencia de la importancia de dar voz femenina a este movimiento antes que en mí y porque no había más opciones. Así que sí, he dudado muchísimo en tomar liderazgo en esta lucha, por cuestiones de confianza o valía, compartido con el resto de mis compañeras.

No obstante, cuando se ha tratado de compartir mi testimonio de forma escrita, como en esta entrevista, o en los foros de CIDSE siempre me siento muy cómoda y me encanta.

Intervención de los Jóvenes de Manos Unidas en las Jornadas de Formación de 2018 en El Escorial
Intervención de los Jóvenes de Manos Unidas en las Jornadas de Formación de 2018 en El Escorial

¿En las actividades en las que participas como activista climática, tu voz es valorada tanto como la de los hombres?

Relacionado con lo anterior, creo que el mensaje ofrecido por un hombre es más potente o llega más y que, como vemos que pasa con Greta, siempre se nos señala e intenta devaluar por aspectos que nada tienen que ver con nuestro discurso.

Aunque yo no haya sufrido nada de esto, sí que en reiteradas ocasiones me han preguntado por el fenómeno Greta, por ella, por quién hay detrás, y no haciendo alusión a su mensaje.

No obstante, contenta de la cantidad de mujeres activistas climáticas que conozco y el reconocimiento de muchas jóvenes como Helena Gualinga que no dejan de dar voz a esta crisis y a la necesidad de justicia climática, creo que podemos estar orgullosas y sentir que formamos parte de esto tanto o incluso más que los hombres.

Natalia Díaz y otros jóvenes voluntarios de Manos Unidas participantes en marchas contra la Emergencia Climática en Madrid COP25
Natalia Díaz y otros jóvenes voluntarios de Manos Unidas participantes en marchas contra la Emergencia Climática en Madrid COP25

¿Qué crees que podría hacer el movimiento y activismo climático para que se valore más las voces y participación de las mujeres?

No creo que sea una cuestión de activismo climático, es una cuestión de pensamiento y del sistema.

La participación y la voz de las mujeres está, solo tenemos que pararnos a escucharla y darle la misma validez independientemente de quién habla, con la única certeza de que es una persona y, por tanto, merece validez y respeto.

Sin embargo, como he manifestado, se trata de un acto inconsciente, interiorizado y forjado desde nuestro nacimiento, siendo un trabajo personal el ir cambiando, el de seguir informándonos y haciendo un ejercicio de introspección, de saber cómo actuamos y por qué lo hacemos. Quitándonos vendas hasta lograr ver desde una mirada feminista.

No obstante, creo que esta lucha está siendo un gran impulso e interviniendo positivamente en los logros de esta igualdad.

Natalia Díaz junto al resto de miembros de la delegación que Manos Unidas envió a la COP24 de Katowice a participar en los eventos organizados por CIDSE
Miembros de la delegación que Manos Unidas envió a la COP24 de Katowice a participar en los eventos organizados por CIDSE. De izquierda a derecha, Alicia Gómez, Natalia Díaz, Teresa Cerro y Pedro Pablo Angosto.

Para romper clichés en el sector de las ONG para el Desarrollo

Hace un mes aproximadamente, pude participar en la Casina de Pío IV, Academia Pontifica de Ciencias Sociales del Vaticano, en el Décimo Aniversario de la encíclica CARITAS IN VERITATE titulado “Teoría y práctica del desarrollo”, organizado por el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral.

Quizá a estas horas, el Papa Benedicto XVI ya haya podido leer el libro o publicación que a posteriori se preparó para él con todas las intervenciones que allí tuvierno lugar. Para mi es increíble sólo pensarlo y muy emocionante.

Por eso y por si esa publicación no llega a vuestras manos, os comparto a continuación mi intervención íntegra. Son sólo cinco minutos.

Caritas in Veritate, una encíclica que ayuda a romper clichés en el sector de las ONG para el Desarrollo

Excelencias. Señoras y Señores:

Ahora se cumplen 10 años de la publicación de esta maravillosa encíclica. Y, como en nuestra vida de Fe todo está entremezclado con nuestra propia historia, permítanme que, para explicar lo que en parte  “Caritas in Veritate” significa para el trabajo de las ONG Católicas de Desarrollo, les cuente una historia personal. Y es que el año que viene, se cumplen también 10 años de la defensa de mi Tesis Doctoral sobre “Comunicación para la Solidaridad” en la que tuve la ocasión de estudiarla y trabajarla.

Por eso cuando desde CIDSE, la red internacional que engloba a 18 de las principales ONG católicas para el Desarrollo y la Justicia Social de Europa y Norteamérica, con sede en Bruselas, y donde soy  Responsable  de Comunicación y Prensa, me propusieron ser su representante en este aniversario tan especial, me sentí muy honrada, porque con el trabajo de esta encíclica y gracias a su análisis y profundización pude descubrir las siguientes tres enseñanzas que comparto:

  1. En primer lugar, después de leerla, y haciéndome eco de la llamada en la que la encíclica recuerda en su punto 79 que El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios, decidí dedicar una parte de mi investigación a estudiar “La aportación de la Iglesia Católica al sector de las ONG y la necesaria revalorización del concepto “Caridad””. (Utilicé en esas 27 páginas un total de 13 referencias a la encíclica).

Y es que muchas veces en España, en el sector de las ONG de Desarrollo, la palabra “caridad” se encuentra muy manoseada y desprestigiada. Y yo, como comunicadora profesional en organizaciones de desarrollo, pero sobre todo como católica no podía evitar sentir una especie de pinchazo en mi interior cada vez que oía hablar de la “caridad” como si su único significado posible fuera el del peor modo de ayuda asistencial.

¿Cómo no revalorizar la “Caridad” cuando toda “santa indignación” ante las injusticias, los expolios y acaparamientos de tierras con el único afán de estrujar al máximo los recursos naturales; cuando todo afán por el desarrollo y lucha contra la pobreza y el hambre, que es evitable y sólo persistente por culpa de nuestro egoísmo y la avaricia de unos pocos; cuando toda vergüenza que sentimos ante los efectos de las guerras, el sufrimiento de los refugiados y también de los desplazados a causa de la emergencia climática que vivimos; cuando toda búsqueda de una vida mejor para todas las personas del planeta, brota en nuestro corazón, lo sepamos o no, inspirada por quien es la Caridad, el Amor con mayúsculas?

No podemos ser indiferentes al sufrimiento. Nuestra única respuesta sólo puede ser dedicarnos a dar nuestra vida por los demás, como nos pidió Jesús. “Amaos como yo os he amado”. Y hacerlo con fidelidad a la Verdad, que es también, por cierto, la máxima del buen periodista y comunicador.

  1. En segundo lugar, en mi afán personal y académico por profesionalizar el trabajo de las ONG y el Tercer Sector, descubrí que, como casi siempre Dios es “el Dios de las sorpresas” y con Él las cosas son, casi siempre, del revés: a contracorriente de algunos órdenes establecidos en el mundo. Porque también en esa época se desprestigiaba el trabajo de los misioneros y misioneras en el mundo como agentes de desarrollo reconocidos. Se les consideraba como si fueran “menos profesionales”. Pero yo descubrí que la vocación cristiana, o, dicho de otro modo: que el hecho de que hagas todo lo que haces por los demás por amor a Dios, nunca te resta profesionalidad, al contrario. Pues son precisamente esos misioneros (religiosos y laicos), los que, si hay guerra, epidemias o desastres, no se van.

Ellos y ellas son a menudo los  principales socios locales en las ONG de Desarrollo católicas (y de otras que no se significan como católicas). Pero es que, además, en su máxima sencillez y sin presumir de ello, esos misioneros y misioneras tienen muy a menudo currículos y perfiles profesionales tan o más sólidos que los de muchos cooperantes profesionales. No quiero con esto desprestigiar a nadie. Cada uno es quien es. ¿Pero, por qué ese afán de no aceptarlos como profesionales de la Cooperación al Desarrollo? ¿Sólo por ser creyentes y vivir en coherencia su vocación y entrega?

  1. Y, en tercer lugar, y quizá lo más sorprendente fue que en esa época, hace diez años, yo no sólo investigaba la Comunicación para la Solidaridad, sino que trabajaba, como ahora, como Responsable de Comunicación en una ONG. Pero en esos momentos no era precisamente una ONG católica, aunque como muchas en España, había nacido en la Iglesia.

Esa organización estaba especializada en realizar campañas de sensibilización y educación para el desarrollo en apoyo del Comercio Justo y la incidencia política y el activismo accionarial para cuidar del medio ambiente y los derechos laborales en la cadena de producción de ropa. En esos momentos, iniciamos una campaña especializada en promover las Finanzas Éticas y para animar a que, lo mismo que nadie quiere consumir productos que dañan la naturaleza y a las personas que lo producen, tampoco deberíamos querer tener cuentas bancarias en las que detrás de ciertos fondos de inversión haya quizá armamento ilegal, clínicas abortistas u otros negocios contra los derechos humanos o contrarios a nuestra conciencia.

Pues bien. En esos momentos se publica la encíclica que hace una crítica feroz a ese sistema financiero inhumano y corrupto. Yo, como católica, no cabía en mí de gozo. Pero ¿cómo proponer a mis colegas, casi todos ajenos al mensaje de la Iglesia, una encíclica como documento de trabajo? Pues claro está: ¡porque cada encíclica, no lo olvidemos, va dirigida también “a todos los hombres (y mujeres) de buena voluntad”! Y ahí entramos todos.

Al final no fue tan difícil, usamos la encíclica. Y también mis colegas se dieron cuenta de que  la  mayoría de las instituciones que se unieron para impulsar las Finanzas Éticas en esos momentos en España, eran grupos de católicos comprometidos, organizaciones católicas de desarrollo y algunas congregaciones de religiosos y religiosas.  Todos ellos ejemplos claros de Doctrina Social de la Iglesia en acción, que es otro modo de evangelizar.

Concluyo mi intervención diciendo que, personalmente, junto a Evangelium Vitae, de Juan Pablo II, “Caritas in Veritate” me marcó profundamente. Se convirtió en la Encíclica que más me ha influido. Reafirmó mi vocación como periodista y comunicadora en este Tercer Sector de la Solidaridad y el Desarrollo Humanos. Y ahora, junto a ella está  “Laudato Si”. Ambas de dos Papas que este tiempo tan especial de la historia nos hace compartir: uno emérito, europeo, alemán, intelectual. Otro en activo (y tan en activo), americano, argentino, un pastor con olor a oveja, como a él le gusta definirse.

No puedo más que dar gracias a Dios por haber nacido en este tiempo de Papas extraordinarios. Y estos dos Papas actuales, y sus encíclicas, son a mi juicio caras de una misma moneda. Esa moneda es nuestra Iglesia, somos nosotros, unidos desde siempre a los más pobres y para trabajar por un mundo mejor a través de la Doctrina Social, el Desarrollo y la Solidaridad.

Dos Papas. Dos caras de una única moneda: la Iglesia, que debe seguir invirtiendo en el único banco y negocio que merece la pena: dar la vida por los demás, por los más desfavorecidos, por un mundo mejor, porque el Reino de Dios llegue de verdad a todas las personas del mundo.

Así se lo pido, hoy y siempre a la Virgen, María Inmaculada, Madre del Amor Hermoso, Madre de Jesús-perfecta-Caridad.

Muchas gracias

 

Dra. Marta Isabel González Álvarez
www.migasocial.com Twitter @migasocial
Responsable de Comunicación y Prensa en CIDSE www.cidse.org
Media and Communications Officer CIDSE www.cidse.org

 

 

21 días que pueden cambiarlo todo

Cuando una amiga me invitó a escribir este artículo estaba en Roma. Allí he pasado casi todo este pasado mes de octubre implicada en el Sínodo para la Amazonía coordinando directamente dos de las  actividades paralelas celebradas dentro de  Amazonía Casa Común, y apoyando desde mi trabajo como Responsable de Comunicación y Relaciones con los Medios de CIDSE su presencia y la presencia de sus Organizaciones Miembro en otras muchas actividades programadas. Además he estado especialmente pendiente de la participación de nuestra Secretaria General, Josianne Gauthier en la asamblea como “madre sinodal”, de seguir de cerca y reaccionar ante cada una de las semanas de trabajo y he podido estar presente en las ruedas de prensa diarias en la Sala Stampa del Vaticano y siguiendo toda la información generada allí durante esos veintiún días.

Mi respuesta afirmativa fue inmediata. Pero no imaginaba lo difícil que sería resumir en tan breves líneas lo que hemos vivido estos días en el Vaticano en la celebración del Sínodo para la Amazonía. Este evento convocado por el Papa Francisco en 2017 y que en octubre de 2019 ha reunido a 250 personas entre obispos, religiosos y laicos: 185 padres sinodales y 35 madres sinodales.

No imaginaba lo difícil que sería resumir en tan breves líneas lo que hemos vivido estos días en el Vaticano en la celebración del Sínodo para la Amazonía

Durante 21 días el centro de la Iglesia se ha “descentrado” en el mejor sentido de la palabra y se ha llenado de “periferias” con la llegada de decenas de líderes indígenas de los 9 países Panamazónicos: Brasil, Venezuela, Guyana Francesa, Guyana Inglesa, Surinam, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, y de cientos de personas que llegamos desde otros lugares del mundo y que acompañamos el caminar de estos pueblos, luchas, sufrimientos y tradiciones como el “buen vivir” que contrasta tanto con el estilo de vida consumista y desconectado de la naturaleza que hoy se vive en las grandes ciudades, en especial en Europa y Norteamérica.

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Jeremías (Maragua) y Jeremías (Mura), dos líderes indígenas de Manaos, Brasil durante la Eucaristía de apertura del Sínodo de la Amazonía, el 6 de octubre de 2019 en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Foto Marta Isabel González Álvarez.

Para llegar aquí hemos trabajado y rezado durante dos años, impulsados especialmente por la REPAM (Red Eclesial Panamazónica). Pero estos 21 días lo hemos hecho por el cambio: cambio de comportamientos y prácticas que mejoren la vida de las personas en la región de la Amazonía , el respeto de sus derechos humanos y sus territorios respetando además la preservación de los recursos naturales del que es el principal bioma del planeta; cambio en el comportamiento de la Iglesia allí encontrando “nuevos caminos” más adaptados a la realidad y características específicas de la población y el territorio en este ya avanzado siglo XXI; y finalmente, cambios en nuestros comportamientos y estilos de vida para lograr la práctica de una verdadera “Ecología Integral” y desde donde estemos cada persona, vivir una verdadera “connversión ecológica” que ayude a cuidar de la “madre tierra”, respetar sus recursos y agradecer sus dones mimándola como se merece.

Dicen que hacen falta 21 días para que una persona cambie uno de sus hábitos. Y esos 21 días son los que han hecho falta para que muchos de los participantes en el sínodo cambiaran su corazón y su mirada

Dicen que hacen falta 21 días para que una persona cambie uno de sus hábitos. Y esos 21 días son los que han hecho falta para que muchos de los participantes en el sínodo cambiaran su corazón y su mirada: escucharon las voces y llantos de los pueblos y de la tierra; de los directamente afectados por prácticas económicas feroces y modelos extractivos de minerales inhumanos y mortales para la tierra, el agua y el aire y que están aumentando la emergencia climática que vivimos y que afecta a la fiereza del sol y a los ciclos de lluvia y la agricultura.

Un momento del Viacrucis que recorrió las calles de Roma y el Vaticano el sábado 19 de octubre. Foto Marta Isabel González Álvarez
Un momento del Viacrucis que recorrió las calles de Roma y el Vaticano el sábado 19 de octubre. Foto Marta Isabel González Álvarez

El grito de la tierra y de los pobres ha ablandado corazones y estructuras mentales, y esto ha quedado patente en el Documento final del Sínodo que incluye 120 propuestas aprobadas por votación. Entre ellas 6  destacan de modo muy especial por mostrar algunos cambios que necesitan ser impulsados en la región de la Amazonía y que  podrían inspirar otros cambios más globales en la Iglesia en un futuro próximo: la ordenación de hombres casados en las zonas remotas de la Amazonía (111), la creación de ministerios eclesiales para las mujeres y el de “mujer dirigente de comunidad”(102), mayor participación de laicos “en la toma de decisiones, vida y misión de la iglesia” (94), la definición del “pecado ecológico” como “nuestra acción u omisión contra Dios, el prójimo, la comunidad y el ambiente” (82), la “ecología integral” como “único camino posible” para salvar la región y con ella al planeta (67) y el rechazo a toda evangelización irrespetuosa o colonialista (55).

El Papa decidirá con su discernimiento cómo actuar ahora, pero lo vivido en Roma y este sínodo ya forma parte de la historia y trae aire y esperanza para el planeta y quienes lo habitamos.

 

*ESTE ARTÍCULO HA SIDO PUBLICADO en la REVISTA MAQUICUNA de MAQUITA-COMERCIO JUSTO en su NÚMERO 90 de diciembre de 2019. Lo puedes ver en PDF aquí

El río que nos une

Todo está conectado. Uno de cada cinco vasos de agua que bebes, se lo debes a ella. Una de cada tres lluvias que moja nuestra cabeza, los campos y renueva la atmósfera y la vida, se la debemos a ella. Ella es la Amazonía.

Las dimensiones descolocan. El río Amazonas es una enorme extensión de agua que a veces recuerda al mar. Para llegar a la Triple Frontera Colombia-Perú-Brasil lo mejor es ir a Bogotá y de ahí en vuelo nacional a Leticia. “Aquí sólo se puede llegar por avión o por barco” nos explica un taxista nada más aterrizar “pero claro, por barco y dependiendo desde donde se venga la distancia es de días, por ejemplo, desde Iquitos (Perú) se tardan más de 36 horas y tienes que hacer una noche en el barco”. Las distancias son enormes. El aislamiento de muchas comunidades, inevitable.  “Aquellas comunidades que están cercanas al río o a alguno de sus afluentes tienen más posibilidades de estar comunicadas. El río aquí une, no separa.” Esa es una de las primeras cosas que hay que entender y la primera de muchas concepciones que traemos de Europa, de otros países y zonas más desarrolladas y que aquí no nos sirven de nada. Teresa Urueña es miembro del Servicio Jesuita a la Panamazonía (SJPAN) nos explica esto y el porqué de tantas construcciones de palafitos. “El agua  del Amazonas no está siempre al mismo nivel, alcanza su nivel más alto en marzo y el más bajo en septiembre, aunque el cambio climático ha afectado ya un poco a estos ritmos”. Las extensiones de la Amazonía son también descomunales: 7,5 millones de kilómetros cuadrados (catorce veces la superficie de España) que implican el 43% de la superficie de Sudamérica y que se reparten irregularmente entre 9 países: en orden alfabético, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana y Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela. Irregularmente porque, por ejemplo, Ecuador sólo posee el 1,5% del total de la Amazonía, pero que supone el 43% de su superficie.

Barquero en el muelle de Caballococha (Perú). Foto Marta Isabel González Álvarez/ CIDSE & REPAM
Barquero en el muelle de Caballococha (Perú). Foto Marta Isabel González Álvarez/ CIDSE & REPAM

Su población también sorprende. Más de 3 millones de personas son indígenas pertenecientes a alguno de los 390 pueblos que se conocen (unos 137 pueblos no contactados). Hablan 240 lenguas pertenecientes a 49 familias lingüísticas y por supuesto sus cosmovisiones y tradiciones son muy diversas e imposibles de generalizar. Y cuando les escuchas te das cuenta de su sabiduría y de cómo, sin experimentos, han llegado a las mismas conclusiones que nuestros más reputados científicos “El agua del río está diferente. Sus ritmos han cambiado. También el sol está diferente, antes podías trabajar horas sin camisa en la chagra y no te pasaba nada: ahora te quemas” asegura Juan Enocaisa de El Estrecho, Reserva de Guepí, en el departamento del Alto Putumayo (Perú). Otra rotura de clichés.  Otra muestra de que aquí el mundo funciona del revés y que los sabios son los más humildes. Al ver la naturaleza cuidada durante milenios gracias a estos pueblos originarias te das cuenta de cómo Dios, una vez más ha entregado lo más valioso a los más sencillos. “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11,25-27).

Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam
Un niño en brazos de su madre miran al río Amazonas desde Islandia (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE y REPAM

“De hecho, para poder conservar la naturaleza y este bioma, el más importante del planeta, en realidad muchos de estos pueblos no necesitan nada más de nosotros que, simplemente, les dejemos en paz” afirma en Atalaia do Norte (Brasil) la chilena Cristina Larraín, voluntaria y activista del CIMI (Consejo Indigenista Misionario), un organismo creado en 1972 y vinculado a la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil. Ella defiende a los pueblos del Valle del Javari, unos 6.000 habitantes desperdigados en 54 aldeas indígenas y 12 comunidades ribeirinhas a lo largo de un territorio con una extensión similar a Portugal.

Pero no les hemos dejado en paz. Y ahora la defensa de su territorio es esencial. En muchísimas ocasiones los indígenas están siendo vulnerados en sus derechos más elementales y sus tierras arrebatadas u ocupadas, en busca de minerales o madera. Y en los peores casos están siendo asesinados o agredidos en reyertas con empresas extractivas sin escrúpulos. Peligra su estilo de vida, ese “buen vivir” propio y que se basa en una “economía de subsistencia”, o dicho más modernamente “sostenible” o incluso “minimalista”, ya que no producen ni cazan ni pescan más que lo que van a consumir. Pero tanto la caza como la pesca está siendo alterada y la contaminación lo está arrasando poco a poco todo. “La selva está enferma.  El río se muere” nos repiten en las tres orillas de esta Triple Frontera.

Santiago Yahuarcani y Juan Enoicaisa sostienen el lienzo "La selva está moribunda". En Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE & REPAM
Santiago Yahuarcani y Juan Enoicaisa sostienen el lienzo “La selva está moribunda”. En Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE & REPAM

Para Juan Enocaisa, indígena Murui (bautizados como Huitotos en las épocas del Genocidio del Caucho, a finales del s. XIX, porque se pintaban con el fruto del Huito) está claro que “lo que ocurre es fruto de un desequilibrio en el conocimiento de culturas. Nosotros conocemos las suyas, pero ustedes no conocen las nuestras”. Y  no le falta razón, pues su cultura no es escrita, todo lo han ido comunicando oralmente de generación en generación, lo que es, sin duda, una de las más determinantes diferencias entre nuestras civilizaciones.

Un Sínodo histórico

“¿Y qué tengo yo que ver con la Amazonía?” Cuando el papa Francisco convocó en 2017 el Sínodo sobre la Panamazonía que tendrá lugar próximamente en Roma, algunos se hicieron esa pregunta. Lo sorprendente es que aún ahora alguien se plantee lo mismo o no comprenda la audacia de Francisco y su visión profética en este momento clave que vive no sólo la Iglesia, sino nuestro planeta y nuestra civilización. Si no giramos la mirada hacia esta región y logramos protegerla a nivel global con el mismo celo, o aún mayor, que protegemos en nuestros países las Reservas o Parques Naturales, la supervivencia de la humanidad está en peligro.

Una mujer retira agua de su barquita a la llegada a la Comunidad Nazareth (Leticia, Colombia) Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM
Una mujer retira agua de su barquita a la llegada a la Comunidad Nazareth (Leticia, Colombia) Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM

Este es un sínodo histórico. Tal y como explicó el cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General del Sínodo de los obispos durante el encuentro “Ecología Integral: una respuesta Sinodal para el cuidado de nuestra casa común” organizado por la REPAM y celebrado en marzo en la universidad de Georgetown (Washington DC), “se trata del primer sínodo de carácter ordinario centrado en un territorio. Ha habido otros sínodos sobre territorios, pero fueron sínodos extraordinarios”.

Pero también es histórico porque, aunque algunos querían que se celebrara en el continente americano, de algún modo, al celebrarse en Roma, en el Vaticano, Francisco pone en el “centro” de la Iglesia Católica, geográfica y simbólicamente este territorio situado al otro lado del océano. “Este sínodo pone en el centro a la “periferia”. Es una llamada de atención a los mil trescientos millones de católicos de la Tierra, y  también a los no católicos, sobre la importancia de esta región para la supervivencia del planeta y las dificultades que viven aquí las personas” asegura el padre Alfredo Ferro, miembro del SJPAN Y también, cómo no, una especial atención a las dificultades y retos de la Iglesia allí, que son muchos y muy variados. “Imaginad, la extensión de la Diócesis amazónica de Alto Solimoes (Brasil) es casi tan grande como Grecia, con 131.614,48 Km2 y una población de más de tres millones y medio de personas ¿cuántos sacerdotes creéis que la atienden? Dieciocho. Y para atender a las comunidades con cierta periodicidad es imprescindible desplazarse y para desplazarse rápidamente hay que usar lanchas que son muy costosas” asegura el orensano Don Adolfo Zon Pereira, obispo de esta diócesis desde 2015.

Dos jóvenes asisten a la eucaristía dominical en Nazateth (Leticia, Colombia). Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM
Dos jóvenes asisten a la eucaristía dominical en Nazateth (Leticia, Colombia). Foto Marta Isabel González Álvarez/CIDSE & REPAM

Esas dificultades se unen a otras como la interculturalidad e inculturación, la dificultad para poder celebrar los sacramentos, la falta de sacerdotes, misioneros, religiosos, hombres y mujeres, que ayuden a que la Iglesia siga siendo una ayuda real en la zona que promociona los derechos humanos de los pueblos indígenas y que los acompaña en su desarrollo. “Nosotros no contamos con más ayuda que la de la Iglesia católica y de algunas ONG.  ¿Y si no existieran los pueblos indígenas qué sería de la selva?” asegura Elver Isidio, Huitoto de la etnia Bora que es también el presidente del Consejo de Autoridades Administrativas de la comunidad de Cusi Munilla Amena, en Leticia. “Sentimos que la Iglesia católica nos apoya en nuestros derechos y la defensa del territorio. Antiguamente el poder de la Iglesia era un poder de oposición. Pero ahora se ha producido una reconciliación respecto al pasado”.

La iglesia soñada por la Amazonía

Mauricio López es el Secretario General de la REPAM (Red Eclesial Panamazónica), realidad que nació en 2014, como una iniciativa pastoral para articular las acciones eclesiales en el territorio en defensa de la vida y la Madre Tierra, nos facilita información detallada recogida en 265 informes fruto del proceso de escuchas sinodales previas a la redacción del Instrumetum Laboris que usarán las 250 personas que asistan este mes de octubre al Sínodo de la Panamazonía titulado “Nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral”, entre ellos 150 obispos que irán desde la Amazonía (101 obispos diocesanos y otros eméritos). “Esta información es fruto otras tantas asambleas, foros temáticos y nacionales y ruedas de conversación celebrados en 7 países de la Panamazonía y en los que participaron más de 87.000 personas pertenecientes a 172 pueblos o nacionalidades indígenas” nos explica López.

Al leer la información nos queda claro que se ha recogido una petición muy concreta por parte de la población: que la Iglesia deje de ser una iglesia acomodada, ensimismada, encerrada en el templo; clericalizada; alienada; autoritaria; vinculada con poder político y económico; burocrática, complicada y llena de normas. Pero también, que esa misma Iglesia reconoce sus sombras y asume que en ocasiones ha perdido su contenido social, apoyando pautas e intereses que van contra las poblaciones tradicionales y comunidades, que a veces ha mantenido una práctica colonizadora de los saberes y de las religiosidades populares. “En estos procesos de escucha se deja claro que se quiere construir una Iglesia más participativa e integrada en la realidad, en la vida y luchas de los pueblos, una Iglesia más acogedora, una “Iglesia en salida”, descentralizada sin privilegios y centrada en Cristo sin clericalismos, pero más mística, donde sacerdotes y religiosas fortalezcan su fe para asumir su servicio. Una Iglesia que defienda la vida de manera integral y que sea un signo de unidad en la diversidad.”

Jóvenes en la Casa de salud del indio, Atalaia do Norte (Brasil): Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam
Jóvenes en la Casa de salud del indio, Atalaia do Norte (Brasil): Foto Ana Palacios/CIDSE y Repam

Los informes de la fase de consulta sinodal también recogen cuestiones claves, como el apoyo a la juventud o la defensa de la dignidad de las mujeres, su  voz y reconocimiento; una Iglesia pobre y con opción preferencial por los pobres, liberadora e inculturada presente en las luchas de los pueblos y de la naturaleza, comprometida con la Amazonía y todos los seres que la habitan; una Iglesia que promueva el “buen vivir” y responda a las injusticias que viven los pueblos; que se posicione contraria a los grandes intereses económicos de minería, hidroeléctricas o privatización de  aguas y en la defensa de los territorios indígenas, movilizando alianzas en el combate contra el narcotráfico y toda delincuencia. Una Iglesia con nuevas metodologías para acompañar, conocer y proteger a los pueblos que habitan esta región del planeta y que lucha por la promoción y defensa de la Naturaleza y de los Derechos humanos de los pueblos de la Panamazonía.

“El río nos une para bien y para mal”

En la Triple Frontera, todo se mueve a través del río y casi sin control, lo que lo convierte  en un enclave ideal para el narcotráfico y la trata: las comunidades indígenas y  la población más empobrecida es la más vulnerable. Por eso hace tres años nació la RETP (Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas en la Triple Frontera) para sensibilizar y prevenir a la población. Nathalia Forero, es su coordinadora y trabaja en red con personas como la hermana Ivanés Favretto en Islandia (Perú), el Padre Valerio Sartor en Leticia (Colombia) o la misionera laica madrileña Marta Barral en Atalaia do Norte (Brasil).

NIñas indígenas en una barca en el Amazonas. Atalaia do Norte, Brasil. Foto & Ana Palacios/CIDSE REPAM
NIñas indígenas en una barca en el Amazonas. Atalaia do Norte, Brasil. Foto & Ana Palacios/CIDSE REPAM

Y es que, aunque la RETP es independiente de la Iglesia católica, el vínculo es enorme y en mayo presentó el “Manifiesto contra la trata” firmado por los obispos de las tres diócesis amazónicas: Mons. José Travieso, obispo del Vicariato de San José de Amazonas (Perú), Mons. José de Jesús Quintero, Obispo del Vicariato de Leticia (Colombia) y Don Adolfo Zon, obispo de Alto Solimoes (Brasil).

*Este reportaje sobre la Triple Frontera de la Amazonía ha sido posible gracias a CIDSE y REPAM

Puedes leer aquí este reportaje, publicado en el mes de octubre de 2019 en la Revista 21 (con fotos de la autora y de la fotoperiodista Ana Palacios).

Y también puedes leerlo aquí en VATICAN NEWS (edición en español) publicado el 3 de octubre de 2019

Contra la trata de personas en la Triple Frontera de la Amazonía

Pocas veces se nos ocurre pensar en países como Colombia, Perú y Brasil cuando se habla de trata. Y sin embargo ningún país se libra. De nuevo el calendario nos recuerda esta lacra humana y como cada 30 de julio, el mundo entero, de la mano de las Naciones Unidas, recuerda su compromiso contra este delito que explota a las personas. La ONU también recuerda que el 35% de las personas en régimen de trabajo forzoso son mujeres, pero que esa cifra se duplica al hablar de explotación sexual.

En la triple frontera Colombia-Perú-Brasil, en plena Amazonía la vulnerabilidad de las comunidades indígenas ante este delito es enorme. Es un enclave donde toda la comunicación humana se realiza dentro y a través del río Amazonas. Las lanchas, botes y demás embarcaciones cruzan constantemente de una orilla a otra y sin apenas controles se mueven de un país a otro. Un lugar donde los traficantes han encontrado un filón de oro para su “negocio”.

Una lancha cruza el Amazonas en la frontera Brasileño-Colombiana. Foto Marta Isabel González / CIDSE y REPAM
Una lancha cruza el Amazonas en la frontera Brasileño-Colombiana. Foto Marta Isabel González / CIDSE y REPAM

Aquí ha nacido hace tan sólo tres años una iniciativa para luchar contra esta realidad, sobre todo con un trabajo de sensibilización y prevención en esta Triple Frontera: la RETP Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas en la Triple Frontera. Nathalia Forero Romero, trabajadora social vinculada laboralmente a las hermanas Vicentinas, Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, es su coordinadora. “La red nació fruto de un trabajo previo de investigación de corte etnográfico y en esa investigación se identificaron dos modalidades fuertes de explotación: una es la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes; y otra, la explotación de trabajo, trabajo esclavo. Todo ello con un enfoque de triple frontera, ya que todo lo que une el río en esta zona lo une para bien y para mal, pues todo lo que ocurre en Tabatinga, Caballococha, Leticia, Atalaia, Puerto Nariño…está ligado y relacionado. Y lo peor es que la investigación puso de relieve que muchas situaciones de abuso y explotación se habían naturalizado como parte de una economía de subsistencia y muy dependiente de agentes externos.”

Cuando le preguntamos por las cifras de personas a las que atienden Forero nos dice sencillamente que no es fácil cuantificar, “especialmente porque nuestro trabajo en tan cualitativo que saber el impacto de la prevención desde lo cuantitativo desdibuja la labor… Pero sí te puedo asegurar que en lo que va de este año hemos hecho prevención con más de 400 jóvenes de los colegios. Llevamos procesos todo el año con 100 niños de los 9 a 13 años formándolos como “Héroes Defensores de Vidas”. En los encuentros bimensuales este año han participado 200 personas”.   Y bueno, talleres y visitas a las comunidades de los tres países en un promedio de 150 personas por cada comunidad…”.

Niñas en un bote a la altura de la Comunidad Nazareth, Leticia (Colombia). Foto: Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM
Niñas en un bote a la altura de la Comunidad Nazareth, Leticia (Colombia). Foto: Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM

Y es que Nathalia no está sola, claro. Cuenta con personas que actúan como “enlaces” de la Red en las tres orillas de este enclave internacional. Por ejemplo, en Islandia (Perú) la hermana Ivanés Favretto, que integra una comunidad Inter congregacional que apoya a las personas y comunidades más vulnerables de la zona, es un eslabón de la red, avisando siempre que detecta algún movimiento extraño. “Islandia es conocida como la Venecia del Amazonas, por sus canales y sus casas en palafitos de gran belleza. Pero también es un enclave esencial para el tráfico de mercancías y también de personas”. En Leticia (Colombia) es el Padre Valerio Sartor, un sacerdote brasileño jesuita miembro del SJPAM-Servicio Jesuita Panamazónica (miembros de la REPAM-Red Eclesial Panamazónica) , quien ayuda a detectar, pero también a formar y sensibilizar sobre la trata de manera que se pueda evitar. “Es muy difícil cuando el proceso comienza poder rescatar a las personas que se han visto arrastradas a esa situación, sin embargo, con los jóvenes, con las familias, sí podemos actuar”. Por último, en Atalaia do Norte (Brasil) está la misionera madrileña Marta Barral, una laica javeriana que muestra una fuerte implicación y que también apoya a la comunidad en la lucha contra el maltrato machista y otro tipo de abusos

Graffiti en Atalaia do Norte (Brasil) contra la violencia. Foto Marta Isabel González/CIDSE y REPAM
Graffiti en Atalaia do Norte (Brasil) contra la violencia. Foto Marta Isabel González/CIDSE y REPAM

Cómo funciona la trata en la Amazonía

Según la ONU nadie se salva. Todos los países están afectados por la trata, ya sea como país de origen, tránsito o destino de las víctimas y los traficantes siguen actuando amenazando principalmente a mujeres y niñas. Pero ¿es esto diferente en el Amazonas? No hay sorpresas. Barral nos lo confirma. “Es siempre igual. Los niños, sobre todo las niñas y los más jóvenes de la comunidad son engañados. En realidad, sus padres son los engañados. Alguien llega al poblado y les ofrece una vida mejor para los más pequeños de la casa, estudios o quizá un pequeño empleo y formación profesional para lograr algunos ingresos para la familia”.

Obviamente la realidad de pobreza y la necesidad que también viven estas comunidades, en su mayoría indígenas, hacen que este método siempre funcione, pues como lo primero es la supervivencia de la familia, las promesas hacen que casi nadie intuya que detrás de esa promesa de una vida mejor se esconde una realidad de trata o esclavitud, abusos o el comienzo de un camino, muchas veces sin retorno, en el negocio del tráfico sexual.

La sensibilización debe ser de toda la sociedad y la lucha con la justicia es enorme pues, a pesar de que muchos países tienen leyes nacionales en la lucha contra la trata de personas ocurre no pocas veces que las víctimas puedan llegar a ser criminalizadas por alguna de sus acciones mientras que los traficantes quedan impunes.

Nathalia Forero con la camiseta de la Red. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE y REPAM
Nathalia Forero con la camiseta de la Red. Foto. Marta Isabel González Álvarez/CIDSE y REPAM

El apoyo de la Iglesia

La red es una realidad independiente de la Iglesia católica, pero el vínculo es, como hemos explicado, muy profundo. En ella participan Maristas, Lauritas, Jesuitas, Vicentinas, Franciscanos, Franciscanas, Javerianos, Canónigas Regulares de San Agustín además de la ya mencionada comunidad Inter congregacional de Islandia, Perú, entre otros.

Además, entre los últimos logros de la RETP es la firma conjunta el pasado mes de mayo de lo que han denomina como “Manifiesto contra la trata”  por parte de los tres obispos de las diócesis del Amazonas: Monseñor José Travieso claretiano extremeño, obispo del Vicariato de San José de Amazonas (Perú), Monseñor José de Jesús Quintero Dias, Obispo del Vicariato de Leticia (Colombia) y el gallego javeriano Don Adolfo Zon Pereira, obispo de la Diócesis de Alto Solimoes (Brasil). En este documento la Iglesia Católica de la Triple Frontera Amazónica manifiesta públicamente su “solidaridad, apoyo y compromiso con la población indígena, ribereña, mestiza y demás habitantes de las fronteras víctimas de la Trata de personas y tráfico de migrantes que con más fuerza en los últimos años viene generando dolor, desesperanza y desarraigo al atentar contra la dignidad y el cumplimiento de los Derechos y libertades fundamentales”.

El documento expresa la preocupación de las tres diócesis por esta realidad compleja y lo hace en cuatro puntos esenciales. En primer lugar, rechazando “toda forma de violencia en que la vida tenga un precio y sea explotada con cualquier fin”. En segundo lugar, llamando “a la sociedad civil, autoridades, instituciones y organizaciones a comprometerse conjunta, integral y oportunamente para luchar contra la trata que se ensaña en las comunidades y poblaciones más vulnerables”. En tercer lugar, las tres diócesis piden que se hagan efectivos, oportunos y proféticos los compromisos firmados por las autoridades locales y referentes institucionales de los tres países de las Fronteras Brasil-Colombia y Perú en diciembre del pasado año en el “Gran Pacto por la erradicación de la trata de personas y la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes-Capítulo Amazonas“ y así “se erradique y/o mitiguen los casos de Trata en la región por medio de buenas prácticas de migración, acompañamiento a víctimas, diseño de políticas públicas y trabajo en red.” Y es que las víctimas, insiste el documento “requieren acompañamiento, asistencia y apoyo en su proceso de recuperación frente a daños psicológicos y físicos a veces irreparables.” Pero, además, se pide que la justicia y el acompañamiento sean garantes del inicio de inclusión y trato digno en el restablecimiento de sus derechos.

Mapa esquemático de la zona. Foto. Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM
Mapa esquemático de la zona. Foto. Marta Isabel González Álvarez / CIDSE y REPAM

Por último, el manifiesto resalta la existencia de la propia Red de Enfrentamiento a la Trata de Personas de la Triple Frontera como un testimonio de unidad, compromiso y resistencia en la Defensa de la Vida, la Cultura y el Territorio, desde la prevención, acompañamiento a las víctimas del abuso y violencia sexual, así como la promoción de los Derechos de los niños, niñas, adolescentes, mujeres y hombres engañados y/o sometidos a la compra y venta de su dignidad y libertad. Estas iniciativas y procesos nos convocan como laicos/as, religiosos/as, sacerdotes y obispos a ser esperanza, luz y presencia para las comunidades y familias de la región.

La realidad de la trata contra personas en el Amazonas quizá no sea el tema principal a trabajar en el próximo Sínodo del mes de octubre, pero si algunos de los temas relacionados con ella, tanto en su prevención como en su causa, y que se han propuesto dentro del Instrumentum Laboris: cuestiones como la salud integral, la educación integral y la migración. Esta última puede ser tanto “pendular” que va y viene del campo a las ciudades, “desplazamientos forzados” dentro de un mismo país, “migraciones voluntarias” hacia las ciudades que dan lugar a procesos de urbanización de las comunidades indígenas, muchas veces vinculados a la deforestación y abusos medioambientales y también “migraciones internacionales”, generalmente involuntarias y forzadas, como lo es la trata, una de sus peores y más escandalosas formas.

 

 

[1] Este reportaje sobre la Triple Frontera de la Amazonía ha sido posible gracias a CIDSE y REPAM y ha sido publicado en la Revista Vida Nueva número 3.142 del 30 de agosto de 2019 bajo el título “Eslabones contra la trata en la triple frontera de Colombia, Perú y Brasil” (VER REPORTAJE en PDF aquí, sumario de revista AQUÍ y artículo reducido-ONLINE en Vida Nueva, aquí)