Entrevistas #conmigasocial. Domi Szkatula o el reto de la igualdad de género en la #Amazonía de Perú

Domi Szkatula  es misionera, pero no tiene el aspecto que te puedes imaginar en un primer momento cuando se habla de misioneras o misioneros. Eso ocurre porque es misionera laica: es decir, no es una monja y en su caso, aunque está muy cerca del espíritu de San Francisco, tampoco pertenece a ninguna congregación religiosa.

Llegó a Perú en 1984, con una guitarra bajo el brazo, usando unos modernos jeans, y convencida de que se quedaría toda la vida para ser útil a los más necesitados y perseguidos. Y también porque para ella era esencial formar parte de la Iglesia muy activamente como misionera, pero, sobre todo, como laica, e hizo de esa reivindicación de la labor de los laicos en la Iglesia parte de su misión, como una especie de “santa rebeldía”.

A lo largo de estos 37 años ha conocido todo el Vicariato de San José del Amazonas trabajando en diferentes puestos de misión, puestos que nunca antes habían sido ocupados por mujeres, y desplazándose anualmente a todos durante 11 años, cuando era la Coordinadora de la Pastoral General del Vicariato. Hoy, es la Responsable de la Pastoral Indígena, puesto que ocupa desde hace ya más de cuatro años. Se siente feliz viviendo en este rincón del planeta y tratar con la gente sencillas y humildes le ayuda a estar más cerca de Dios, “a tocarlo” como ella dice.

Tiene muy marcado su primer destino como misionera en Tamshiyacu a la que considera su “universidad de la inculturación”. También San Pablo, donde atendía a los leprosos y el pueblo de Mazán, a la rivera del Napo, afluente del Amazonas. Allí, junto a otras dos mujeres laicas y en colaboración con animadores y catequistas, crearon una nueva parroquia. Los últimos cuatro años ha vivido en Angoteros, en la frontera con Ecuador y entre los indígenas Kichwas en la Misión Napuruna “Pachaya” (que significa “Padre y Madre del tiempo y espacio”).

Domi Szkatura fotografiada por Ana Palacios en Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE&Repam
Domi Szkatura fotografiada por Ana Palacios en Caballococha (Perú). Foto Ana Palacios/CIDSE&Repam

¿Cuál es la situación de las mujeres en la Amazonia peruana?

De acuerdo a la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), de la población total de mujeres en el Perú aproximadamente el 24% son mujeres indígenas. Las mujeres de la Amazonía peruana aún viven sujetas a múltiples tipos de discriminación, más aún las mujeres indígenas, donde, en un entorno culturalmente machista, el hecho de ser mujeres, su procedencia, la lengua indígena, el grado de escolaridad, entre otros, hace que los grados de vulnerabilidad y discriminación sean mayores.

A nivel educativo, según el Censo del 2017, solo un 24% de las comunidades nativas cuentan con educación secundaria, haciendo que se eleve el número de deserciones escolares, donde las mujeres son las primeras en ser afectadas ya que para continuar estudiando deben realizar desplazamientos grandes o ausentarse de casa, yendo a albergues que no son supervisados adecuadamente, sin tutores, sin recursos, sin condiciones de salubridad en muchos casos, exponiendo a las niñas y jóvenes a peligros mayores. Por lo que las familias muchas veces prefieren suspender la educación de sus hijas y tenerlas en la comunidad dedicadas a otros oficios, especialmente al trabajo de la chacra o forman muy temprano la familia. Frecuentemente terminan como madres solteras.

Y en cuanto a la salud, la situación es similar porque además de no tener una cobertura adecuada de establecimientos de salud (solo 4 de cada 10 comunidades lo tienen), tampoco se cuenta con profesionales sensibilizados para atender a pueblos indígenas, no conocen la lengua local, no respetan la medicina ancestral y no conocen la cultura del lugar, esto imposibilita buenos servicios de atención y también prevención.

Obviamente, también en lo referente a derechos sociales y políticos, hay una gran brecha que cubrir. Las mujeres están excluidas de las juntas directivas comunales y hay una escasa participación en espacios de diálogo y en procesos políticos.  Y como en un círculo vicioso, la marginación política, social y económica de las mujeres indígenas, abren la puerta a otra serie de violaciones de Derechos Humanos.  Sobre todo, la violencia, la amenaza mayor para todas las mujeres, pero aún más en el caso de las mujeres indígenas puesto que a menudo ese tipo de violencia puede verse invisibilizada y las mujeres son silenciadas por conceptos culturales o ancestrales mal entendidos.

Domi Szkatula en una de sus reuniones de pastoral con las mujeres
Domi Szkatula en una de sus reuniones de pastoral con las mujeres

¿Y ante esta situación en qué consiste tu trabajo con las mujeres?

Lamentablemente en el Vicariato aún queda todo por hacer en cuanto a la defensa y promoción de la mujer y su liderazgo, pues es evidente el rol protagonista de la mujer en la sociedad y también en la Iglesia. Sin embargo, el trabajo con las mujeres es constante y forma parte de mi labor atender y acompañar a las mujeres de la Misión que es Angoteros y de las 35 Comunidades que visito periódicamente de manera semestral. Me gustaría visitarlas más a menudo, pero la falta de recursos, las grandes distancias y la realidad de que estoy allí sola, hace que sea muy difícil. Allí nos alojamos en “casas” construidas con “ripa” y “pona” (cortezas de los árboles maderables) y con techo de paja.

Cuando llego a estas comunidades y también en Angoteros, escucho a las mujeres y juntas buscamos soluciones a algunos de los problemas que afrontan: hijos encarcelados por violencia familiar o narcotráfico, situaciones de trata sufridas en la comunidad,  falta de alimento para niños que han sido abandonados por sus padres, y sus propia falta de salud (malaria, cáncer, desnutrición profunda…). También les ofrezco una ayuda de parte de nuestras oficinas vicariales de Derechos Humanos, Departamento de Salud y de las estatales como: Defensoría del Pueblo, CEM (Centro Emergencia Mujer), Ministerio de la Mujer. Pero estas no están cerca. Hay que ir a la ciudad de Iquitos, lo que te lleva dos días en yate deslizador que es muy costoso o varios días de navegación en una lancha, pero que es  un transporte más económico.

Además, en estos últimos cuatro años Angoteros, realizo una formación integral de las mujeres con especial atención al rescate de su identidad cultural indígena y promoción de sus derechos. Esta formación que se realiza entre el Vicariato de San José y el vecino Vicariato de Aguarico, dura tres años y es muy completa con cuatro dimensiones: cosmovisión kichwa, su espiritualidad, sacramentos y Biblia.

Por último, desarrollamos talleres vivenciales para las “warmi kuna” (mujeres en kichwa), más creativos y prácticos, y menos teóricos: identidad kichwa, elaboración de artesanías, panes para la Navidad, pintada de bolsones de telas de tocuyo con sus signos pictográficos, costura de “chaucha wawa” que es una muñeca tradicional de trapo que se usa en las ceremonias de “kasarana” (boda), bautismos y Navidad.  Y mientras las manos están ocupadas, conversamos de todo, reímos que es lo que más les gusta y nos transmitimos nuestra energía y valores como la Esperanza.

Una mujer kichwa ocn su bebé. Foto Domi Szkatula
Una mujer kichwa ocn su bebé. Foto Domi Szkatula

Cuéntanos algunos ejemplos de participación femenina en la Amazonía peruana

Conozco a dos mujeres que son “Apu” o sea jefes de las Comunidades Indígenas Kichwas, y aunque esto sucede muy raras veces, pues el cargo suele darse a los varones, ellas fueron elegidas en sus asambleas por todo el pueblo. Ahora presiden la comunidad, convocan, reúnen, representan y deciden.

La señora Betty, por ejemplo, es desde varios años la presidenta de la Federación indígena Kichwa FECONAMNCUA, que abarca muchas comunidades del medio Napo y otras dos cuencas: Curaray y Arabela.Pero  también hay mujeres que presiden organizaciones de programas sociales que se realizan en las Comunidades. Es decir, se les confía a ellas la organización de los grupos y la administración de alimentos y dinero.  Y estas mujeres hablan con valentía de problemas de  la vida diaria. Por ejemplo, en una de las Asambleas, las mujeres plantearon públicamente los problemas de la violencia familiar y de manera frontal a los hombres responsables de esa violencia. Con ellas hemos preparado también el documento preparatorio para el Sínodo de la Amazonía y entre sus aportaciones, por ejemplo, nos dijeron que en las Misas la vestimenta de los sacerdotes les asustaba y que (resultaban) la liturgia les resultaba muy complicada de seguir y entender.

La señora Lésica es una valiente “warmi”, que siendo ya de familia y teniendo 4 hijos decidió terminar su secundaria en la modalidad a la distancia y conseguir estudiar la educación inicial. Hoy trabaja en una de estas Escuelas de Educación Inicial en una Comunidad cercana a Angoteros. Su ejemplo lo siguieron algunas otras mujeres.

Una mujer secoya. Foto Domi Szkatula
Una mujer secoya. Foto Domi Szkatula

La señora Selmira, indígena kichwa, madre y abuela, es una traductora en kichwa – castellano, y contadora de cuentos y mitos, además de historias bíblicas, que aporta con su valioso trabajo a muchas publicaciones. Su fe y perseverancia salvó a su esposo del alcoholismo y hoy le da valor para que siga dando testimonio de cómo volver a vivir dignamente.

Y también doña Yadira, muy comprometida en la Iglesia y yo tenía curiosidad de ver cómo aceptaba esto su kari (hombre en kichwa). Me contestó con toda la fuerza: “él sabe que yo me comprometí y tengo que cumplir mis tareas”. Este tipo de realidades hacen que las mujeres se hagan respetar y también ser más valoradas por sus maridos de los que son más independientes.

¿Cómo podría la Iglesia ayudar a lograr la igualdad de género en esta región?

En general los Encuentros de Formación de los Animadores en la sede del puesto de misión suelen ser dinamizados por varones, pues la mujer no logra librarse de las muchísimas tareas del hogar y el cuidado de los hijos (un promedio de 7 por familia). Por eso decidí en los encuentros que yo organizaba que, dado que en la cultura “kichwa” el varón sin la mujer no es completo y viceversa (tanto que en la propia lengua no existe pronombre él o ella, solo “pai”, que es igual para los dos) comencé a invitar a todos los encuentros a los Animadores con sus parejas. Sólo el hecho de recibir una carta en la que estaban siendo invitadas personalmente las emocionó mucho y se consideraron visibilizadas, tenidas en cuenta y respetadas. Así que, lo importante es invitarlas siempre. Ellas ya verán cómo se organizan y que decidan, pero es obligación de la Iglesia invitarlas y es que, en la tarea pastoral fundamental de la Iglesia, la formación debe ser integral y tienen que participar las mujeres, y ese será muchas veces el único modo en el que alcancen liderazgo tanto en entornos públicos (económico, educativo, salud, participación política y eclesial) como en el más doméstico.

Según los últimos datos, el apoyo a una mayor responsabilidad por parte de la mujer en la iglesia, alcanza el 97 %, pero, además, si la Iglesia quiere dar ejemplo y ser líder promoviendo la igualdad entre las personas, es esencial crear una cultura donde se la practique esa igualdad de género diariamente  y en la vida cotidiana.

Uno de los talleres organizados por el Vicatriato de San José del Amazonas. Foto Domi Szkatula

La Iglesia no puede perder de vista que las mujeres indígenas juegan un rol muy importante en la supervivencia de los pueblos a los que pertenecen. Son ellas que transmiten la lengua, costumbres, mitos a otras generaciones. Y la Iglesia debe reconocer y apoyar a las mujeres en esta tarea, ya que defendiendo la cultura no se disolverá su tradicional armonía, la repartición de tareas entre hombres y mujeres y su complementariedad.

Además, la Iglesia podría dar mejor y más eficaz atención a las mujeres víctimas de violencia física, psicológica y sexual y acompañar los procesos de reparación. Y es que, la mayoría de las mujeres que sufren la violencia en nuestra región son las menores de edad y lo sufren frecuentemente por parte de sus profesores y familiares.

Finalmente, la Iglesia tiene una gran oportunidad en lo que a educación se refiere para promover la igualdad de género, pues entre las mujeres kichwas el 15 % son analfabetas pues siempre tienen menos oportunidades para estudiar y ya no hablemos de la educación superior. Muchas son madres solteras a los 13 años y al estar embarazadas son discriminadas y sintiendo vergüenza no terminan sus estudios ni se reintegran después de dar a luz por falta de apoyo familiar, de la escuela o de las instituciones. Y si la Iglesia no apoya ahí, la brecha del género seguirá aumentando.

Mujeres de la amazonía peruana. foto Domi Szkatula
Mujeres de la amazonía peruana. foto Domi Szkatula

¿Qué te ha parecido el papel de la mujer en el Sínodo de la Amazonía?

Ha sido muy importante que las voces de las mujeres indígenas y amazónicas hayan tenido un espacio especial en el último Sínodo de la Amazonía, pero es importante que todas las mujeres del mundo sean escuchadas y visibilizadas. Pues ya sabemos que las mujeres son esenciales en la vida familiar, comunal, eclesial, las mujeres tienen un papel clave en el desarrollo de sus comunidades, en la defensa de la vida, de la fe, del territorio, en la salud y en la educación de los hijos, etc.

Espero que en próximos Sínodos se siga invitando a mujeres y cada vez más, no sólo las cerca de 40 que hubo esta vez. Pues sin mirar a la mujer, sin tener en cuenta a las mujeres la Iglesia estará “coja”, será más rígida, le faltará sabor, alegría… Es necesario que la Iglesia se ponga de lado de las mujeres en defensa concreta de sus derechos y apoyándola y caminando con ella como Jesús caminaba con las mujeres y  aceptaba su compañía y colaboración dándoles un enorme protagonismo en esa sociedad patriarcal de aquél momento que las rechazaba casi por completo.

Los nuevos ministerios para la mujer que ha planteado el Sínodo en un primer momento me asustaron un poco pues pensé que supondrían aún más trabajo para las mujeres en el sentido de los trabajos que ya realiza pero si esos nuevos ministerios suponen cargos de responsabilidad, poder de decisión y tener los mismos derechos respecto a los hombres en la Iglesia, bienvenidos sean. Aquí en la Amazonía muchas mujeres ya realizan en práctica tareas de “párrocas” (entrecomillado porque por supuesto este ministerio no existe en la actualidad) y en algunos casos como ha quedado muy explicado durante el Sínodo, a falta de tantas vocaciones sacerdotales, son las mujeres quienes bautizan, escuchan confesiones, atienden matrimonios, reparten la comunión, asisten en los  entierros…etc).

Domi en un bautismo en la Amazonía
Domi en un bautismo en la Amazonía

También la cuestión “famosa” de la ordenación de “viri probati” ha dejado abiertas algunas preguntas como si ese empeño en la ordenación no supone otra forma de clericalismo, el mismo papa lo ha dicho con toda la fuerza y de falta de confianza en el papel de los laicos. Y por otro, si al ordenar a esos hombres ya casados, no se está de alguna manera ordenando también a su esposa pues en la tradición católica se entiende el Matrimonio como que ya no son dos personas, sino sólo una carne y también los indígenas conciben así la vida en pareja.

Este Sínodo ha supuesto poner sobre la mesa muchas situaciones que deben ser escuchadas y tenidas en cuenta. Pero después del sínodo seguimos buscando soluciones para que Dios siga habitando esta Amazonía reflorecida y su población pueda seguir comunicándose con Él en su cultura y a su estilo.

Domi Szakaturla y Marta Isabel González comentando esta entrevista en Roma, durante los días del Sínodo de la Amazonía
Domi Szakaturla y Marta Isabel González comentando esta entrevista en Roma, durante los días del Sínodo de la Amazonía
Domi Szkatural y Marta isabel González ante la foto de Santiago Yahuarcani en la exposición "Frágil Amazonía" de Ana Palacios, CIDSE&Repam en la Casa Internazionalle delle Donne en Roma
Domi Szkatural y Marta isabel González ante la foto de Santiago Yahuarcani en la exposición “Frágil Amazonía” de Ana Palacios, CIDSE&Repam en la Casa Internazionalle delle Donne en Roma

Para romper clichés en el sector de las ONG para el Desarrollo

Hace un mes aproximadamente, pude participar en la Casina de Pío IV, Academia Pontifica de Ciencias Sociales del Vaticano, en el Décimo Aniversario de la encíclica CARITAS IN VERITATE titulado “Teoría y práctica del desarrollo”, organizado por el Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral.

Quizá a estas horas, el Papa Benedicto XVI ya haya podido leer el libro o publicación que a posteriori se preparó para él con todas las intervenciones que allí tuvierno lugar. Para mi es increíble sólo pensarlo y muy emocionante.

Por eso y por si esa publicación no llega a vuestras manos, os comparto a continuación mi intervención íntegra. Son sólo cinco minutos.

Caritas in Veritate, una encíclica que ayuda a romper clichés en el sector de las ONG para el Desarrollo

Excelencias. Señoras y Señores:

Ahora se cumplen 10 años de la publicación de esta maravillosa encíclica. Y, como en nuestra vida de Fe todo está entremezclado con nuestra propia historia, permítanme que, para explicar lo que en parte  “Caritas in Veritate” significa para el trabajo de las ONG Católicas de Desarrollo, les cuente una historia personal. Y es que el año que viene, se cumplen también 10 años de la defensa de mi Tesis Doctoral sobre “Comunicación para la Solidaridad” en la que tuve la ocasión de estudiarla y trabajarla.

Por eso cuando desde CIDSE, la red internacional que engloba a 18 de las principales ONG católicas para el Desarrollo y la Justicia Social de Europa y Norteamérica, con sede en Bruselas, y donde soy  Responsable  de Comunicación y Prensa, me propusieron ser su representante en este aniversario tan especial, me sentí muy honrada, porque con el trabajo de esta encíclica y gracias a su análisis y profundización pude descubrir las siguientes tres enseñanzas que comparto:

  1. En primer lugar, después de leerla, y haciéndome eco de la llamada en la que la encíclica recuerda en su punto 79 que El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios, decidí dedicar una parte de mi investigación a estudiar “La aportación de la Iglesia Católica al sector de las ONG y la necesaria revalorización del concepto “Caridad””. (Utilicé en esas 27 páginas un total de 13 referencias a la encíclica).

Y es que muchas veces en España, en el sector de las ONG de Desarrollo, la palabra “caridad” se encuentra muy manoseada y desprestigiada. Y yo, como comunicadora profesional en organizaciones de desarrollo, pero sobre todo como católica no podía evitar sentir una especie de pinchazo en mi interior cada vez que oía hablar de la “caridad” como si su único significado posible fuera el del peor modo de ayuda asistencial.

¿Cómo no revalorizar la “Caridad” cuando toda “santa indignación” ante las injusticias, los expolios y acaparamientos de tierras con el único afán de estrujar al máximo los recursos naturales; cuando todo afán por el desarrollo y lucha contra la pobreza y el hambre, que es evitable y sólo persistente por culpa de nuestro egoísmo y la avaricia de unos pocos; cuando toda vergüenza que sentimos ante los efectos de las guerras, el sufrimiento de los refugiados y también de los desplazados a causa de la emergencia climática que vivimos; cuando toda búsqueda de una vida mejor para todas las personas del planeta, brota en nuestro corazón, lo sepamos o no, inspirada por quien es la Caridad, el Amor con mayúsculas?

No podemos ser indiferentes al sufrimiento. Nuestra única respuesta sólo puede ser dedicarnos a dar nuestra vida por los demás, como nos pidió Jesús. “Amaos como yo os he amado”. Y hacerlo con fidelidad a la Verdad, que es también, por cierto, la máxima del buen periodista y comunicador.

  1. En segundo lugar, en mi afán personal y académico por profesionalizar el trabajo de las ONG y el Tercer Sector, descubrí que, como casi siempre Dios es “el Dios de las sorpresas” y con Él las cosas son, casi siempre, del revés: a contracorriente de algunos órdenes establecidos en el mundo. Porque también en esa época se desprestigiaba el trabajo de los misioneros y misioneras en el mundo como agentes de desarrollo reconocidos. Se les consideraba como si fueran “menos profesionales”. Pero yo descubrí que la vocación cristiana, o, dicho de otro modo: que el hecho de que hagas todo lo que haces por los demás por amor a Dios, nunca te resta profesionalidad, al contrario. Pues son precisamente esos misioneros (religiosos y laicos), los que, si hay guerra, epidemias o desastres, no se van.

Ellos y ellas son a menudo los  principales socios locales en las ONG de Desarrollo católicas (y de otras que no se significan como católicas). Pero es que, además, en su máxima sencillez y sin presumir de ello, esos misioneros y misioneras tienen muy a menudo currículos y perfiles profesionales tan o más sólidos que los de muchos cooperantes profesionales. No quiero con esto desprestigiar a nadie. Cada uno es quien es. ¿Pero, por qué ese afán de no aceptarlos como profesionales de la Cooperación al Desarrollo? ¿Sólo por ser creyentes y vivir en coherencia su vocación y entrega?

  1. Y, en tercer lugar, y quizá lo más sorprendente fue que en esa época, hace diez años, yo no sólo investigaba la Comunicación para la Solidaridad, sino que trabajaba, como ahora, como Responsable de Comunicación en una ONG. Pero en esos momentos no era precisamente una ONG católica, aunque como muchas en España, había nacido en la Iglesia.

Esa organización estaba especializada en realizar campañas de sensibilización y educación para el desarrollo en apoyo del Comercio Justo y la incidencia política y el activismo accionarial para cuidar del medio ambiente y los derechos laborales en la cadena de producción de ropa. En esos momentos, iniciamos una campaña especializada en promover las Finanzas Éticas y para animar a que, lo mismo que nadie quiere consumir productos que dañan la naturaleza y a las personas que lo producen, tampoco deberíamos querer tener cuentas bancarias en las que detrás de ciertos fondos de inversión haya quizá armamento ilegal, clínicas abortistas u otros negocios contra los derechos humanos o contrarios a nuestra conciencia.

Pues bien. En esos momentos se publica la encíclica que hace una crítica feroz a ese sistema financiero inhumano y corrupto. Yo, como católica, no cabía en mí de gozo. Pero ¿cómo proponer a mis colegas, casi todos ajenos al mensaje de la Iglesia, una encíclica como documento de trabajo? Pues claro está: ¡porque cada encíclica, no lo olvidemos, va dirigida también “a todos los hombres (y mujeres) de buena voluntad”! Y ahí entramos todos.

Al final no fue tan difícil, usamos la encíclica. Y también mis colegas se dieron cuenta de que  la  mayoría de las instituciones que se unieron para impulsar las Finanzas Éticas en esos momentos en España, eran grupos de católicos comprometidos, organizaciones católicas de desarrollo y algunas congregaciones de religiosos y religiosas.  Todos ellos ejemplos claros de Doctrina Social de la Iglesia en acción, que es otro modo de evangelizar.

Concluyo mi intervención diciendo que, personalmente, junto a Evangelium Vitae, de Juan Pablo II, “Caritas in Veritate” me marcó profundamente. Se convirtió en la Encíclica que más me ha influido. Reafirmó mi vocación como periodista y comunicadora en este Tercer Sector de la Solidaridad y el Desarrollo Humanos. Y ahora, junto a ella está  “Laudato Si”. Ambas de dos Papas que este tiempo tan especial de la historia nos hace compartir: uno emérito, europeo, alemán, intelectual. Otro en activo (y tan en activo), americano, argentino, un pastor con olor a oveja, como a él le gusta definirse.

No puedo más que dar gracias a Dios por haber nacido en este tiempo de Papas extraordinarios. Y estos dos Papas actuales, y sus encíclicas, son a mi juicio caras de una misma moneda. Esa moneda es nuestra Iglesia, somos nosotros, unidos desde siempre a los más pobres y para trabajar por un mundo mejor a través de la Doctrina Social, el Desarrollo y la Solidaridad.

Dos Papas. Dos caras de una única moneda: la Iglesia, que debe seguir invirtiendo en el único banco y negocio que merece la pena: dar la vida por los demás, por los más desfavorecidos, por un mundo mejor, porque el Reino de Dios llegue de verdad a todas las personas del mundo.

Así se lo pido, hoy y siempre a la Virgen, María Inmaculada, Madre del Amor Hermoso, Madre de Jesús-perfecta-Caridad.

Muchas gracias

 

Dra. Marta Isabel González Álvarez
www.migasocial.com Twitter @migasocial
Responsable de Comunicación y Prensa en CIDSE www.cidse.org
Media and Communications Officer CIDSE www.cidse.org

 

 

Hacer bien el BIEN: comunicación veraz para un desarrollo compartido

El 24 de octubre y con motivo del Día Mundial de la Información Sobre el Desarrollo, Manos Unidas, desde su Delegación de Cuenca, organizó una Mesa Redonda en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este evento, en el que participaron un centenar de alumnos, se tituló “Hacer bien el BIEN: comunicación veraz para un desarrollo compartido” y estuvo coordinada por Marta Isabel González, Doctora en Periodismo y miembro del Departamento de Comunicación en los Servicios Centrales de Manos Unidas, que planteó los objetivos generales del encuentro y quiso acompañarse de compañeros periodistas de medios de comunicación y otros compañeros del mundo de la universidad, que desde sus diferentes puntos de vista, trataron la cuestión de cómo la comunicación y el periodismo, tanto desde los medios como desde los departamentos de comunicación de las ONG, pueden ayudar a construir un mundo mejor al transmitir e informar sobre la realidad de empobrecimiento y desigualdad que sufren, aún hoy, millones de personas en el mundo.

Mesa Redonda con motivo del Día Mundial de la Información Sobre el Desarrollo
Mesa Redonda con motivo del Día Mundial de la Información Sobre el Desarrollo

Desde la Universidad, Maria José Ufarte, profesora de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla-La Mancha, hizo un recorrido por el último viaje con medios de comunicación que Manos Unidas llevó a cabo en Benín el año pasado, destacando los aspectos prácticos que dichos viajes tienen. Por su parte, Emilio José Gómez, profesor de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Castilla-La Mancha y que es además Responsable del Área de Derechos Humanos de Justicia y Paz, centró su intervención en la cuestión del “Bien” entendido desde todas sus facetas y animando a la implicación de los jóvenes.

Irene Díaz, Marcelo Ortega, Encanacion Pérez, Delegaca de Manos Unidas en Cuenca y Marta Isabel González a la entrada de la Facultad de Periodismo
Irene Díaz, Marcelo Ortega, Encanacion Pérez, Delegaca de Manos Unidas en Cuenca y Marta Isabel González a la entrada de la Facultad de Periodismo

Desde los medios de comunicación, se contó con la participación de Irene Díaz, cofundadora junto a Santiago Barnuevo, del espacio de RNE-R5 “Cinco minutos para la cooperación” y actual editora de informativos en RNE-Toledo, que contó su experiencia en ese programa y compartió algunos ejemplos de ese programa. Y por su parte Marcelo Ortega, redactor del periódico La Tribuna de Albacete, contó su experiencia profesional y personal durante su viaje a Burundi en el viaje de medios de comunicación que Manos Unidas organizó hace cuatro años.

Un aspecto de la sala y la asistencia a la Mesa Redonda organizada por Manos Unidas Cuenca
Un aspecto de la sala y la asistencia a la Mesa Redonda organizada por Manos Unidas Cuenca

El rector de la universidad Miguel Ángel Collado y, la vicerrectora María Ángeles Zurilla, hicieron acto de presencia durante la mesa redonda resaltando el interés e importancia que eventos así tienen para los futuros profesionales del periodismo y la comunicación.

El rector de la universidad Miguel Ángel Collado y, la vicerrectora María Ángeles Zurilla. En el medio Encarnación Pérez, delegada de Manos Unidas en Cuenca
El rector de la universidad Miguel Ángel Collado y, la vicerrectora María Ángeles Zurilla. En el medio Encarnación Pérez, delegada de Manos Unidas en Cuenca

Por último, y de manera espontánea, participó en la mesa redonda el misionero diocesano Joaquín Briones, formado en el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) y que ha pasado sus últimos 24 años en Togo y que contó su experiencia allí, para alegría de los alumnos participantes que también aprovecharon para entrevistarle.

El misionero diocesano Joaquín Briones, formado en el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) y que ha pasado sus últimos 24 años en Togo
El misionero diocesano Joaquín Briones, formado en el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras) y que ha pasado sus últimos 24 años en Togo

Rosalía García y su entrega a los indígenas ‘mbya guaraníes’ de Paraguay

Algunas pinceladas a modo de pistas. Nació  el 3 de marzo de 1939 en Vacariza, una pequeñísima aldea de la parroquia de A Enciñeira y perteciente al Concejo de Quiroga, en Lugo y es la segunda de una familia de seis hermanos. Hace ahora 36 años que llegó a Paraguay.

Desde 1982 al 91 estuvo en Pirayú y desde 1991 vive en Paso Yobái , una pequeña localidad de 3.600 habitantes situada en el Departamento de Guairá (Paraguay).

Desde allí y en pequeñas  comunidades como Isla Hu y Vega Cue, lucha por el desarrollo y la dignidad del pueblo indígena de los “mbya guaraníes” gracias a la ayuda, entre otros, de la ONG de Desarrollo Manos Unidas.

Rosalía y una de sus amigas de la comunidad indígena de Isla Hu. Foto: Marta Isabel González/Manos Unidas
Rosalía y una de sus amigas de la comunidad indígena de Isla Hu. Foto: Marta Isabel González/Manos Unidas

¿Ya sabes de quién te hablo? Pues sí…ella es la hermana Rosalía García Arias, que se hizo religiosa en 1959 en la orden de las Carmelitas Misioneras Teresianas (CMT), una congregación de origen español fundada en Ciudadela (Menorca) en 1860 por el carmelita descalzo, el ahora beato Francisco Palau y Quer.

Es pequeñita de estatura, vivaracha, muy inteligente y rápida, y conduce un jeep enorme que casi la duplica en altura, pero que domina a la perfección deslizándose sobre el barro de la zona, que a menudo es muy abundante y convierte las  carreteras en pura mantequilla.

Rosalía García conduciendo. Foto Marta Isabel González
Rosalía García conduciendo. Foto Marta Isabel González

Pero lo que más me llama la atención de ella es su gran corazón, sencillo y sin doblez, y su modo también sencillo (que no simple) de vivir y practicar el Evangelio con su vida y entrega diaria y  un enorme respeto y admiración a la religiosidad ancestral del pueblo indígenas “mbya guaraní” (112.000 personas), uno de los 19 pueblos indígenas con cinco familias lingüísticas, que habitan en este país de Sudamérica.

Y es que, pese a esta riqueza que suponen los pueblos indígenas, sin embargo, aún no están bien valorados por la sociedad: “Es una pena que en esta sociedad avanzada no logremos ver a estas personas como iguales. –asegura Rosalía – y es triste ver como sufren discriminación. En muchas ocasiones, por un mismo trabajo, los indígenas cobran hasta un 40% menos que el resto. Pero claro, es necesario que tengan la formación y educación necesarias para saber reclamar sus derechos y en esto también les apoyamos”.

Piscicultura, agricultura, taller de motos...el Centro de Formación Agropecuaria de Isla Hu ofrece futuro a los indígenas mbya guaraníes. Foto Marta Isabel González / Manos Unidas

Piscicultura, agricultura, taller de motos…el Centro de Formación Agropecuaria de Isla Hu ofrece futuro a los indígenas mbya guaraníes. Foto Marta Isabel González / Manos Unidas

Manos Unidas ha apoyado la labor de las misioneras carmelitas teresianas en el departamento de Guairá (Paraguay) desde hace décadas con proyectos de infraestructuras, educativos, de formación profesional y de seguridad alimentaria. Se les apoya en sus reivindicaciones y se les acompaña en su desarrollo a través de una convivencia respetuosa y una inculturación que deja patente, en muchos casos, la admiración por sus valores.

Uno de estos proyectos es la construcción, equipamiento y atención del Centro  Educativo Bilingüe y Escuela de Formación Agropecuaria de Isla Hú, situado en una de las seis comunidades habitadas por nativos mbya guaraníes. Allí, cerca de un centenar de jóvenes adquieren cada año la formación profesional que les permite, a ellos y sus familias, tener un presente y futuro mejor ya que ofrece alternativas a los modos de vida de los pueblos indígenas que, tradicionalmente eran cazadores y recolectores, pero que hoy en día  ya no pueden vivir de ello entre otras cosas porque sus tierras han sido vulneradas.

Cientos de jóvenes reciben formación en el Centro de Formación Agropecuaria que han promovido las hermanas en Isla Hu. Foto Marta Isabel González/Manos Unidas
Cientos de jóvenes reciben formación en el Centro de Formación Agropecuaria que han promovido las hermanas en Isla Hu. Foto Marta Isabel González/Manos Unidas

Este Centro que ha sido fruto del trabajo conjunto de las hermanas con  la Asociación Opy Porâ Mbaraeteve, ha logrado que se impartan los cursos necesarios que llegan hasta concluir la educación escolar básica, para ello se imparte educación a partir del 3 ciclo de educación bilingüe. Y todos los jóvenes que salen de la escuela con el  bachiller técnico agropecuario indígena son de vital importancia para la supervivencia de la etnia.

Las hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas también miman la educación de los más pequeños entre los indígenas mbya guaraníes. foto Marta Isabel González
Las hermanas Carmelitas Misioneras Teresianas también miman la educación de los más pequeños entre los indígenas mbya guaraníes. foto Marta Isabel González

Rosalía se siente muy orgullosa de lo conseguido. Y no es para menos. Esta  misionera es un ejemplo vivo del acompañamiento y apoyo a las reivindicaciones de este pueblo del que no escatima halagos y admiración: “son pueblos con unos grandes valores como el gran respeto y unión con la naturaleza, las decisiones y vida en comunidad o el especial cuidado a los niños y mayores. Valores, que en muchos casos la sociedad paraguaya ha perdido.

No son menos que nosotros. No son salvajes. Al contrario. Tenemos mucho que aprender de ellos” afirma una vez más  Rosalía y lo repite  siempre que tiene ocasión.

El 3 de octubre de 2016 pude conocer en persona el trabajo de la Hermana Rosalía, Nancy y Cristina en Paso Yobái. Foto Selfie Marta Isabel González/Manos Unidas
El 3 de octubre de 2016 pude conocer en persona el trabajo de la Hermana Rosalía, Cristina Ruiz y Nancy Cáceres en Paso Yobái. Foto Selfie Marta Isabel González/Manos Unidas

Y una de esas ocasiones en las que la misionera ha podido explicarse mejor fue durante el viaje que TVE y un equipo del programa Pueblo de Dios (el redactor Ricardo Olmedo y el realizador Carlos González Herrero) hizo a Paraguay junto a los cámaras Antonio Urrea y Felipe Romero, para conocer, acompañados por Pompeyo Sancho (voluntario del Departamento de Proyectos de Manos Unidas) y por mí misma que coordiné el viaje y apoyé en la producción de los programas para, entre todos, poder dar a conocer esta realidad de discriminación e injusticias pero también de superación gracias en  parte a los proyectos que Manos Unidas, la ONG de Desarrollo de la Iglesia católica en España, apoya en este país latinoamericano un tanto desconocido para la sociedad española.

Fruto de ese viaje y encuentro con Rosalía García es el programa “Indígenas, el paraíso perdido” que Pueblo de Dios (TVE) dedicó a esta realidad de Paraguay y al trabajo que, gracias al apoyo de Manos Unidas, Rosalía García realiza junto a sus hermanas Cristina Ruiz y Nancy Cáceres en Paso Yobai y que yo desde aquí os invito a ver a través del canal de Yotube de Manos Unidas  y disfrutar, porque no tiene desperdicio.