Donde nadie quiere mirar

Todos cometemos errores, pero los de algunas personas parecen quedar más en evidencia. Ese es el caso de quienes están en la cárcel. Y lo sabemos bien, la privación de libertad es uno de los mayores castigos que puede sufrir un ser humano.

“Homo sum, humani nihil a me alienum puto” (Terencio, 165 a.C.) O lo que es lo mismo: soy un ser humano y nada que afecte al ser humano me es indiferente. Por eso, aunque casi nadie se fije en estas realidades, quizás ahora que el Covid-19 nos ha enseñado a valorar mucho más la libertad, podríamos aprovechar para fijarnos mejor en las cárceles y en especial en cómo se vive esta realidad en los países empobrecidos.

Allí, en la mayoría de los casos, los derechos humanos más esenciales no se respetan y casi siempre los reclusos conviven con todo tipo de presos sin tener en cuenta el tipo de delito o condena. El futuro de esas personas, al salir por fin libres, puede ser aún peor que cuando entraron en ella si no se les ofrece formación laboral y apoyo real para no volver a reincidir y acabar de nuevo entre rejas.

Pero como en otras muchas realidades, si eres mujer, la cosa es aún peor. Y es que, incluso desde las cárceles y privadas de libertad, ellas siguen al frente de sus hogares. Esas mujeres son, a menudo, madres solteras o abandonadas por sus maridos al entrar en la cárcel y las únicas responsables de la economía familiar.

En Paraguay, Manos Unidas ha apoyado durante muchos años a la Pastoral Carcelaria que dirigía en 2016 el padre Luis Arias y su equipo. Allí, en el Módulo D de la Cárcel masculina de Tacumbú, pude conocer en primera persona cómo malvivían unos 3.400 hombres apretujados en unas instalaciones diseñadas para menos de la mitad, y cómo convivían con las mafias y la droga campando a sus anchas. En muchos casos a cada preso no se le ofrecía, ni siquiera, un colchón.

Taller de costura-Cárcel Paraguay. Foto Marta Isabel González
Taller de costura-Cárcel Paraguay. Foto Marta Isabel González

En ese escenario la ONG para el Desarrollo de la Iglesia Católica en España, ha realizado proyectos de formación y capacitación laboral a través de talleres de corte y confección que ha mantenido a estos hombres, al salir, alejados de la delincuencia. Las máquinas de coser ofrecían, además, un modo de ocupar el tiempo libre, el peor enemigo de un preso. “Este es un lugar de paso. No es lugar para quedarse “, aseguraba el Padre Luis. Y, por eso, con apoyo de Manos Unidas, se habilitó también el Albergue Virgen de la Merced que ofrecía a cuarenta ex reclusos un ambiente de acogida y convivencia, como un enlace entre la cárcel y la reinserción laboral y social. Y es que el Padre Luis se dio cuenta de que era muy importante actuar en el momento de la excarcelación pues “sus compañeros delincuentes eran más generosos que nosotros: les esperaban a la salida de la cárcel y les ofrecían apoyo, dinero, un celular…”.

Equipo de la Pastoral Carcelaria que dirigía el Padre Luis Arias en Caaguazú, Paraguay. Foto Marta Isabel González Álvarez
Equipo de la Pastoral Carcelaria que dirigía el Padre Luis Arias en Caaguazú, Paraguay. Foto Marta Isabel González Álvarez

 La Pastoral Carcelaria de Paraguay contaba en estos años con trabajadores sociales y psicólogos, apoyando a los reclusos en sus procesos legales para salir de la cárcel. Esta tarea la dirigía en esos momentos la Coordinadora Jurídica de la Pastoral Carcelaria, Myriam Ramírez; una ex presidiaria que aún se emociona al recordar sus días entre rejas y que nos explicó cómo es la vida en El Buen Pastor, la penitenciaría de mujeres del barrio de Recoleta. Allí viven unas quinientas mujeres en un espacio pensado para doscientas. Hay más espacio al aire libre que en Tacumbú pero ellas sienten que se ahogan en una condena aún peor que la privación de libertad: el abandono y discriminación por parte de sus familias que ven con vergüenza su situación, aunque no tanta como para no aceptar de ellas su dinero pues es el que mantiene a sus familias, por lo general muy pobres.

Una madre visita a uno de los reclusos. Módulo D, Cárcel de Tacumbú, Paraguay. Foto Marta Isabel González
Una madre visita a uno de los reclusos. Módulo D, Cárcel de Tacumbú, Paraguay. Foto Marta Isabel González

En el caso de las reclusas, tienen opción de ganar algo de dinero con trabajos en la cárcel como peluquería, carpintería, cocina, panadería, marroquinería e incluso lencería fina. Y, precisamente para cincuenta de ellas se buscaba mejorar su capacitación profesional en corte y confección, la creación de un taller textil y su formación Integral en derechos humanos, laborales y de gestión, así como ofrecerles atención psicológica. Todo para lograr que estas mujeres tengan una oportunidad al salir.

“Nadie quiere contratar a una mujer que ha estado en la cárcel”, aseguraba Myriam, “y lo que más duele, cuando por fin sales, es la estigmatización. Te miran mal porque estuviste presa. La que nunca estuvo en la cárcel no lo entiende”

Myriam Ramírez fotografiada por Marta Isabel González en 2016, ante la Cárcel de Tacumbú (Asunción, Paraguay)

Myriam Ramírez (Asunción, 1968) conoció al padre Luis Arias en 2007 en la cárcel femenina de El Buen Pastor (Asunción) donde cumplía una sentencia de ocho años por intermediaria en traspasos ilícitos de dinero; delito que cometió por las dificultades económicas que tenía. Logró que hubiera clases universitarias en la cárcel y comenzó en 2009 la Carrera de Derecho. Su buen comportamiento y su formación en leyes redujeron su sentencia en dos años. Hoy es la Coordinadora Jurídica de la Pastoral Carcelaria y lleva los casos de quienes, de otra manera, estarían indefensos. “La justicia lenta no es justicia – asegura – y por eso desde la Pastoral Carcelaria estamos procurando solucionar esa lentitud de la Justicia paraguaya”.


 

Abrazos de misericordia

Cuando le conoces, no lo olvidas. Es muy alto, grande. Te da abrazos enormes, de oso. De oso de peluche. Y además es muy alegre, con esa inocencia y bondad, como la de un niño.

Habla muy rápido, con mucho acento  “paraguayo”, tanto que los primeros minutos te cuesta entenderle… Pero cuando se pone más serio, sus palabras se vuelven claras, certeras, y su mirada se concentra dando  énfasis a cada idea y te mira de manera directa, casi desafiante, como un toro antes de embestir.

El Padre Luis Arias (19/8/1961, Coronel Oviedo) es el Capellán de la cárcel de Tacumbú de Asunción y Responsable de la Pastoral Carcelaria de Paraguay. Y es un sacerdote de vocación tardía después de pasar un tiempo con el Movimiento Neocatecumenal en su casa de Jerusalén. Muy pronto celebrará sus 12 años de sacerdote (5/3/2005), pero su vocación es muy clara y concreta como él explica sin tapujos: “Yo estoy llamado para la cárcel, no sabría qué hacer en una parroquia”.

El padre Luis Arias abraza a un preso del Penitenciario de Tacumbú (Asunción)La cárcel de Tacumbú, en Asunción, no sale en los últimos rankings de las peores cárceles del mundo pero sí es, sin embargo, una de las que más hacinamiento vive de América Latina. Su población interna, unas 3.400 personas, viven con gran dificultad porque duplican la capacidad de unas instalaciones que tampoco reúnen los requisitos elementales. Es la mayor cárcel de Paraguay y la situación de muchos presos, pese a los esfuerzos de sus responsables, como el recién llegado director Luis María Villagra, es inhumana, con las mafias campando a sus anchas y muchas diferencias y clasismo entre los presidiarios.Dos presos practican boxeo en el patio principal de la cárcel de Tacumbú (Asunción, Paraguay). Foto: Marta Isabel González

Para el Padre Luis todos ellos merecen una oportunidad, todos tienen una enorme dignidad, la de seres humanos e hijos de Dios  y como ha afirmado  el Papa Francisco “todos somos pecadores y, muchas veces, somos prisioneros sin darnos cuenta, (…) Ante Dios nadie puede considerarse justo (cf. Rm 2,1-11). Pero nadie puede vivir sin la certeza de encontrar el perdón” y si no entendemos que los presos de las cárceles necesitan el perdón, es que aún no nos conocemos de verdad y no hemos vivido y comprendido nuestra condición límitada y el perdón que recibimos de Dios de manera gratuita e incondicional.

El ex presidiario José "Dolores" Ramírez y el padre Luis Arias en la panificadora donde ahora trabaja José. Foto. Marta Isabel GonzálezY precisamente es en esta cárcel donde el Padre Luis realiza su labor. La Pastoral Carcelaria que él dirige se ubica en el Módulo D, donde además de ofrecer la escucha incondicional a los presos, a veces se celebran encuentros de convivencia e incluso la Eucaristía todos los viernes. Pero también allí, con la ayuda de Manos Unidas, se desarrolla un taller de corte y confección gracias a varias máquinas de coser que se solicitaron a la ONGD española. Unas máquinas que no sólo ayudan a ocupar el tiempo libre, que es el peor enemigo de los presos, sino que les ofrece una formación profesional y un futuro para cuando abandonen la cárcel.  “Este es un lugar de paso. Este no es lugar para quedarse “ asegura el Padre Luis.

Algunos de los beneficiarios del taller de costura y corte y confección que ha financiado Manos Unidas. Y por eso, porque los presos antes o después salen de la cárcel también se pidió ayuda a Manos Unidas para habilitar el Albergue Virgen de la Merced, un lugar que ha comenzado a funcionar en 2015 y en el que se ofrecen 40 plazas en un ambiente de acogida y convivencia. Un lugar que sirve de enlace entre la vida de la cárcel y la reinserción laboral y social. Y es que, el Padre Luis se dió cuenta de que la Iglesia no estaba pendiente de ellos en ese momento “sus compañeros de delincuencia eran más generosos que nosotros, les esperaban a la salida de al cárcel y les ofrecían lo que necesitaban, apoyo, dinero, un celular…”.

En la Pastoral Carcelaria y también en el Albergue, trabaja con el Padre Luis un equipo que cuenta con asistentes sociales, o con ayuda terapéutica, como la que ofrece la psicóloga Sonia Palacios. Pero además se les apoya en sus procesos legales para salir de la cárcel. La Coordinadora Jurídica de la Pastoral Carcelaria es Myriam Ramírez, una ex presidiaria que aún llora y se emociona al recordar sus días en la cárcel y que, durante su estancia en ella se formó como abogada. También, entre los barrotes encontró o se reencontró con la fé en Jesús y ahora dedica su tiempo y esfuerzos a ayudar en todo lo que puede a los presos y a que su situación cambie o no sean ninguneados por un sistema de funcionariado, muchas veces corrupto, que les ignora y denigra.

Myriam Ramírez, Coordinadora Jurídica de la Pastoral Carcelaria de Asunción (Paraguay) con Marta Isabel González (Selfie)

 

Toda la labor del Padre Luis y su equipo es, a mi modo de ver, el ejemplo más claro de la Misericordia en acción. Y genera y fortalece el necesario don de la esperanza. Una esperanza que es imprescindible recuperar en una cárcel. Como recuerda el Papa Francisco: “donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la misericordia del Padre, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación, paz.”  

Durante esos días de octubre de 2016, conviviendo con el Padre Luis y su equipo, teniendo la enorme suerte de haber podido entrar junto al equipo de TVE (Pueblo de Dios) a la Cárcel de Tacumbú y también el Albergue Virgen de la Merced, hablando con sus presos y expresidiarios, pude vivir, durante la segunda semana de octubre  una experiencia personal y profesional increíble.  Y entender, al fin, justo antes de que finalizara el Año de la Misericordia lo que es y lo que significa realmente: que nadie nos salvamos por nuestras fuerzas ni méritos, que sólo el Amor con mayúsculas, sólo Dios puede hacerlo. Y aunque he tenido que esperar casi hasta el final de ese Año Jubilar*  para poder experimentarla de esta manera profunda, la experiencia mereció la pena.

El equipo de Pueblo de Dios (TVE) y de Manos Unidas a la salida de la Cárcel de Tacumbú, junto a Luis Arias y Myriam Ramírez.

 

 

Por último, os dejo el documental “Tacumbú, la cárcel que libera” elaborado por el programa “Pueblo de Dios” y su gran equipo de profesionales, gracias a Manos Unidas y en el que he tenido la suerte de participar como responsable del equipo o una especie de productora en terreno.  ¡No os lo perdáis, es digno de premio!

*(El Año Jubilar de la Misericordia finalizó el 20/11/2016 Día de Cristo Rey)