“Los #refugiados necesitan ayuda para quedarse y para irse” Michel Constantin-CNEWA Líbano

El día que le conozco, la tensión internacional en relación a la guerra de Siria es muy alta. Entre EEUU y Rusia la situación está al rojo vivo después del bombardeo de una base aérea de Asad en lo que ha sido el primer ataque directo de EEUU a Siria desde el comienzo de la guerra hace seis años. Y un día antes, dos ataques suicidas contra iglesias de Egipto han causado 45 muertos. Nuestra conversación no se centra en el terrorismo o en la guerra. Pero sí en sus consecuencias.

Se llama Michel Boutros Constantin, y es el director regional de la oficina de Beirut de la Misión Pontificia-CNEWA-Asociación Católica para el Bienestar de Oriente Próximo, organización socia local de Manos Unidas en Líbano y que fue establecida en 1949, por mandato el Papa Pío XII, después de la II Guerra Mundial con el objetivo de asistir a los refugiados palestinos y a las personas que necesitaran de ayuda.

Ahora, la oficina de Beirut y su misión ha sido ampliada para ayudar, no sólo a los refugiados palestinos, sino también a los libaneses más pobres y a refugiados cristianos de Oriente Medio originarios de Líbano, Irak, Egipto y Siria.

CNEWA tiene por lo tanto programas en cuatro países y sus líneas de acción se dividen entre acompañar a la Iglesia en su tarea pastoral y en la formación de líderes y el desarrollo social y en algunos casos de emergencia para refugiados o durante catástrofes y con independencia de que sus beneficiarios sean cristianos o no, el apoyo llega a través de las iglesias locales, a las que apoyan en su trabajo comunitario.

  • La CNEWA es una organización que ayuda a repartir las ayudas entre otras pequeñas organizaciones. ¿Cómo funcionáis exactamente?

Desde su origen, el objetivo de la Misión Pontificia en la oficina de Beirut y después en otras dos oficinas en Amán y Jerusalén fue coordinar las agencias católicas donantes de todo el mundo que querían ayudar a los palestinos. Se trataba de que ese organismo fuera el que coordinara lo que se recibía y cuándo. Hoy, después de 67 años, muchas ONG tienen sus propios programas, pero aun así tenemos un rol importante en coordinar la ayuda de las agencias católicas donantes. Nuestros donantes son principalmente agencias católicas de Europa y EEUU y Canadá. En Europa tenemos Manos Unidas, Misereor…etc.

Vienen a nosotros porque la Misión Pontificia, no es la Iglesia local, no es maronita, católica, ortodoxa…Es parte de la Iglesia latente y al mismo tiempo, como locales trabajando aquí, conocemos las distintas dificultades y problemas de la Iglesia. Y así, servimos de vínculo entre los donantes del mundo católico y las Iglesias locales católicas del Oriente Medio.

En mi caso, llevo trabajando en la Misión Pontificia desde 1989, más de 27 años y todos mis colegas tienen una experiencia parecida a la mía. Esto nos permite hacer una recomendación real de qué proyecto es bueno, cuál funcionará, cuál no, etc. Por ello, muchos donantes confían en nuestra opinión y recomendaciones. Algunos no quieren enviar el dinero directamente a beneficiarios, sino que prefieren que les llegue a través de nuestras oficinas, que se lo gestionamos, de manera que se aseguran que recibirán los informes a tiempo, que el contenido del informe es el que esperan, etc.

Algunos de los niños refugiados que se benefician de estos proyectos de CNEWA con apoyo de Manos Unidas. FOTO CNEWA para Manos Unidas

Conocemos las exigencias de los donantes y al mismo tiempo las capacidades de los socios y organizaciones locales. Podemos sacar lo mejor de los locales para que entreguen su trabajo a tiempo, por ejemplo. Siempre decimos que no debemos de competir entre ONG o donantes, sino complementarnos. Por eso, en cada proyecto intentamos transmitir una imagen de cooperación, de unión, este es nuestro rol principal.

Trabajamos de manera transparente, solemos decir que este trabajo social debe ser tan transparente como un acuario, donde puedas ver todo lo que hay dentro, incluso en el fondo. Así es como ayudamos a nuestros socios de la Iglesia local, responsables de las necesidades de los refugiados o los pobres. Siempre les decimos debéis hacer las cosas claras, si tenéis una gran propuesta que vais a enviar a cuatro donantes, estos deben de ser mencionados en la propuesta, compartiendo el proyecto global, de manera que sea más fácil para todos. Por ejemplo, si se envía un proyecto de 500.000 euros a Manos Unidas puede que me digan “Imposible, no está en nuestro presupuesto”, pero si se dice que “Hay otros seis donantes que estarían involucrados y que sólo necesitaríamos 60.000 euros”, entonces podría ser viable para todos los donantes y el proyecto saldría adelante.

Michel Constantin, es el director regional de la oficina de Beirut de la Misión Pontificia-CNEWA para Líbano, Irak, Egipto y Siria. FOTO Marta Isabel González/Manos Unidas

  • Pero la CNEWA no sólo ayuda a refugiados cristianos, ¿es así?

No, por supuesto que no. Lo que hacemos es colaborar con la Iglesia Local, pero no sólo me refiero a la Iglesia en sí, sino también a congregaciones o asociaciones laicas, entidades independientes, pero con espiritualidad y valores compartidos con los cristianos. A través de ellos llegamos a todo el mundo, sin importar religión. Por ejemplo, en el Líbano y Siria, el 40% de nuestros beneficiarios no son cristianos y en Irak un poco menos, pero estamos llegando a muchos yazidíes y árabes.

Diríamos que lo esencial es apoyar a las minorías. Por ejemplo, en el norte, existe mayoría kurda y suní, los chiitas son la minoría. En el sur, donde hay mayoría chiita, la minoría son los suníes. Todas las minorías necesitan ayuda. Pero, es cierto que, por ejemplo, en Irak, las minorías musulmanas tienen las mejores zonas geográficas. Y, sin embargo, los yazidíes y los cristianos no tienen tierras de valor.

Los refugiados necesitan ayuda para quedarse y también para irse. Y es que necesitan protección internacional y también financiación para reconstruir sus casas. En ocasiones, sus aldeas han sido liberadas, pero no tienen la seguridad de que al día siguiente vengan y les digan que se vayan de nuevo. No quieren vivir el mismo trauma dos veces y necesitan ayuda pues no tienen forma de vivir. Lo han perdido todo en la guerra.

Pero hay que aclarar que CNEWA no es una agencia especializada en emergencias: actuamos en emergencias, pero luego nos vamos. Y es que nos centramos más en el desarrollo social, que requiere un trabajo continuo y que implica apoyos en educación, formación, salud, creación de empleo y todo aquello en lo que la Iglesia considera que debe apoyar a las comunidades.

Algunos de los pequeños refugiados que se benefician de estos proyectos de CNEWA con apoyo de Manos Unidas. FOTO CNEWA para Manos Unidas

  • Con Manos Unidas están realizando dos programas, uno de salud y otro de educación y formación profesional ¿en qué consisten exactamente?

Estos dos proyectos, son muy importantes en Líbano, no sólo para los refugiados, sino también para las comunidades locales más pobres.

El Karagheusian Health Center, es un centro de salud social en el barrio pobre armenio, pues ha estado habitado básicamente por armenios. Sin embargo, ahora sólo el 40% de la población del barrio es ahora armenia y el resto son la mayoría musulmanes chiítas, provenientes del sur de Bekaa, cerca de Beirut, y refugiados, especialmente de Irak (cristianos) y de Siria(musulmanes) así como algunos kurdos y por supuesto trabajadores migrantes del Líbano que buscan vivir en barrios con rentas baratas. Este centro atiende por lo tanto a 150.000 personas y es el centro más grande y avanzado de la zona.

Es importante recordar que en Líbano no tenemos hospitales públicos como en Europa. Sólo hay un hospital, que está cerrado ahora y está en Beirut. Los demás son privados y muy caros. Una consulta de oftalmología, por ejemplo, cuesta 60 o 70 euros por persona. Esto sólo la consulta. Por lo tanto, si las personas no tienen un seguro privado no irán nunca a hacerse una revisión de salud y estas familias pobres que viven en este barrio de bourj hammoud, no irán a un médico privado pues no se lo pueden permitir. En este centro, sin embargo, pueden ir a la consulta por 4 dólares y recibir la medicación gratis. Además, para aquellos que no puedan pagar los 4 euros, encontramos sponsors que puedan cubrir este pequeño importe.

Y siendo más económico, sin embargo, es uno de los centros de más calidad del país, pues las más importantes universidades en medicina y grandes médicos del país que son profesores de esas universidades de Líbano, vienen con estudiantes para ayudar. Por lo tanto, no sólo es barato, sino que cuenta con algunos de los mejores médicos de Oriente Medio.

Aspecto de las clases de informática que han sido posibles gracias a los proyectos apoyados por Manos Unidas. foto CNEWA para Manos Unidas

  • ¿Cómo es vivir y trabajar en una zona tan crítica como Oriente Medio y rodeados de guerras, tensiones bélicas y atentados?

Como ya he dicho, tenemos programas activos en cuatro países, Líbano, Siria, Egipto e Irak. Cada uno de ellos tiene distintas configuraciones política y social y por tanto sus necesidades son distintas.

Empezando por Líbano, por ejemplo, se trata de un país lleno de refugiados. Por un lado, suponen una tercera parte de la población de Líbano, lo que supone un problema a nivel infraestructural, en educación, número de colegios… Los refugiados no tienen plaza en buenos colegios, no hay suficientes hospitales para ellos. El gobierno es débil en Líbano y no les pueden proporcionar ayuda. Estos sirios están sufriendo y al mismo tiempo están compitiendo con los libaneses por los pocos puestos de trabajo que existen. Líbano no es un país rico o industrial, ni siquiera es un país del petróleo, los pocos puestos de trabajo que hay son en agricultura o construcción, que está disminuyendo ahora. Esto está creando tensión entre las dos poblaciones. Lo que en estos momentos es necesario en Líbano son ayudas para nuevas infraestructuras para colegios, hospitales, de todo.

Lo que estamos haciendo como Misión Pontificia son dos programas principales. El primero de educación, destinado el 70% a refugiados, de Irak y Siria, y el 30% a libaneses que necesitan apoyo escolar por las tardes para recibir una educación real. La mayoría de los sirios no son cristianos, los iraquíes son cristianos y los libaneses son en su mayoría cristianos pues los musulmanes a quienes ayudamos viven en grupos en aldeas cristianas, con quienes se está abordando la convivencia en paz, la unión de las comunidades, la escolarización de los niños. Con este programa estamos llegando a 3.000 estudiantes cada año. Este ha sido el cuarto año. El segundo programa, es de salud, para los más pobres de entre los pobres incluye igual que Karagheusian, otros dos centros de salud de día (en ellos las personas no son ingresadas). O sea, tres en total.

Pero es imprescindible llegar a los jóvenes que terminan el colegio. Estos jóvenes deberían ser educados de alguna manera, bien yendo a la universidad o bien por medio de una cierta formación técnica para enseñarles un oficio, para que sean capaces de trabajar. Muchos sueñan con poder venir aquí a Occidente como refugiados o a Siria de vuelta. Si llegaran a conseguirlo, de esta manera podrían encontrar un trabajo en la construcción o como mecánicos, por ejemplo. Por tanto, este programa sería la oportunidad de mejorar la adaptación de los refugiados. Muchos tienen el problema de que han dejado el colegio, y cuando ya tienen una edad más avanzada, 21 años, por ejemplo, no quieren volver al colegio y estar sentados con compañeros de 12 años. Tenemos que ser realistas y hacer programas ad hoc para ellos, para ayudarles a tener éxito. El colegio no es suficiente para garantizar el éxito.

Una imagen de una de las últimas visitas de Manos Unidas a Líbano. Foto CNEWA-Manos Unidas

  • En este contexto tan compleja ¿alguna vez tenéis miedo?

Vivimos con miedo cada día, porque los refugiados no viven en campamentos adecuados de 100.000 o 200.000 personas, sino que hay muchos pequeños campos, en algunos puede que haya 100 personas. En Líbano tenemos 36.000 asentamientos, y más de 18.000 grandes asentamientos. Algunos son simplemente una familia con algunas tiendas mientras que los grandes surgen de juntar estas familias en un solo área considerándolos un solo asentamiento.

Y es que, en Líbano el gobierno se niega a llamarlos campamentos porque no los considera refugiados. Para nosotros son desplazados, no refugiados. Si fueran refugiados tendrían derechos, por ejemplo, los niños nacidos obtendrían la nacionalidad. En este caso, sólo se les acepta como invitados, como desplazados, sin derechos políticos ni sociales, pues el gobierno no podría llegar a todas esas personas.

En una resolución de las Naciones Unidas, están siendo reconocidos como refugiados, pero el Líbano no reconoce este acuerdo, por lo que no es responsable por no considerarlos refugiados. Por eso Líbano no es capaz de controlar estos campos y asentamientos. La gente puede entrar y salir a su gusto, no es como en Turquía o algunos campos de Jordania, donde se tiene un acceso controlado al campo, donde existen registros de las personas que allí viven, de sus movimientos, donde se obtienen permisos para salir unas horas, y si la persona no regresa la policía le va a buscar. En Líbano no existe eso. Ellos hacen el campamento, lo mueven, van y vienen y nadie les pregunta nada. Esto es muy peligroso pues se trata de personas necesitadas, algunos muy fanáticos, que se infiltran en nuestras comunidades y nosotros no tenemos información alguna.

Por eso llega el miedo. Por un lado, a nivel de seguridad, no es seguro. En segundo lugar, a nivel social, se trata de culturas diferentes. Muchos son musulmanes y podrían mirar raro a la comunidad local. En último lugar, a nivel laboral compiten con la población libanesa en todo. Incluso un médico sirio, que no tenga la licencia de ejercer como médico en Líbano, está trabajando de manera ilegal ofreciendo precios más bajos por sus consultas. El médico libanés cobra entre 40 y 70 euros por consulta y el sirio recibe 5 euros.

Equipamiento del Karagheusian Health Center financiado por Manos Unidas- Foto CNEWA para Manos Unidas

  • ¿Qué les dirías a los españoles que quieren ayudar a Manos Unidas para ayudaros a vosotros?

Les diría que los cristianos en Oriente Medio y todas las minorías religiosas están en peligro por su fe y religión y no por ser parte de la guerra. Los cristianos y yazidis nunca fueron parte de la guerra, pero sí son víctimas de ella. Y no se trata sólo de las noticias en los medios de comunicación, se trata de personas reales sufriendo cada día. Son personas que necesitan ayuda, y sin ayuda no pueden vivir como seres humanos. Necesitan ayuda para quedarse o irse, en cualquier caso, necesitan ayuda. Las minorías en Irak, Siria, Líbano y demás países, están descontentas por la manera en la que Europa ha dado la bienvenida a muchos refugiados que han entrado en Europa de manera ilegal, mientras que imposibilitan la llegada de refugiados por medios legales, lo que se traduce en discriminación. Todos aquellos que no querían ir a Europa de manera ilegal, confiaban en que si presentaban su caso por medios legales serían aceptados. En muchos casos ni siquiera tuvieron la oportunidad de presentar su caso y ahora se sienten atrapados.En Irak no pueden vivir en sus comunidades, en su país, tienen más oportunidades si se van, pero están atrapados. No se pueden ir, necesitan ayuda.

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Entrevista realizada por Marta Isabel González. Fotos de CNEWA y Manos Unidas

 

¿Marketing del bueno? #PapaenLesbos

Hace sólo unas horas que el Papa Francisco ha regresado al Vaticano y lo ha hecho con 12 personas (3 familias sirias). Muchos están ya criticando esto y se preguntan cómo es posible que haya hecho algo que legalmente es tan difícil y más aún tal y cómo están las cosas tras las normativas europeas respecto a los refugiados.

Más allá de lo que algunos malintencionados piensan  sobre si esto que ha hecho el Papa es un gesto “marketiniano”, yo creo más bien que su cercanía, ese “quiero deciros que no estáis solos” que afirmaba tan sencillamente como es él, cambia las cosas. Si, creo que el hecho de que el Papa visite a los refugiados y les muestre su apoyo y su cercanía, cambia las cosas. Porque nos recuerda algo que por obvio, no podemos dejar de tener presente y que se publicaba el mismo día de su visita (este 16 de abril) en su cuenta de Twitter:“Los refugiados no son números sino personas con rostros, nombres e historias, y deben ser tratados como tales.”

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Photo by Andrea Bonetti/Greek Prime Minister's Office via Getty Images
Photo by Andrea Bonetti/Greek Prime Minister’s Office via Getty Images

Y cunde su ejemplo de ecumenismo y de “trabajo en equipo”, siempre unido en sus visitas a las otras religiones y a las otras familias cristianas. Y es que, visitando ese campo de refugiados de Moria, en Lesbos junto al Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo de Atenas y de toda Grecia, el Papa también cambia las cosas.

Los tres han afirmado de manera muy clara y en la Declaración Conjunta que han firmado, la intención de la visita: visibilizar a los invisibles y una vez más, estar cerca de los más olvidados, para reclamar, al resto de líderes del mundo, un cambio en la situación:

La opinión mundial no puede ignorar la colosal crisis humanitaria originada por la propagación de la violencia y del conflicto armado, por la persecución y el desplazamiento de minorías religiosas y étnicas, como también por despojar a familias de sus hogares, violando su dignidad humana, sus libertades y derechos humanos fundamentales.

La tragedia de la emigración y del desplazamiento forzado afecta a millones de personas, y es fundamentalmente una crisis humanitaria, que requiere una respuesta de solidaridad, compasión, generosidad y un inmediato compromiso efectivo de recursos.

Desde Lesbos, nosotros hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que responda con valentía, afrontando esta crisis humanitaria masiva y sus causas subyacentes, a través de iniciativas diplomáticas, políticas y de beneficencia, como también a través de esfuerzos coordinados entre Oriente Medio y Europa.” (lee aquí la DECLARACIÓN CONJUNTA completa firmada en LESBOS)

Photo by Samuel Nacar/NurPhoto via Getty Images
Photo by Samuel Nacar/NurPhoto via Getty Images
AP Photo Petros Giannakouris
AP Photo Petros Giannakouris

Estar cerca de los más afligidos, de los que más sufren, es lo que hace el Papa, como un ejemplo de Cristo en nuestra tierra, como haría el mismo Jesús. Y eso es lo que él hace. Le guste a quien le guste. Le disguste a quien le disguste.

Mirando con algo más de perspectiva, también lo hizo así en la República Centroafricana, cuando el pasado 29 de noviembre el Papa llegó a ese país en conflicto desde 2013 y que pese a los acuerdos de paz de mayo de 2015 sigue viviendo mucha tensión y violencia… y el Papa Francisco llegó y llenó todo de esperanza, sólo con su presencia y su valiente visita.

Así lo explicaba en “El mundo en 24 horas” en el Canal 24 Horas de TVE el pasado 9 de abril,  el obispo de Bangassou y misionero comboniano, Monseñor Juan José Aguirre:“con su presencia, muchas  barreras fueron tumbadas, muchas líneas rojas fueron borradas y no dijo grandes cosas, el simplemente pasó por allí”. Así fue, según explica Aguirre, “la visita del Papa  fue mágica” y es que con sólo estar allí presente, logró unir a dos barrios divididos y enfrentados por ser cristianos y musulmanes. Y esa unión continúa hoy.

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Y fue allí, en Centroáfrica donde abrió el Papa Francisco la Puerta del Año Jubilar de la Misericordia convirtiéndose así en el primer Papa que abre una puerta jubilar fuera de Roma. ¿También fue eso marketing? ¿Cómo la visita de este fin de semana a Lesbos? Pues sin duda, si lo que hace el Papa Francisco es marketing, es marketing pero del bueno.

 

Doble rasero

En estos días hemos vivido muchas manifestaciones públicas, opiniones y protestas, tanto en la prensa habitual (radio, tv, prensa) como en las redes sociales, ante el principio de acuerdo de la Unión Europea y Turquía para resolver la crisis de los refugiados que se hizo público el pasado día 7 de marzo tras la cumbre celebrada en el país considerado, precisamente, “la puerta de Europa”.

El acuerdo final de la U.E. y las medidas a tomar en esta situación, deben ser adoptadas en el próximo Consejo de Europa que se celebrará esta semana (17 y 18 de marzo) por lo que la próxima semana será, sin duda, una semana con muchos y nuevos debates al respecto.

La sensación es que nadie sabe lo que hacer con este tema. Ninguna solución parece buena. Ninguna satisface a todas las partes. Pero lo que no puede ocurrir, de ninguna manera, es que, mientras los políticos deciden qué hacer, sigamos mirando hacia otro lado. Ni que midamos con un doble rasero.

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Y es que me llama mucho la atención cómo en España, que es un país solidario y que ha demostrado su humanidad en numerosas ocasiones ante desastres naturales, catástrofes humanitarias o atentados terroristas, no se logre demostrar una altura de miras en esta cuestión y un compromiso mayor.

Quizá la guerra Siria se nos quede lejos. Pero tenemos cada día, desde hace décadas, pateras aterrizando en nuestras playas provenientes de un universo de horror, hambre y sufrimiento. Y si, también huyendo de guerras y conflictos africanos, sean éstos más o menos conocidos para nosotros.

Refugiados en las islas griegas. Foto AFP
Refugiados en las islas griegas. Foto AFP

Me llama mucho la atención que los cristianos, que damos la talla en tantos retos y dificultades, en la cuestión de los emigrantes, inmigrantes y refugiados, no logremos dar la cara y sigamos midiendo como con un “doble rasero” las necesidades de las personas que nos interpelan.

Nunca pensé que la parábola del “Buen samaritano” pudiera tener tanto significado como en estos días. Y creo que refranes como “haz bien y no mires a quien” también deberían de estar de actualidad. ¿Acaso para ayudar a la persona que nos pide ayuda vamos a mirar antes el color de su piel, su pasaporte de origen o, es que le vamos a preguntar cómo va a emplear nuestra ayuda una vez se la facilitemos?

Would-be immigrants row in an inflatable boat off the Spanish coast, six miles (9.65 kilometers) from Tarifa, on November 13, 2012. Spanish emergency services and the Red Cross intercepted the boat carrying 10 sub-Saharan would-be immigrants off the Spanish coast, near Tarifa (southern Spain), as the country faces several weeks to an influx of illegal immigrants trying to cross the Strait of Gibraltar. AFP PHOTO / MARCOS MORENO
Inmigrantes en una lancha hinchable. AFP PHOTO / MARCOS MORENO

Mientras continúa el debate sobre si el posible acuerdo de la U.E con Turquía es la solución para la crisis de los refugiados, y si atenta o no contra las normas fundamentales de convivencia y los diversos acuerdos internacionales yo me planteo la cuestión a nivel personal, y me pregunto si tú, si yo, vamos a quedarnos sentados, sin hacer nada, si vamos a rodear el problema, como quien evita algo molesto, o si de verdad nos vamos a remangar para ponernos de verdad a ayudar en todo lo que se pueda.

Portada del Viacrucis de la Misericordia de Maria Cristina Inogés

El viernes pasado rezando el “Viacrucis de la Misericordia” de Maria Cristina Inogés Sanz , sentí claramente esta llamada. La llamada a dejarnos de medir con dobles raseros y a poner a las cosas su nombre. Ayudar es ayudar y no debemos dejarnos llevar por debates que lo único que hacen es acomodar nuestra conciencia o más bien, adormecerla con razonamientos que nada tienen de cristianos.